El trámite de la señora Bedelía

La burocracia puede resultarle hostil a cualquiera pero mucho más a un estudiante que viene de un liceo en el que los adscriptos lo llamaban por el nombre de pila. Manuel llegó de Cerro Chato, Durazno, hace siete años y le faltan sólo tres materias para recibirse de escribano. Hoy asegura que Montevideo le gusta tanto que no cree que vuelva a vivir a su pueblo. Pero arrancar no fue fácil. Cuenta que al principio se perdía en los pasillos de la Facultad de Derecho porque no lograba encontrar el salón de clases. "Con todos los entrepisos que tiene me pasaba rato largo antes de encontrar la clase. Un día llegué 40 minutos tarde porque buscaba un salón en la facultad pero en realidad quedaba en el anexo de la calle Colonia", cuenta entre risas.

Son historias que conoce Gallinal. "Muchos no saben hacer un trámite y desconocen por completo el funcionamiento de la universidad".

Santiviago opina en el mismo sentido. "Todo lo que significa la transición se ve multiplicado por el desarraigo. Tienen que dejar a su familia, a sus amigos, dejar todo lo conocido para venir, no sólo a una facultad desconocida sino a una ciudad desconocida. Los vemos llegar en taxi porque no saben cómo moverse", agrega la psicóloga.

Pablo, por ejemplo, optó por irse a anotar con sus padres. De hecho, en Bienestar Universitario les enseñan a inscribirse en facultad. Muchos tampoco saben conectarse a Internet, una herramienta cada vez más usada por las distintas facultades para realizar trámites.

Bienestar Universitario implementó este año las inscripciones a través de la web. Pero la realidad le pasó por encima al objetivo de permitir la "inscripción a distancia". Al final, la mayoría de los estudiantes fueron a las oficinas del centro para pedirle a algún funcionario que los ayudara a anotarse a través de Internet.

Y no son pocos los que no entienden el funcionamiento de las bibliotecas. "Es lógico, en sus liceos chicos se llevaban el libro a la casa".

Gallinal va más lejos y cuenta que, más de una vez, le solicitan al estudiante que le entregue determinado formulario a bedelía. Y vuelven frustrados. "Nos dicen que no encontraron a bedelía, claro, creen que bedelía es una señora. Alguien se los tiene que explicar".

El ómnibus es otro de los problemas difíciles de sortear. Ana, que llegó hace 13 años y se siente una montevideana más, no se olvida de su primera experiencia. Al final del trayecto del 505 con destino a Ciudad Vieja, aprendió en la práctica que para tomarse un ómnibus no sólo hay que tener en cuenta el número sino también el destino. Quería ir a sacar boletos a la calle General Flores, en la Aguada. Pero terminó en la Aduana.

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