No fue ni el ajo, ni la exposición a la luz del sol. Lo que liquidó al "vampiro" Lestat Claudius de Orleans y Montevideo -nacido bajo el más prosaico nombre Triston Jay Amero- fue un edema pulmonar.
En Uruguay, Amero se hizo célebre luego de radicarse en Fray Bentos, donde consiguió pareja, Alda Ribeiro. Juntos, como unos Bonnie y Clyde dinamiteros, volaron un cajero automático en Argentina y luego dos hoteles en Bolivia, un atentado que le costó la vida a dos personas.
Tenía 26 años, pero su prontuario parecía el de alguien con una larga experiencia en desencuentros con la ley y las instituciones. Se hacía llamar de distintas maneras (su identidad se desdoblaba en nombres como Lord Cactus, el Señor Cacto Del Delito o John Scheda) viajaba con un pasaporte "trucho" -que luego, cuando las autoridades migratorias le negaban la entrada a un país, trocaba por uno auténtico-, se había presentado a elecciones para cargos dentro de la educación pública y dejaba enigmáticos y ominosos mensajes en Internet.
Para rematar el corolario de excentricidades, decía que era un vampiro: de ahí el estrafalario nombre, inspirado en el personaje central del libro Entrevista con el vampiro, de la escritora Anne Rice. Además, era más que aficionado a los explosivos. En su país natal, Amero se sentía sofocado por el poder del gobierno y sus reglas, que, según él, no permitían que los ciudadanos se realizaran y pudieran desarrollar todo su potencial. La animosidad hacia el gobierno central y el federal de Estados Unidos lo llevaron a convertirse en un autodefinido "apátrida".
En 2002, se había radicado en Fray Bentos. Enseguida se hizo conocido entre los locales por la costumbre de tirarle bombas brasileras a los pájaros de la Plaza Constitución. Las bombas, decían los que lo veían y oían, estaban "potenciadas".
En un país tan grande como Estados Unidos, una persona, aún con rasgos y comportamientos tan excéntricos como los de Amero, puede pasar -al menos durante un tiempo- desapercibida. En Río Negro no. Los estruendos enseguida llamaron la atención y se empezó a comentar. "Hablaba poco, nunca decía nada de su vida. Sí preguntaba si sabía de alguien que se quisiera casar, porque él se quería casar", dijo a Qué Pasa el empleado que le vendía los petardos. Aunque no encontró a nadie con quién casarse, sí halló a Ribeiro, madre de tres y bastante mayor que él. Juntos se fueron a Argentina, donde el autodenominado vampiro apeló a su pericia para armar artefactos explosivos e hizo estallar un cajero automático. Ambos fueron atrapados, pero solo él fue procesado: seis meses de prisión. Cuando salió, la pareja se fue a Bolivia, donde las explosiones mataron a dos personas.
Los atraparon en una pensión. Él fue enviado a una cárcel de máxima seguridad, Chonchocoro y ella a Miraflores, donde si uno llama se escucha el grito: "Aldaaaaaaaaaa...conferenciaaaa".
"Sabía que me iban a llamar", dice Ribeiro, con acento boliviano incorporado, y explica que desde hace bastante que ella y Lestat se llevaban mal. "Ayer me dijo mi abogado que había muerto. ¿Qué puedo decir? Yo ya no me comunicaba con él. Las dos últimas cartas que me mandó fueron muy desagradables, muy feas. Me amenazaba de muerte. Hasta le pedí al cartero que no me trajera más cartas de él, porque me hacían sentir muy mal. Cuando iba a las audiencias, lo veía, pero no le dirigía la palabra". Las últimas misivas que Ribeiro recibió de Lestat datan de cuatro meses atrás.
Ahora que su ex amante ha muerto, Ribeiro espera que su caso -fue condenada a 30 años de prisión, como Amero- pueda resolverse con una nueva sentencia, que atenúe o anule la primera. "Sigo en el proceso de apelación del caso junto a mi abogado, y espero que ahora que él no está, se me considere de otra manera. Tengo esa esperanza".
Aunque él se definía, entre otras cosas, como "apátrida", un representante de la Embajada de Estados Unidos se hizo presente en Chonchocoro para la autopsia, pero la representación diplomática estaodunidense no hizo declaraciones a la prensa.