Hillary Clinton tendrá pesadillas acerca de su frustrada postulación a la presidencia; peor será para Bill Clinton.
Con el tiempo, Hillary tendrá nuevas oportunidades; tal vez un papel de liderazgo en el Senado, o pueda emular a Edward M. Kennedy como un legislador verdaderamente notable, o, si Obama pierde, volver a aspirar a la Casa Blanca tras haber aprendido las lecciones.
Será más difícil para su esposo. El político más talentoso y resistente de esta generación ha dañado su imagen con gazapos, errores de cálculo políticos y una serie de erupciones paranoicas y volcánicas.
Una pregunta común en estos días entre los pesos pesados políticos es: ¿Cómo alguien tan inteligente puede comportarse de manera tan insensata?
Desde enero, ha sido un protagonista regular de YouTube, el rostro ruborizado, sacudiendo un dedo y las venas inflamadas mientras fustiga a algún periodista o votante. Ha acusado a la campaña de Obama de "apuntar contra mí``, de jugar "la carta de la raza`` y de "fomentar el resentimiento`` contra él. Esto cabe en un líder vecinal de Filadelfia o un adolescente atribulado, no un ex presidente respetado en todo el mundo.
Tres personas que han pasado tiempo con él en meses recientes, y quieren el anonimato, lo describen como irracionalmente enojado y extremadamente amargado con los medios.
El más reciente episodio fue en el día de las primarias en Pensilvania cuando tuvo un nuevo estallido de ira, con insultos y todo.
En este caso, como en la mayoría de los otros, el registro de los hechos sugiere que Clinton, de 61 años, es más la causa del problema que la víctima.
Cuando siguió un furor a su insinuación de que el atractivo de Obama, como el de Jackson, era fundamentalmente racial, primero insistió en que la prensa había planteado el asunto. Una transcripción reveló lo contrario.
Ciertamente, Clinton sigue teniendo su vieja magia política. La campaña ahora lo usa más en pequeños pueblos y mercados secundario. En los estados de Ohio y Pensilvania, que pasan por penurias económicas, los votantes respondieron a su mensaje de que las cosas estaban mejor en la década de 1990 cuando él estaba a cargo. (Bloomberg)