MOÍSES ÁVILA ROLDÁN
LA PARTE FINAL DE un típico vals del folklore santiaguino señala: "Y verás como quieren en Chile, al amigo cuando es forastero". A más de medio siglo de que se escribiera "Si vas para Chile", los chilenos deben poner a prueba su hospitalidad.
La crisis económica, social y política que afectó a diversas naciones del continente americano en los últimos veinte años obligó a muchos de los habitantes de la región a abandonar su país en busca de mejoras. La estabilidad de su economía y la modernidad que empezó a alcanzar Chile -que busca ingresar pronto a los países del primer mundo- lo convirtió en un destino interesante.
Entre 1999 y 2002 el flujo migratorio hacia Chile se incrementó en un 75 por ciento, de acuerdo con el censo poblacional realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Así, mientras en 1999 los extranjeros llegaban a 105.000; en 2002, sumaron 185.000. La gran mayoría de inmigrantes sigue llegando de países vecinos como Perú, Bolivia y Argentina.
"Este cambio llama la atención. Chile se puede transformar en un país receptor y tiene que poner ojo en sus políticas sociales para ver cómo hace para recibir a todo ese nuevo grupo humano", comenta la investigadora de la Universidad Diego Portales, Andrea Cerda.
De acuerdo con recientes estimaciones de las autoridades migratorias, los extranjeros en Chile representan el 1,6 por ciento de la población total. La cifra supera las 290.000 personas en 2008.
El subsecretario del Interior, Felipe Harboe, lo admite. "Somos un país receptor. El gobierno ha decidido mantener la política de fronteras abiertas. Nuestro país se ha ido modernizando y las garantías han ido creciendo. Chile está preparándose para mejorar la calidad de vida de los chilenos y también de los extranjeros que llegan. Es un gran proyecto", considera.
Luego de perder territorio como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1883), Perú ha mantenido una relación muy sensible con Chile. Esto se ve reflejado en los constantes choques que se producen entre ambas naciones, ya sean del tipo diplomático, de propiedad intelectual y hasta de denominación de origen de sus productos.
Sin embargo, la gran masa migratoria residente en Chile proviene precisamente de Perú. En términos formales, unos 66.000 peruanos residen en el país, aunque su consulado estima que la cifra podría fácilmente llegar a 100.000. Esta cantidad desplazó a la de los argentinos, que hasta 2002 conformaban la colonia extranjera más numerosa en Chile.
Fueron los peruanos quienes más se beneficiaron con la amnistía migratoria del gobierno de Michelle Bachelet, que otorgó visa de residencia temporaria a todos aquellos que aún no tenían sus papeles en regla: 32.000 peruanos se acogieron, de un total de 50.000 visas.
El 60% del grupo de peruanos en Chile está integrado por mujeres -la mitad de ellas con algún título profesional o técnico-, que son mayoritariamente preferidas para el trabajo doméstico. "Estas chicas hablan tan bien. Usan el español correctamente, no como nosotros. Eso también ayuda a que mis hijos aprendan", comenta un ama de casa chilena. Sólo un 10% de los peruanos trabajan en el ámbito profesional.
"Los peruanos sabemos hacer de todo. No le corremos a ningún trabajo. Nos llevamos bien con los niños, cuidamos ancianos, sabemos reparar cosas, en cambio los chilenos ponen muchas condiciones y hay trabajos que no quieren hacer. Los peruanos no quitan un trabajo sino que llenan un vacío", dice la hermana Fresia Martínez, directora de una casa de acogida para inmigrantes.
Con el ingreso de las "nanas" a las casas de chilenos, entró también su arte para cocinar. Ellas fueron las verdaderas embajadoras de la comida peruana. Actualmente, los platillos más apetecidos en Chile se venden en restaurantes peruanos, muchos de ellos de muy buen nivel. A esto se suma la procesión del Señor de Los Milagros, culto peruano que recorre las calles de Santiago cada octubre.
Respecto de Bolivia, nación que quedó sin acceso al mar luego de la contienda bélica con Chile en 1879, sus inmigrantes pasan por similar situación que quienes vienen de Perú: poco porcentaje de profesionales y mayor cantidad de mano de obra.
Aunque no se trate de una situación generalizada, un problema que aqueja principalmente a los inmigrantes de raza mestiza es el surgimiento de grupos racistas, que rechazan la presencia de extranjeros de rasgos indígenas.
Peruanos y bolivianos también son el motor del agro en algunas partes de Chile. La Asociación de Exportadores alertó sobre la escasez de mano de obra en los campos (especialmente en Atacama y Coquimbo, norte del país) y planteó la conveniencia de facilitar la incorporación de extranjeros para llenar las vacantes. Ronald Brown, presidente de la institución, pidió al gobierno que revise la norma que limita a un 15% la contratación de personas de otros países en empresas chilenas.