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La contaminación sonora de los tablados montevideanos
Las retiradas que te quitan el sueño
Este carnaval reiteró un fenómeno que comenzó en 2007: cada vez los vecinos denuncian más ruidos molestos. La comuna ya realizó nueve multas y una clausura.

CÉSAR BIANCHI

Entre 500 y mil personas no pueden dormir de noche por obra y gracia de Momo. Y ese dolor de cabeza para los vecinos de los tablados ha llevado a una indignación que se traduce en denuncias ante la Intendencia de Montevideo.

Y eso ha derivado en multas, suspensiones y clausuras (del tradicional Jardín de la Mutual, por ejemplo). Por eso los organizadores de los espectáculos están molestos y se sienten más perseguidos que años anteriores.

Sólo el defensor del vecino (el ombudsman), Fernando Rodríguez, ha recibido "entre 12 y 14" reclamos de grupos de vecinos irritados por los ruidos molestos de varios escenarios carnavaleros de Montevideo. Entre el carnaval pasado y éste, Rodríguez ya suma 40 denuncias de vecinos molestos.

La Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) dispuso una multa por contaminación sonora al tablado de Defensor Sporting, otra al de la plaza 1° de Mayo, dos al Monumental Tres Cruces y cinco al club Albatros, que se ganó un día de cierre por acumular tres sanciones consecutivas.

¡Bajame los decibeles!

Así, los operadores del carnaval no están contentos. Sienten que esta temporada hay mayor rigor en la fiscalización de los ruidos molestos y que hay una tolerancia cero que no condice con la declaración del carnaval por Presidencia como "de interés nacional".

"El carnaval fue declarado de interés nacional y salen estos de la intendencia a contradecir al Ejecutivo. No entiendo nada", dijo Diego Martini, encargado del club Albatros. Coincide Alejandro Salkind, propietario de Monumental Tres Cruces: "Estamos apenados, amargados y frustrados con este tema, porque es de interés nacional pero termina siendo uno de los carnavales más absurdos que he visto. Desalientan a seguir haciendo esto", dijo.

Tanto Martini como Salkind apuntan que la normativa debería permitir que un representante del tablado pudiera estar presente en el momento de la medición de los decibeles, en la casa del denunciante. "Como cuando te hacen la espirometría en la ruta y te muestran cómo te dio el resultado", comparó Salkind.

"Es la máxima fiesta popular de este país, en 40 días vende más entradas que el fútbol en todo el año. Hay una intolerancia generalizada en las inspecciones municipales. De repente es una orden que viene de arriba y el funcionario sólo tiene que hacerla cumplir", sugirió el empresario de Tres Cruces.

Jorge Rodríguez, prosecretario general de la Intendencia de Montevideo, desmintió la teoría de mayor rigor premeditado en las inspecciones y atribuyó estos episodios a que desde el año pasado se viene dando una mayor cantidad de denuncias por ruidos molestos originados en tablados. "Antes era habitual en boliches, pero no era común en carnaval, ahora sí. Hay vecinos que se organizan mejor para denunciar ruidos molestos en estos casos", dice el funcionario.

Y la intendencia sólo inspecciona cuando recibe una denuncia, no actúa de oficio. Un funcionario municipal de Inspección General concurre a la casa del denunciante y con un aparato especial mide los decibeles en el dormitorio.

Durante el año el límite para pubs y boliches es de 39 decibeles, pero en febrero y por el carnaval, los escenarios tienen un nivel permitido de hasta 56 decibeles. Si lo superan, el escenario que originó los ruidos es multado, en primera instancia, con ocho unidades reajustables, unos 2.730 pesos.

Por eso de los 56 decibeles es que el Defensor del Vecino no acepta que se hable de "inflexibilidad" para con el carnaval. "Hay una diferencia muy grande entre 39 y 56. Es lo contrario a falta de flexibilidad. Para la Organización Mundial de la Salud es muchísimo. Basta estar en la casa del vecino de al lado del tablado una madrugada. Yo lo hice, para entenderlos mejor", dijo Fernando Rodríguez.

Él lo hizo. Estuvo en el dormitorio de un chofer de ambulancia que no pudo dormir varias noches seguidas. "Imaginate cómo puede estar ese hombre si no puede dormir todo un mes".

La intendencia intenta ubicarse en el medio de vecinos y los operadores del carnaval. "Tenemos la convicción de que el carnaval es la fiesta más popular del país y no existiría sin los tablados. Incluso queremos promover que haya más y en más barrios de la capital. Pero también es nuestra obligación defender el derecho de los vecinos que se sienten agredidos por determinado nivel de ruidos".

Todos coinciden en que se ha dado un efecto dominó tras las reiteradas quejas por ruidos molestos del club Albatros del barrio Atahualpa. El conflicto entre los vecinos y los organizadores del carnaval en este lugar ha tomado ribetes impensados.

Jorge Rodríguez, vocero de la comuna, aseguró que desde el 1° de febrero absolutamente "todos los días" hay denuncias de vecinos. En cinco oportunidades tenían razón, y en las restantes, no.

Los vecinos del Albatros aseguran que no se han dejado amedrentar por las amenazas de muerte que algunos dicen haber recibido.

El caso Albatros

Martini, encargado administrativo del club Albatros, dice que en 50 años de carnaval nunca le había pasado que un vecino se ensañara tanto con ellos y promoviera una juntada de firmas para que se roten en las denuncias por ruidos molestos. Según Martini, mientras que ese vecino "sobornó" a otros para reunir 50 firmas, el club consiguió 1.500.

Incluso, acusó a la comuna de permitir que técnicos sin idoneidad midan los decibeles del sonido. "Vienen con un aparato, miden y nada más, pero no están capacitados. Nosotros trajimos técnicos de verdad que estuvieron hablando con ellos y dicen que no saben nada".

A Rodríguez, el prosecretario de la comuna, le molestó la acusación: "Pongo las manos en el fuego por los inspectores; hacen su trabajo a conciencia", dijo. Tanto es así que una vez un funcionario municipal se sintió tan presionado por un vecino denunciante -que no aceptaba que el medidor de decibeles diera menos de 56- y debió realizar la denuncia policial.

Martini insiste con que hay una persecución contra el Albatros. Contó con lujo de detalles el escrache contra ese vecino que inició la protesta por los ruidos del club. Cuando se les comunicó que el viernes 8 el tablado debía permanecer cerrado por tres sanciones consecutivas, el conductor del evento, Jorge Baillo, informó que al otro día no habría actuaciones debido a la denuncia de Fulano de Tal, hizo conocer públicamente el domicilio del denunciante y pidió que "por favor" nadie vaya a molestarlo.

Algunos no le hicieron caso. Dicen que parte de la audiencia del Albatros pasó por allí y le tocaron bocina, mientras que otros hicieron sonar el timbre de su casa.

El propio club, o los concesionarios que organizan el carnaval allí, imprimieron volantes que decían: "Gracias por cortarnos la fuente de trabajo con la cual llevamos diariamente el alimento a nuestras casas". Le arrojaron 200 al patio y le dedicaron el mismo mensaje en el pizarrón de la entrada del club. Martini repite una y otra vez el nombre de ese vecino en particular, dice que es un empresario rico que podría mudarse, que tiene unos 40 años y tres hijos chicos. "Es un amargado de la vida", según él, porque también ha denunciado al bar Los Yuyos, el club Cambadu y hasta fiestas infantiles.

El vecino, consultado, concedió la entrevista con la condición de que no se divulgue su nombre. Igual en el barrio ya todos lo saben. "Estamos en instancia judicial y no quisiera opinar demasiado. Yo no los multé ni los clausuré, lo hizo la intendencia. El año pasado estuve dos meses y medio con ruidos todos los días. Vivo exactamente atrás del tablado, ¿vos te pensás que puedo dormir? Una noche o dos de fiesta te la aguantás, pero todas las noches bombo y bombo, no".

"Él está encaprichado en quedarse ahí y no reubicarse", dijo en alusión a Juan Carlos Muiño, el concesionario del Albatros.

El vecino dijo haber sido "amenazado", pero no quiso ampliar el comentario. Quien sí lo hizo fue otro vecino del Albatros, José Damonde. "Yo recibí amenazas de muerte. Vinieron a mi casa dos de los principales que manejan el carnaval ahí. No quiero dar nombres porque tengo temor", confesó. Esas personas lo increparon fuertemente sin llegar a insultarlo. Pero vinieron acompañados de seis jóvenes, uno de ellos muy alterado.

"Había un muchacho que estaba muy exaltado, enajenado. Empezó a amenazarme de a poco hasta que me dijo: `te vamos a matar, te vamos a limpiar, vos no pasás de dos meses`. No anduvo con vueltas", contó Damonde. El muchacho quiso meterse de prepo en su casa, pero los otros lo contuvieron y se fueron. La advertencia estaba hecha.

La intendencia, al tanto de esa denuncia de amenaza, dice que nada puede hacer. "Tendrán que hacer la denuncia policial", dijo Rodríguez, de la comuna. No la hicieron.

Damonde, a quien una medianera separa del Albatros, dijo que en la misma cuadra viven un músico de folklore y un profesor de música, pero que ninguno se siente. "Han acondicionado el lugar donde tocan para no molestar. Es cuestión de buscar una aislación acústica adecuada. Ellos lo hicieron, el Albatros no".

Mejor mudarse

El defensor del vecino, Fernando Rodríguez, que es además psicólogo social, aventuró una nueva ubicación del escenario del Albatros: la Rural del Prado. "En ese caso la contaminación sonora será imperceptible. En cambio acá, por la calle Vaz Ferreira hay ocho casas linderas con el escenario".

El ombudsman diagnosticó una "confrontación entre el carnaval y los vecinos de Montevideo", de la que será imposible salir, a su juicio, durante esta edición carnavalera.

Será cuestión de negociar durante 2008 para llegar a tener un carnaval 2009 "más consensuado".

En este sentido, Jorge Rodríguez, de la IMM, citó la semana pasada a representantes de Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu) para calmar los ánimos, luego de que un vocero de ese gremio dijera en un noticiero que "si quieren, terminamos acá el carnaval y listo".

La reunión, a juicio de Rodríguez, fue productiva. "Les pedimos comprensión para poder desarrollar nuestro trabajo inspectivo. Y les propusimos juntarnos para el año que viene, invitando al defensor del vecino, para estudiar si hay que modificar alguna normativa vigente, y analizarlo entre todos".

José Morgade, vicepresidente de Daecpu y participante de esa reunión con la comuna, también salió reconfortado. "Enseguida que termine el carnaval tenemos que sentarnos en una mesa de diálogo todos los actores, y si hay que cambiar alguna norma para que sea todo más flexible, sería fenomenal".

Morgade aceptó el estudio de reubicación de algunos escenarios, de manera de no perjudicar el sueño de los vecinos. "La idea es tratar de levantar tablados donde no haya polución sonora para la gente. Todos queremos un mejor carnaval para todos".

Quizás tenga razón Jorge Rodríguez, el prosecretario general de la intendencia: sólo sea cuestión de sentido común.



Otras Ediciones
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Tres Cruces. Ya recibió dos multas de ocho unidades reajustables por ruidos molestos. El dueño del tablado cree son más ruidosos los ómnibus que pasan por allí.
Foto: El País. Fotógrafo: Américo Plá.
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