JUAN LIBEDINSKY, LA NACIÓN, ARGENTINA/GDA
-Su último libro aborda casos de empresas multinacionales y su comportamiento en el extranjero. ¿Qué opina del conflicto por Botnia y del papel que han jugado los gobiernos argentino y uruguayo? ¿Es tarde para encontrar una solución?
-La cuestión y su tratamiento por ambos gobiernos tienen sus motivos políticos, eso me parece bastante claro. Pero creo que nos falta un lugar adecuado para resolver cuestiones similares de inversiones, soberanía y efectos externos. La Organización Mundial de Comercio no alcanza, y otros intentos -como las comisiones y juicios del Acuerdo de Libre Comercio Estadounidense- han fracasado. En mi libro escribo sobre esto, y también sobre la situación de empresas como Botnia. Creo que las empresas que tratan de ser "buenos vecinos" tienen mas éxito en el largo plazo en sus operaciones extranjeras. Ya vimos los problemas que tuvo Chevron en Nigeria, o Coca-Cola en la India. Con mejores relaciones con las comunidades locales posiblemente el resultado hubiese sido otro. Pero nunca es demasiado tarde. Los miembros de la OMC empezaron a negociar la Ronda de Doha en 2001, y siguen trabajando. Son 151 economías, y todas tienen que ponerse de acuerdo para terminar. En el caso Botnia, hay sólo dos y la empresa. Debería ser más fácil, ¿no?
-Se ha escrito mucho últimamente sobre la llegada de turistas europeos y estadounidenses. ¿Cómo ves el fenómeno del turismo globalizado desde Uruguay?
-Con los medios de comunicación y de transporte que tenemos hoy es mucho más fácil llegar a un punto lejos de casa y mantenerse en contacto con la familia, el trabajo, o lo que sea. La semana pasada estaba escribiendo un artículo sobre Camboya en la playa, y vi a otras tres personas usando sus notebooks ahí. Había servicio WiFi. No lo hubiera creído posible cuando estuve acá por primera vez, hace 10 años. El lugar pierde un poco de su sabor local con tantos turistas extranjeros, me costó un poco encontrar un buen chivito, pero así es la globalización. Tiene sus beneficios, también; Uruguay está creciendo casi tan rápidamente como Argentina.
-¿De qué manera cambiaría la globalización si Estados Unidos, pierde el lugar central?
-Estados Unidos tiene una manera muy particular de hacer negocios. En general, el país quiere un comercio bien regulado y que tome en cuenta las preocupaciones éticas de su gente. Por eso los estadounidenses no pueden hacer negocios con Birmania. Pero estas reglas no siempre tienen un motivo económico y algunas acarrean, por eso, una desventaja competitiva. Otros países no tienen esta desventaja. China, por ejemplo, está tratando de obtener los recursos que necesita su economía de cualquier lado, sin pensar en los problemas políticos de sus socios comerciales. Cuando China esté compitiendo más directamente con Estados Unidos -o más bien cuando sea la economía más grande del mundo-, las empresas de Estados Unidos van a pedir, seguramente, más flexibilidad al gobierno. Esto puede suceder también con las regulaciones que protegen a los consumidores y a los inversionistas. La globalización con Estados Unidos como líder tiene sus problemas, obviamente, pero creo que va a haber distintos y tal vez mayores problemas con China. La gente va a tener que elegir cómo manejar los conflictos entre sus metas económicas y sus preferencias éticas.
-Respecto a las elecciones en Estados Unidos, ¿Que gane un republicano o un demócrata? ¿Algún candidato es particularmente bueno o malo para la región?
-La verdad es que los candidatos todavía no dijeron casi nada sobre la región, y menos sobre la Argentina. En los asuntos internacionales, hablan de Irak y, a veces, de Afganistán o de China. Con la Argentina no hay un tema tan grande de inmigración, tipo México, ni un choque político como el que hay con Venezuela. El caso Antonini Wilson es probablemente desconocido para un 95% de la población. Tal vez la elección de un candidato u otro podría ayudar más o menos a la economía de América Latina, pero aún no veo esas señales.