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Los uruguayos, cada vez más observados a control remoto | Del celular a Youtube
Rigurosamente vigilados
Las cámaras que el Ministerio del Interior instalará en varias partes de Montevideo durante este año refuerzan la tendencia a la vigilancia y el control de las autoridades. Pero también somos vigilados por intereses privados. Todo en nombre de la Seguridad.

FABIÁN MURO

L a diferencia entre sentirse respaldado y vigilado por los ojos electrónicos es cada vez más fina en las grandes ciudades. Una multitud de lentes, a veces con micrófonos incorporados, siguen a los citadinos de acá para allá en los espacios públicos. Todo en nombre de la Seguridad. En ciudades como Londres o Madrid, la razón invocada para tantas miradas a control remoto es el terrorismo. En Buenos Aires o Montevideo, los peligros que justifican la epidemia de teleobjetivos tienen menos que ver con la geopolítica y más con la rapiña, el asalto o el asesinato.

Hace unos días, el Ministerio del Interior dio un importante paso para traer a Uruguay la visión del escritor inglés George Orwell, el de 1984. En poco más de un año, buena parte de los montevideanos podrán estar seguros que serán observados por cámaras de video desde que se suben a un ómnibus hasta que regresan a su casa y en todas las escalas intermedias.

El 10 de enero, la ministra del Interior, Daisy Tournée, anunció en conferencia de prensa que durante este año se instalarán cámaras de última generación en 25 puntos de la ciudad. Éstas captarán a través de sus lentes los movimientos de todos, 24 horas al día, 365 días al año. Además, se colocarán cámaras en aeropuertos, puestos fronterizos y cárceles. Cuando la instalación concluya, el Estado uruguayo contará con poderosas herramientas para vigilarnos, ya sea si obedecemos la ley o no.

El sistema instalado incluirá cámaras, software y capacitación de personal, y tiene como objetivo unificar toda la vigilancia -seguridad pública, incendios y accidentes de tránsito- en un único comando que dependerá del Ministerio del Interior. En un local especialmente destinado para la vigilancia electrónica, los encargados del visionado de los monitores dispondrán de un "videowall", con toda la información disponible en tiempo real.

A esta ofensiva controladora del Estado hay que sumarle la del sector privado. Éste dispone de una considerablemente mayor cantidad de cámaras para proteger sus intereses e instalaciones. Bancos, hoteles, estaciones de servicios, depósitos, casinos, boliches, estadios deportivos, no parecen quedar lugares sin una cámara que esté constantemente registrando.

Las negociaciones entre el ministerio y la empresa china ZTE Corporation fueron supervisadas por el Comisario Inspector Américo Alvez, del Estado Mayor de la Policía. "Las cámaras van a estar a la vista de todos, no se trata de una vigilancia secreta", explica. El jerarca policial agrega que el nuevo sistema -denominado Proyecto de Alta Tecnología para Seguridad Pública- va a unificar los aspectos de seguridad pública, vial y de incendios. Cuando todo esté pronto, el personal del Ministerio del Interior podrá responder de forma conjunta. "Si alguien llama al 104 por un incendio y eso deriva en un hurto y otra persona llama al 911, por ejemplo, no tendremos que procesar comunicaciones distintas. El concepto del sistema es poder dar una respuesta uniforme".

Pero el nuevo proyecto también va a reemplazar y ampliar el actual sistema de videovigilancia, que está principalmente dedicado a supervisar la zona céntrica y que se encuentra en una fase terminal.

Hace poco más de un lustro, la asociación de comerciantes del Centro, GrupoCentro, realizó una donación a la policía para que ésta pudiera vigilar las zonas en torno a 18 de Julio. Inicialmente, se instalaron 24 cámaras, que daban tanto a la principal avenida como a calles adyacentes. Pero el desgaste natural redujo sensiblemente la cantidad de ojos electrónicos. Además, no alcanza con instalar las cámaras y realizar su mantenimiento.

El actual presidente de GrupoCentro, Wilson Amarillo, repite una y otra vez que lo más importante son los recursos humanos: "Es una tarea muy desgastante estar mirando una pantalla hora tras hora, para ver si pasa algo. Eso requiere que se destine mucha gente a mirar un monitor", cuenta Amarillo y señala que ese fue el talón de Aquiles del sistema del Centro, que fue muriendo de a poco.

El agente Cristian Bianchi, que trabaja en el centro de emergencia 911 en la Jefatura de Policía de Montevideo, dice más o menos lo mismo que Amarillo: "Acá tenemos dos cámaras que vigilan el entorno del edificio, nada más. Aún así, el visionado insume muchos recursos, son muchas horas-hombre. Por otra parte, todavía existe una gran confusión entre la gente respecto a las cosas que el 911 responde. Eso también dificulta la tarea de vigilar los monitores. Porque llama gente por las cosas más insólitas, desde emergencias médicas, que nosotros no cubrimos, hasta preguntas de dónde se cobra la jubilación".

Las sospechas de que las cámaras puedan ser utilizadas para controlar aspectos privados o íntimos de la gente son, previsiblemente, descartadas por las autoridades.

"¿Si esto es Gran Hermano? Para nada. Este es un tema de seguridad", comenta una alta fuente del Ministerio del Interior. "A la gente que se preocupa por ser `indebidamente` registrada, le pregunto: `¿Qué prefieren? ¿Preocuparse por si alguien los ve rascarse la nariz o saber que esas cámaras van a ayudar a identificar a quién los rapiñó?` Me parece que no hay espacio para la duda en ese caso".

Planteado así, el razonamiento es inapelable. Además, hay datos que avalan la eficacia de la vigilancia a través de las cámaras.

Cuando la mayor empresa de transporte colectivo urbano, Cutcsa, instaló cámaras de video en sus 1039 vehículos, la cantidad de rapiñas a conductores y guardas disminuyó a más de la mitad de lo que se registraba antes de la instalación de los equipos. "Teníamos un promedio de 40 rapiñas mensuales y luego de la instalación, bajaron a un promedio de diez", dice el subgerente Álvaro Santiago. Para la dirección de Cutcsa, el balance es más que positivo y que bien vale la pena invertir el 2% del total de lo recaudado en el rubro "seguridad".

Del lado del sindicato de la empresa, la Unión de Trabajadores de Cutcsa, también se hace una evaluación optimista, por más que las cámaras puedan, en teoría, ser utilizadas por la dirección de la compañía para el control de los empleados. El tema fue debatido por los agremiados, dice José Casteriana, presidente de UTC. Pero el efecto que ejerce el cartel "Vehículo equipado con cámaras" importó más que la posibilidad de fiscalizar los movimientos de los trabajadores. De acuerdo a Casteriana, lo registrado por las cámaras sólo se usa para aclarar rapiñas, no para controlar a los empleados.

Estos resultados seguramente alentarán a otras empresas a instalar cámaras, más allá de las 289 companías de seguridad y vigilancia que están registradas en el Registro Nacional de Empresas de Seguridad, Renaense. No suena descabellado imaginarse que además de la incómoda y a veces peligrosa (para el cliente) mampara, los taxímetros también tendrán cámaras. Los dispositivos son cada vez más pequeños y potentes.

Si los diminutos aparatos se combinan con las conexiones que ofrece Internet, las posibilidades de supervisión aumentan: "Vea, escuche y controle, las 24 horas del día durante todo el año", dice una empresa que ofrece cámaras y conexiones on-line. El sistema se apoya en "cámaras IP", aparatos que envían señales de video y audio para que puedan ser captadas por un PC desde prácticamente cualquier lugar. Sólo se requiere que la computadora cuente con un navegador de Internet, como el ubicuo Explorer. También las cámaras IP pueden estar en cualquier lado y ser controladas desde cualquier parte. De hecho, ya hay una amplia gama de posibilidades para los "mirones". El término "spy cam" (cámara espía) en el motor de búsqueda Google da casi cuatro millones y medio de coincidencias. Todo está a la vista, desde una noche en un hotel durante las vacaciones hasta una ducha en el vestuario del club.

No todos sienten que las opciones son ser vistos hurgándose la nariz o recuperar lo que unos delincuentes le arrebataron a la fuerza, como planteaba el funcionario del Ministerio del Interior. La sociedad civil tiene sus razones para guardar un mínimo de privacidad, aunque se trate de actividades legales.

El Instituto de Autonomía Aplicada, una ONG estadounidense de activistas, lo expresa de esta manera en su sitio web: "Reconozcámoslo, todos hacemos cosas que son perfectamente legales pero que aún así no queremos compartir con el resto del mundo. Besar a un amante en la calle, acudir a una entrevista de trabajo sin que el actual empleador se entere, o visitar a un psicólogo, todas esas son actividades cotidianas que forman parte de nuestra intimidad...y tenemos razones para resguardarlas de colegas, vecinos o quien sea".

Del otro lado del Atlántico, la Comisión para la Democracia mediante la Ley del Consejo de Europa, más conocida como "Comisión de Venecia", advirtió hace unos días que "La vigilancia en lugares públicos supone una amenaza para los derechos fundamentales de respeto de la vida privada y libertad de movimientos".

Para abogados especialistas en el tema del manejo de esta clase de imágenes en casos judiciales como Juan Andrés Ramírez (hijo) o María Balsa, los temores expresados por algunas organizaciones civiles pueden estar justificados. Ambos señalan que no siempre se explicita qué se graba y cuánto tiempo se almacenan las imágenes o el audio. Al respecto, la Comisión de Venecia, exhortó a los estados europeos a "adoptar varias medidas, entre ellas el indicar de forma sistemática las zonas en las que se está procediendo a grabar"

Poco de esto es tenido en cuenta por las autoridades, uruguayas, estadounidenses o europeas. La seguridad, la lucha contra el terrorismo, el control de los movimientos migratorios, todo eso pesa más, por ahora, que el derecho a la privacidad, ya sea para una canita al aire o rascarse un lugar poco decoroso.

Todos somos paparazzi

No sólo hay que tener en cuenta las inquietudes por registrarlo todo de las autoridades. También nuestros vecinos pueden amargarnos la vida con las cada vez más baratas y pequeñas cámaras digitales o los teléfonos celulares con cámara. Los famosos ya saben hace rato que sus momentos más íntimos pueden aparecer en cualquier momento en Internet: desde la actriz Lindsay Lohan inhalando cocaína en un baño, hasta Janet Jackson tomando sol completamente desnuda en el patio de su casa. Nada parece escapársele a los teleobjetivos. Pero no son sólo de celebridades viven los pequeños lentes de insaciable apetito por imágenes. En un extremo está la vocación periodística y casi justiciera, como cuando un aficionado con cámara portátil de VHS captó la golpiza de la policía de Los Angeles a Rodney King, allá por comienzos de la década pasada. En el otro, el burdo registro de un acto sexual para exponerlo en YouTube o algún otro canal de videos on-line. Los ejemplos abundan. Uno de ellos ocurrió en Chile el año pasado. Una estudiante del Colegio De La Salle de La Reina, Naty, fue grabada, con un celular, mientras le daba placer oral a su novio, por un "amigo" que acompañaba a los tortolitos. Fue expulsada del colegio.



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