Sábado 15.03.2008, 03:58 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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Vecinos son daños colaterales de un fútbol cada vez más peligroso | ¿Por códigos o por pasta base?
El campo de batalla
Después de la muerte de Héctor Da Cunha hace dos años se establecieron medidas para erradicar a los violentos del fútbol. Hoy no hay un registro de barrabravas, no se usan los arcos detectores de metales ni se hacen controles de alcoholemia.

CÉSAR BIANCHI

El 2 de marzo LOS actores principales de los dos clubes grandes del país comenzaron un triste debate público: dirigentes de Peñarol coqueteaban con la idea de pedirle al Tribunal de Penas de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) que le descuente puntos a Nacional y sus colegas del otro bando se defendían aduciendo que no correspondía. El motivo: un hincha de Nacional fue asesinado dos horas después de un partido de fútbol.

Tras el partido entre Nacional y Defensor Sporting el 1° de marzo en el Parque Central, los policías asignados al operativo de seguridad se fueron tranquilos a sus hogares. Pero minutos antes de las 21, frente al autoservicio "Las 2 A" de Carlos Anaya y Comandante Braga, un grupo de hinchas tricolores que estaban tomando vino increparon a Fernando López, otro parcial de Nacional, amigo de "El Negro" César Camuratti, un reconocido hincha violento de Peñarol.

La teoría más repetida dice que no toleraron que López haya sido amigo de un barrabrava del tradicional rival. Otros aseguran que en el medio hubo un problema por drogas, dado que los agredidos vendían pasta base en pleno barrio de La Blanqueada (ver recuadro).

Con esta séptima muerte en el fútbol -en Nacional insisten con que el incidente no tuvo nada que ver con el espectáculo deportivo- el manido tema de la violencia en el principal deporte del país volvió al tapete.

Todavía está muy fresco el recuerdo de la trágica muerte del hincha de Cerro Héctor Da Cunha a manos de integrantes de la barra de Peñarol, frente a su esposa y su hijo de 10 años cuando esperaban un ómnibus en una garita. El martes 11, Natalia, la viuda de Da Cunha, encabezó una marcha por Montevideo a dos años del crimen aún no resuelto.

Luego de su muerte las autoridades del fútbol y del Ministerio del Interior decidieron tomar medidas para controlar a los "inadaptados de siempre" y velar por los aficionados sanos que frecuentan los partidos.

Con la ley 17.951 se creó una comisión honoraria que asesora al Ministerio del Interior en procura de prevenir y erradicar la violencia en el deporte. La comisión multisectorial determinó algunas medidas para lograr sus cometidos.

El periodista deportivo Jorge Da Silveira recordó en El País que muchas de esas buenas ideas quedaron en la nada con el paso del tiempo.

Dijo que las cámaras vigilantes del Estadio Centenario llegaron a identificar 631 violentos en distintos episodios. Estaban todos registrados, pero a falta de videos vírgenes, se usaron esas cintas para filmar partidos y el registro se borró.

Agregó que 17 de las 20 personas que en una turba atacaron a Da Cunha están libres y siguen yendo al fútbol. Tampoco se llegaron a realizar los exámenes de alcoholemia al ingresar a los espectáculos deportivos y nunca funcionaron los arcos detectores de metales.

Lo de vender entradas sólo 15 minutos antes del inicio de los encuentros, una utopía. Tampoco se revisa con detenimiento a quienes ingresan y muchos hinchas siguen entrando de prepo, en avalanchas.

Volver a empezar

El inspector Luis Ituarte, jefe del Estado Mayor del Ministerio del Interior y coordinador de la comisión contra la violencia en el deporte, remitió al jefe de Policía de Montevideo, Alcides Caballero, la pregunta por las imágenes perdidas de los violentos filmados. Caballero mandó decir por su secretaria que no contestaría.

De todas formas, Ituarte dijo que el registro que sí se lleva es el de sancionados por hechos violentos tras la promulgación de la ley 17.951. "Sólo contamos los que fueron penados por la Justicia; es lo que dice la ley", se excusó, aunque no supo precisar la cifra.

Ariel Delbono, periodista y presidente de la comisión que asesora a la cartera de Daisy Tourné, dijo que la Policía no puede realizar pesquisas sobre quienes no han sido procesados por la Justicia.

Ituarte volvió a excusarse: dijo que la Policía no puede detener a los violentos identificados para que no ingresen a los estadios sin medidas cautelares dispuestas por la Justicia. "Son los magistrados los que tienen las herramientas, nosotros no podemos hacer nada".

No es el único que responsabilizó a la Justicia. El dirigente de Peñarol, Gervasio Gedanke, dijo que la Policía carece de "normas jurídicas" que la amparen.

Y Da Silveira opinó en el programa Punto Penal de canal 10 que el papel del Poder Judicial es "comodísimo, se ampara en formalismos y se lava las manos".

A Anabella Damasco, titular de la Asociación de Magistrados, le asombró lo que dijo Da Silveira, considerando que es abogado. "Es un disparate. No podemos detener personas mientras se desarrolla un espectáculo deportivo si no hay una decisión de enjuiciamiento o procesamiento previo. De otro modo es ilegal e inconstitucional", dijo. "Es una garantía para todos que la Justicia actúe por formalismos. Si no se haría lo que a cada juez se le ocurre, y eso está mal".

Otro juez, allegado a la causa por la muerte de Fernando López, dijo que ellos "detrás de los escritorios" determinan indagatorias como consecuencia de la investigaciones policiales. "No podemos salir a detener gente a lo loco", agregó la fuente.

Mientras magistrados y policías se pasan la pelota y se señalan con el dedo, hay otras medidas pensadas por la comisión contra la violencia en el deporte que quedaron en el tintero.

Con respecto a los exámenes de alcoholemia, el inspector Ituarte fue muy franco. "Se hacen chequeos en la entrada (a las canchas). Los que presentan signos evidentes de ebriedad, no entran. Pero se detiene `lo grande`, o sea, cuando viene empinando la botella o camina desestabilizado. Algunos vienen muy mal..." Cierto.

Pero los que saben disimular, entran sin problemas. Y así los engañan. El acceso a los escenarios, entonces, se controla a ojo de buen cubero.

Delbono justificó la decisión: "si revisamos a todo el mundo, empezamos hoy y terminamos a fin de año. Los policías se guían por el aliento".

También quedaron en el debe los arcos detectores de metales por "poco prácticos". Se probaron en el Centenario y el Parque Central pero se demoraba 20 minutos el ingreso de los aficionados a las tribunas.

En Argentina no les importa demorar unos minutos el acceso. El delegado tricolor Alejandro Balbi visitó La Bombonera de Buenos Aires hace 15 días. Debió atravesar tres controles, pasar por molinetes y por un registro de armas antes de entrar. Y disfrutó de un espectáculo de primer nivel.

A todo esto, los hinchas violentos que se sabe han protagonizado incidentes pero no han sido procesados por falta de pruebas, siguen yendo a la cancha.

Muchos consultados para esta nota coincidieron en la idea romántica de que la AUF, como organizadora de los partidos, actúe como un pub, un teatro o cine, donde "la casa se reserva el derecho de admisión". Lo sugirió Gedanke, de Peñarol, Balbi de Nacional, y hasta la jueza Damasco, presidenta de la Asociación de Magistrados.

"Claro que en un partido de fútbol la cosa se complica, porque hay que contar con un operativo de seguridad impresionante, de manera que cuando se diga `vos no entrás` sea realmente `no`", dijo Gedanke.

Para José Luis Corbo, presidente de la AUF, la idea es inviable. "Desde el punto de vista teórico, se podría compartir y nótese el condicional. Es que el fútbol es un espectáculo masivo y hay que cuidar de no violar las normas de la Constitución. Si la propia Policía no lo puede hacer, yo no voy a recurir a patovicas para impedir el ingreso a determinadas personas".

A todo esto, Delbono espera con ansiedad la nueva Ley del Deporte que corregirá los baches de la vigente. El presidente de la comisión contra la violencia en el deporte espera que con los cambios legislativos sea más sencillo impedirle el ingreso a hinchas problemáticos.

Los mismos fanáticos que antes de ir a la cancha cumplen con el ritual del "porro" y el alcohol, aunque haya disposiciones del gobierno que inhabilitan a los comercios cercanos a los escenarios deportivos a vender alcohol desde cuatro horas antes y hasta dos horas después de los encuentros.

La medida ministerial se cumple poco y nada.

Un relevamiento del programa deportivo Punto Penal el domingo pasado por bares y boliches cercanos al Parque Central, el estadio Olímpico del Cerro y Jardines del Hipódromo dio cuenta de que los encargados decían no vender alcohol con la cámara encendida, pero admitían la venta cuando ésta se apagaba.

El propio encargado del autoserivicio "Las 2 A", frente al cual murió el hincha de Nacional el sábado 1°, reconoció a este suplemento que es común que los comercios no respeten la disposición. Aunque no es su caso, aclaró.

Su comercio no vende alcohol los días de partidos en el Parque Central, dijo. "Pero igual, todo el mundo vende como si nada, no pasa nada".

"El Vasco", así le dicen, despegó un afiche con la publicidad de un huevo de pascua, y ahí estaba (escondida) la "prohibición de expendio de bebidas alcohólicas" del 29 de marzo de 2006 firmada por el Poder Ejecutivo.

Qué Pasa confirmó la poca obediencia de los comerciantes el sábado 8. A las 17 se enfrentaron Peñarol y Wanderers en el Parque Viera del Prado. A tres cuadras de la cancha, en Carlos María de Pena y Pantaleón Sotelo era muy fácil comprar un litro de cerveza en un kiosquito, al lado de un pub. Costaba 50 pesos y quien devolviera el envase se ahorraba 10.

Por los alrededores del hermoso Rosedal y el Viera se paseaban hinchas tomando cerveza y vino del pico de la botella frente a los policías a caballo.

Un aficionado, que caminaba en zig-zag como consecuencia de la ebriedad, llevaba una bandera aurinegra en un mástil. Un uniformado le advirtió que con la bandera en el estandarte no lo dejarían ingresar. El muchacho le insistió que entraría sin problemas.

Lo dicho: por el alcohol consumido el policía no le dijo nada. Seguramente vio el partido desde la tribuna.

"(Estos hinchas) han corrido al espectador, las familias no van", dijo Da Silveira. El periodista está azorado por la falta de control en la venta de alcohol y drogas.

"El Toto", como lo llaman, contó una anécdota: un amigo suyo concurría a un clásico de verano en el Estadio Centenario caminando por la calle Las Heras. "Pregúntenle a los vecinos de Las Heras cómo viven. Tienen que cerrar puertas, ventanas, poner cerrojos dos horas antes de los partidos y abrir todo dos horas después".

No exagera.

Fines de semana de susto

Yeir Donapetri vive en Las Heras 1872 y confirmó que las turbas de hinchas pasan por esa avenida para ir al Centenario. Pasan cantando, insultando a algunos transeúntes, bebiendo y pidiendo dinero. Para él no es tan grave, pero por las dudas baja las persianas de su casa una hora antes de los partidos.

Él ha presenciado un par de veces corridas de algunos hinchas luego de robos de banderas ("trapos", en la jerga) a los del "rival de todas las horas".

Graciela, de 70 años, vive en el 1830 y tuvo una mala experiencia. Suelen importunarla tocando el timbre una y otra vez. "Hace poco me trajeron una botella de plástico de dos litros con un líquido marrón en el fondo. Me pidieron que se las llene de agua, pero les dije que no". También le piden monedas fin de semana a fin de semana. Ella tampoco les da. "Y me insultan, me dicen cosas que no puedo repetir".

Alba Boedo, de 66, se queda en su casa un par de horas antes del partido en cuestión y no sale hasta una hora después, por lo menos. Solía ir al estadio con sus hijos chicos, pero eran otros tiempos. El mismo 11 de marzo de 2006 que mataron a Da Cunha, a ella la insultaron "de arriba a abajo" cuando caminaba frente a la Facultad de Odontología.

Cuando le piden dinero, aún "muerta de miedo" prefiere ni abrir el monedero, por temor a ser robada. Hace mucho que dejó de ir al fútbol.

Los fines de semana los negocios sobre Las Heras cierran. Cierra el almacén "Los Chinos" y cierra la provisión de María "Pola" Imaz, que tampoco tiene anécdotas lindas de recordar.

Imaz tiene, desde hace muchos años, su negocio en Las Heras y Talcahuano. Antes lo tenía abierto siempre, pero los días de partido los hinchas de Peñarol solían amagar con comprar cigarros y se los llevaban sin pagar; lo mismo con alfajores o papas chips. La barra aurinegra acostumbra recorrer la avenida Las Heras para congregarse en el ombú de Las Heras y Navarro. Entonces optó por copiarle a los otros comerciantes de la cuadra y cerrar un par de horas antes para volver a abrir dos horas después.

Para colmo, su casa (cruzando la calle) "es como el meadero oficial". Un día la hartaron tanto que les gritó que si seguían orinándole la fachada "se las iba a cortar". Líber Luna, el peluquero de al lado, dice que es la postura que hay que asumir ante ellos: no amedrentarse porque eso sería mucho peor. A él le grafitearon todo el frente de su negocio, pero ya borró los mensajes procaces.

Hace unos meses, un amigo del hijo de Imaz, con camiseta de Nacional, fue amenazado por una barra de Peñarol que pasaba por allí. El joven ("es un rancho de grande"), que es parcial mirasol, salió en defensa de su amigo y la cosa no pasó a mayores. Pero no quedó ahí.

Al fin de semana siguiente la barra se paró frente a la casa de Imaz y empezó a exigir "que salga la gallina". Al esposo de "Pola" le costó convencerlos que allí no había hinchas de Nacional, que eran todos de Peñarol. Ni el hijo de Imaz ni su amigo tricolor estaban en la casa, "¡porque sino se armaba!"

Imaz fue testigo de que en viejos tiempos grupos de hinchas daban vuelta autos y robaban con más frecuencia. "Ahora, desde que está la ministra Tourné esto está un poco mejor: hay más vigilancia y por ende, no se hacen tanto los locos", opinó.

Otro que suele sufrir domingo a domingo a los hinchas aurinegros es Juan Carlos Arias, encargado del bar El Ombú, ubicado exactamente frente al lugar de encuentro de los parciales carboneros.

Tras el penúltimo clásico disputado en el Centenario un grupo de hinchas del club se bajaron de un mini-bus del tipo escolar y le apedrearon las vidrios del bar.

Arias está agradecido al edicto policial que le prohíbe vender bebidas alcohólicas los días de partido para consumo externo. "Con eso corrí al pichaje. Acá en frente se junta una majuga bárbara... ellos vienen a pedir igual y a veces terminan tomándole de los vasos a los clientes normales que están cómodamente sentados en sus mesas. O éstos se lo permiten por temor. Algunos hasta tienen preparadas algunas monedas para darles".

El bolichero ha sido testigo de dirigentes de Peñarol que paran frente al ombú y le dan entradas de obsequio a los barrabravas.

Otras cosas ya no le llaman la atención, pero al principio lo sorprendieron. Por ejemplo, que con el partido de Peñarol ya iniciado, algunos hinchas caminan desandando la avenida Las Heras, "rastrillando". "Son oportunistas. Estamos viendo el partido por televisión y vemos cómo algunos supuestos hinchas con la camiseta puesta andan por Las Heras atentos a venta de drogas o esperando robar a alguien", dijo.

Incluso ha detectado astutos que -dijo- utilizan mujeres embarazadas para traficar drogas, en las cercanías del ombú. Todo minutos antes o después del partido de fútbol.

Los ve llegar en barra, cantando fuerte, insultando, tomando y fumando marihuana. Un colega suyo que tiene un bar en Estero Bellaco vio a hinchas de Nacional caminar por encima de los autos de la gente, estacionados. Todavía no vio que los manyas los imiten.

Si acaso la que menos se siente intimidada por los fanáticos en la avenida Las Heras es la más anciana de esas cuadras. Irma, de 94 años, contó que por lo general se queda en su casa e intenta no salir cuando hay partidos. Pero un día no tuvo más remedio que ir hasta el almacén más cercano y se topó de frente con hinchas aurinegros, con el torso desnudo y tatuajes de todo tipo. "Me ayudaron a cruzar la calle y hasta hicieron detener algunos autos para que yo pasara. Son muy buenos. Uno me preguntó: `señora, ¿usted nos tiene miedo?`"

Para ella, no estaban tomando vino ni cerveza. "Las botellas eran de Coca o de Salus... No puedo asegurar qué tenían adentro. Pero para mí que estaban tomando refrescos".

Distinta insignia, mismos rituales

En las cercanías del Paque Central, el estadio que Nacional remozó para utilizar cuando el equipo juega como locatario desde 2005, es todo muy parecido.

Por Urquiza y por Carlos Anaya los hinchas parecen estar muy bien controlados. La vigilancia policial es fuerte, tanto por los oficiales a pie como con coraceros.

Eduardo atiende un minimercado al lado del Parque Central, en Anaya 2916, y no tiene inconvenientes. "Esto se llena de policías, no hay drama". Sí los ve pasar cantando, fumando y tomando.

Silvia atiende el autoservicio llamado Super 23 en Jaime Cibils y Urquiza. Esa esquina tiene antecedente de enfrentamientos entre la hinchada de Nacional y la de otros equipos. Ella jura que no vende alcohol los días de partido, pero cuenta que compra muchos envases de cerveza vacíos que los hinchas le llevan. "O sea, traen las bebidas de otros lados".

Aunque en su comercio no ha tenido ningún inconveniente, dice que muchos vecinos cierran puertas y ventanas para evitar a los parciales tricolores. Y que muchos se meten sin consultar a tomar en los patios o jardines de vecinos de la zona.

Graciela atiende un kiosco emplazado frente a la boletería de la cancha y tampoco ha tenido problemas. Es lógico, aclaró, que no haya dramas ahí, porque está muy bien custodiada por los policías.

De acuerdo: la vigilancia es óptima en las cuadras que rodean el Parque Central. Pero si uno camina un par de cuadras, la sensación de los vecinos es otra.

María Emilia Fernández vive en Pedro Olmida entre Urquiza y Juan Ramón Gómez. Hace dos fines de semana un par de hinchas tricolores, alcoholizados, se le vinieron encima a ella y su marido. "Se nos tiró arriba y nos decía cosas ininteligibles. Nos asustamos mucho".

Le han pedido "peaje" para poder llegar a su casa pero ella opta por no darles dinero. "Prefiero que me insulten, pero no me parece bien darles monedas", dijo.

Ha visto a hinchas orinar fachadas de hogares de familia e incluso sabe de un vecino al que le defecaron frente a la puerta. "Uno se da cuenta cuando no es caca de perro...", dijo Fernández.

Hemir Garay, en Urquiza y Pedro Olmida, también los ha visto orinar frente a la fachada de su edificio de enfrente. No los culpa: "el gobierno decretó que no se vendan bebidas alcohólicas e igual se venden, y la Policía no los controla. ¡Y todos sabemos que la cerveza es diurética!" Para él, la solución la tiene que aportar Nacional: baños químicos afuera del estadio.

Nicole, de 33 años, vive en Urquiza y Jaime Cibils y la ha pasado mal. Después del encuentro entre Nacional y Vélez Sarsfield el 12 de abril de 2007 por Copa Libertadores en el Parque Central, hinchas uruguayos y argentinos se enfrentaron con pedreas y corridas por La Blanqueada. La joven se asustó tanto que desde entonces, cada vez que el bolso juega un partido importante como local, se va para la casa de sus padres.

Hace unos meses pidió pizzas a domicilio. Mientras el repartidor le entregaba el pedido y le cobraba, un grupo de hinchas le abrió la caja de la moto que contenía mercadería y se la llevaron.

El delivery prefirió dejarlos ir, mientras los veía alejarse comiendo y cantando con la boca llena contra los "putos" de Peñarol, la "yuta" y los "botones".

El registro de 631 hinchas violentos ya no existe, los fanáticos siguen entrando alcoholizados y en "avalancha". Los analistas procuran una nueva ley que los aleje de las canchas.

Amistades peligrosas

La muerte de fernando lópez tiene dos teorías. Están los que dicen que fue sólo por una cuestión de defensa de colores: un grupo de hinchas tricolores no le perdonaron al "Gordo Malo" (López) que se siguiera juntando con su amigo César Camuratti, un reconocido barrabrava de Peñarol que participó de incidentes violentos como los de Maldonado (enero de 2005) o integró el grupo que atacó (y dio muerte) a Da Cunha el 11 de marzo de 2006.

Otros sostienen que estaba pendiente un ajuste de cuentas porque Camuratti (con la complicidad de López) estaba vendiendo pasta base en una "boca" de venta ajena, y en el barrio tricolor. Los hinchas de Nacional sintieron que le estaban mojando la oreja.

Se lo dijo un vecino de la zona a Qué Pasa. "Todo el mundo sabe que a una cuadra de acá (del autoservicio "Las 2 A", frente al cual mataron a López) hay una boca de venta", agregó la fuente, que pidió reserva por temor a represalias.

El periodista deportivo Jorge Da Silveira también sostuvo la misma tesis en el programa Punto Penal de canal 10. "Hay un tema de drogas vinculado a esto", dijo. Da Silveira agregó que no podía creer que la Justicia no diera con el verdadero motivo del crimen y aún no se haya encontrado al matador.

Fuentes judiciales aseguraron que no existe ninguna mención a venta de drogas en el expediente del caso. "Nada de nada. Sólo sabemos que la víctima era amigo de uno de Peñarol. Lo demás son conjeturas. Llegamos a oír el rumor de que fue un lío de polleras". De las indagatorias fueron procesados con prisión por complicidad por homicidio y lesiones personales Washington "El Pata" Silva y "El Perro" Delgado. La división Homicidios de la Policía tampoco ha encontrado el arma utilizada.



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