CÉSAR BIANCHI
ERAN LAS TRES Y MEDIA de la tarde del sábado 8 y una turba de fanáticos de Peñarol no permitía el paso por la avenida Luis A. de Herrera. Iban izando banderas aurinegras y empinando botellas con etiquetas de determinadas marcas y contenidos que no les correspondían.
A falta de una hora y media muchos ya estaban borrachos, otros todavía no.
La barrabrava no se instaló en la cabecera, detrás de un arco, sino en lo que vendría a ser la tribuna Olímpica del Centenario. "El Adolfo" ingresó con el torso desnudo y una remera en la cabeza. "El Adolfo" (Risso es su apellido, pero casi nadie lo sabe en la hinchada) cobra dinero de parte de algunos dirigentes carboneros por ordenar a sus seguidores. "Hey, vos, vos y vos", dijo y señaló tres hinchas. Estaban siendo bendecidos para tocar el bombo, los platillos y arengar al resto para que alienten.
Sergio, un administrativo de una mutualista, estaba ahí en el medio de la tribuna de la cancha de Wanderers porque le gusta todo "el color" de la barra. Sabe al dedillo quién es quién.
"El Tuerto Feo" es el otro líder que tiene la barra de Peñarol. Cada uno tiene sus seguidores, se respetan pero no se quieren. "El Tuerto" Rodríguez tiene 34 años y es líder de "Los Feos de la Unión".
Adolfo se encarga de los platillos y el bombo, "El Tuerto" de los vientos y el resto de la percusión. Cada cual tiene su lugar y para delimitar territorios se colocan balconeras con leyendas que los identifican. Se estima que cobran salarios en Peñarol y son los referentes cuando la Policía los cita por operativos de seguridad previo a partidos importantes.
Cada uno recibe unas 100 entradas de parte de dirigentes aurinegros, que como reconoció el directivo Gervasio Gedanke, ellos distribuyen a su entender. Peñarol no hace ningún filtro. Gedanke estimó en 50 las entradas "donadas", pero son el doble.
Los hinchas referentes de la barra fueron apareciendo de a uno, y se hicieron ver. "El Chapa" es un "rolinga" con todo el look que no tiene pinta de barrabrava, pero va siempre y lleva banderas.
Está "Manolo", un muchacho negro, algo desprolijo en su escasa vestimenta (no tiene remera) y dominado por la marihuana. "Así como lo ves, seguro que esos lentes de sol son Emporio Armani". Puede ser.
"Ese que está ahí es `El Manco` Willy. Yo que vos, no me le acerco, es peligroso. Pero si lo hacés, no le digas `Manco`, decile Willy", recomendó el informante. El Observador publicó que tiene antecedentes por homicidio y fue por años jefe de la barrabrava. Hoy el escalafón ha variado y está un poco más abajo.
Otro ex líder de la barra fue "El Diente", un muchacho que viajó a vivir a España y a su regreso quiso volver a tomar las riendas del aliento al club, pero encontró férrea resistencia. "Gordillo" estuvo preso por drogas. Él y "El Tuerto" son "adolfistas".
Al que no se vio en el Viera es al "Negro César" Camuratti, acusado de provocar a parciales de Nacional por su amistad con Fernando López, el hincha asesinado el el 1° de marzo en La Blanqueada. Quizás le recomendaron que no fuera a ver al equipo de sus amores. Pero si quería podía hacerlo: no está procesado y los registros de hinchas violentos no existen.
En el partido la hinchada gozó las muertes dadas a aficionados tricolores ("cómo me voy a olvidar, cuando matamos a las gallinas, cómo me voy a olvidar, fue lo mejor que me pasó en la vida"), y aprovechó la oportunidad para mofarse por el trágico deceso de López: "qué vergüenza, qué vergüenza, las gallinas, se matan entre ellas". Sería cómico si no fuera trágico.
El partido terminó y "El Adolfo" y los suyos levantaron los bombos y los platillos, pidieron permiso entre la gente y salieron raudos, sin esperar que la gente se corra para darles paso. No conviene oponer resistencia. Muchos hinchas le pidieron a Gustavo Matosas -no de buenas formas- que se quede 10 minutos para escuchar insultos, como alguna vez dijo que lo haría. Matosas no cumplió su palabra y la hinchada se le vino encima.
Perdió Peñarol y Matosas quedó desempleado.
¡Hasta bombachas!
Al otro dia de los partidos de fútbol que los grandes juegan en el Estadio Centenario los limpiadores de la Comisión Administradora de Field Oficial (Cafo) encuentran de todo: lentes, llaveros, dentaduras postizas, ropa interior masculina y femenina ("más femenina que masculina") y billeteras ("vacías, por supuesto") en los baños, según informó el presidente de Cafo, la entidad que se encarga del mantenimiento del principal escenario deportivo del país, Mario Romano. Hace unos años era común, incluso, encontrar preservativos usados. Ya no. Es común encontrar jeringas, restos de cigarrillos de marihuana y botellas con restos de alcohol. "Los baños nos los destrozan permanentemente: los mingitorios, azulejos y butacas", agregó. Y se llevan las canillas, para poder vender el bronce.
Romano confirmó que todavía funcionan en el estadio las 10 cámaras de tecnología estadounidense que vigila la Policía. Cafo se encarga de llamar a empresas que le hacen el mantenimiento y la reparación de las cámaras del Ministerio del Interior.
Y como no organiza los espectáculos deportivos, Cafo no tiene potestad de decidir quién entra y quién no, como sugirieron varios consultados para esta nota.