El ascenso de las sombras

RODRIGO ZULETA EFE

EL miércoles se cumplieron 75 años de la toma del poder por Adolf Hitler, y los alemanes siguen buscando la mejor forma de confrontarse con el pasado nazi y de sacar de éste las lecciones necesarias para fortalecer su democracia actual.

"¿Eternamente a la sombra de Hitler?", se pregunta el historiador Heinrich August Winkler en el subtítulo de uno de sus libros recientes, aludiendo a un largo proceso de confrontación con el nacionalsocialismo que acompaña a Alemania desde el fin de la guerra.

Entre 1945 y la fundación de los dos estados alemanes, en 1949, los aliados hicieron una campaña de desnazificación para minar los fundamentos intelectuales del nacionalsocialismo y hacer comprender que la razón moral estaba del lado de los vencedores.

A esa fase pertenece el documental Die Todesmühlen ("Los molinos de la muerte"), estrenado en Munich en 1946, en el que se muestran escenas de más de 300 campos de concentración en el momento de su liberación, cuando los soldados encontraron, como lo escribió el escritor Erich Kaestner, "esqueletos supervivientes". La reacción ante esa película, como ante otras medidas de reeducación, fue una mezcla de estupor y horror, pero también de rechazo que llevó a tratar de negar la realidad de lo ocurrido o, al menos, cualquier responsabilidad personal.

Al estupor generado por Die Todesmühlen siguió un periodo que abarcó en el oeste toda la década de 1950, coincidiendo con el principio del "milagro económico", y que se caracterizó por un intento colectivo de olvidar todo lo que tuviera que ver con aquellos crímenes.

En las décadas de 1960 y 1970, los crímenes de los nazis volvieron a la conciencia colectiva en parte gracias a dos procesos judiciales: el de 1961 en Jerusalén a Adolf Eichmann y el proceso de Auschwitz de 1965 a seis acusados.

El horror del Holocausto determinó en buena parte la confrontación de la generación del 68 con sus padres, a los que pidió cuentas por lo que habían hecho o tolerado durante la guerra. A esa actitud de denuncia de muchos jóvenes, y buena parte de los intelectuales, se opuso una postura defensiva de algunos conservadores como Franz Josef Strauss, que llegó a reclamar el derecho a no oír hablar más de Auschwitz.

El acontecimiento más importante de la década de 1980, en el marco de la confrontación con el recuerdo, fue un discurso del presidente Richard von Weizsaecker que, el 8 de mayo de 1985, definió el día de la capitulación como día de la liberación.

Aunque es claro que los alemanes han comprendido con creces el horror del nacionalsocialismo, en las clases de historia en las escuelas se suelen pasar por alto los factores que hicieron posible el ascenso de Hitler.

Al menos esa es una de las conclusiones centrales a la que llegaron los pedagogos Freerk Huisken y Rolf Hutten tras examinar cerca de 60 libros de texto usados habitualmente en los colegios germanos, en una investigación publicada originalmente en 1997 y reeditada, con modificaciones, el año pasado.

"Los acontecimientos se reducen a la toma del poder, el Holocausto, el antisemitismo, el programa de eutanasia y la II Guerra Mundial", explicó Huisken.

Al concentrarse en esos puntos, los textos, según Huisken, pasan por alto los motivos que desembocaron en la llegada al poder por parte de los nazis así como la forma en que estos lograron presentar su ideología de manera atractiva para buena parte de la población.

También la presidenta del Consejo Mundial de los Judíos, Charlotte Knobloch, criticó hace un año que en las clases de historia se le diera poca importancia a la época de la República de Weimar (1918-1933) durante la que incubaron los gérmenes que dieron origen a la dominación nazi.

"Tenemos que examinar la cuestión de cómo es posible que se llegase al nacionalsocialismo", dijo Knobloch.

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