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Hay quienes señalan intenciones reeleccionistas del presidente brasileño
Otro round político
La oposición y el gobierno de Lula volverán a no darse tregua en instancias electorales claves, a dos años del recambio presidencial.

GERSON CAMAROTTI - OGLOBO

El escenario político en 2008 será marcado por la intensificación de la disputa entre gobierno y oposición no sólo por cuenta de las elecciones municipales, una previa de la sucesión presidencial de 2010.

La disputa política ya cuenta con un ingrediente nuevo: el debate que crece en América Latina sobre la posibilidad de aprobación de sucesivas reelecciones para los gobernantes.

La oposición en Brasil, comandada por el Partido de la Social Democracia Brasileño (PSDB) y Demócratas (DEM, ex Partido del Frente Liberal), está asustada con el fantasma de un eventual tercer mandato para el presidente Luiz Lula da Silva, porque considera que, a pesar de varias negativas, él no fue lo suficientemente contundente para contener el antojo de aliados suyos de llevar la propuesta adelante.

Ese fantasma deterioró de tal forma las relaciones entre gobierno y oposición que alcanzó el debate más importante para la administración Lula en 2007; la renovación de la Contribución Provisoria sobre el Movimiento o Trasmisión de Valores y de Créditos y Derechos Financieros (CPMF), el impuesto cobrado sobre movimientos financieros. La oposición evalúa que el presidente Lula se quedará de tal forma fortalecido con la aprobación del tributo que garantiza 40 mil millones de reales anuales por los próximos cuatro años, que tendría condiciones de aprobar cualquier otra cosa, inclusive el tercer mandato.

"La exasperación política tomará cuenta del año de 2008, con las elecciones municipales, que funcionan como un pleito intermediario para las elecciones presidenciales en 2010. El resultado en los grandes centros puede anticipar una tendencia futura. Ahora, el clima tenso se debe a la posibilidad de la oposición a tener una expectativa de victoria, ya que el presidente Lula no será candidato", analizó el científico político Antônio Lavareda, de la MCI Consultoría. "Pero movimientos de cambios constitucionales en países vecinos como Venezuela y Bolivia trajeron para Brasil el debate del tercer mandato. Y la oposición se quedó en alerta", agregó.

Preocupado con el nuevo rumbo del debate entre oposición y gobierno, el nuevo ministro de las Relaciones Institucionales, José Múcio Monteiro, que es el articulador político de la gestión de Lula, niega de forma enfática cualquier posibilidad del gobierno a patrocinar el tercer mandato. Es un recado para intentar desanimar el diálogo con la oposición, y en especial, el PSDB.

"El tercer mandato no pasa por la cabeza del presidente Lula. Quien hace ese tipo de propuesta aporta muy poco al país y a la democracia", dijo el ministro José Múcio Monteiro.

Para intentar crear un clima de relativa tranquilidad, integrantes del gobierno llegaron a proponer al PSDB, en los bastidores, un pacto para acabar con ese fantasma: un acuerdo por el fin de la reelección para presidente, gobernadores y alcaldes, y creación del mandato de cinco años.

En los primeros sondeos, los dos presidenciales del PSDB, José Serra (San Pablo) y Aécio Neves (Minas Gerais), demostraron simpatía por la idea de Palacio de Planalto. El fin de la reelección facilitaría un acuerdo entre los dos, ya que uno, si electo, trabajaría para hacer el otro su sucesor.

"La enmienda está lista. En una evaluación de la historia política brasileña, de nuestra realidad actual, es mejor es que no haya reelección. Esto porque hay muchas decisiones que dejan de ser tomadas, en el primer mandato por miedo de perder votos para la reelección. Además de eso, el gobernante se queda habituado con el culto a la personalidad", afirma el segundo del PSDB, diputado Jutahy Junior (Bahía), que ya presentó una propuesta en este sentido.

"El PSDB no puede creer en una idiotez como el tercer mandato. Cómo el presidente Lula va a negociar una nueva reelección ahora si puede volver en 2014 o 2015? Con la popularidad que tiene, Lula sería imbatible", afirma la líder del Partido de los Trabajadores (PT) en el Senado, Ideli Salvati (Santa Catarina), en la tentativa de espantar las desconfianzas en relación a las intenciones de Lula y de su partido.

Pero el debate de la enmienda sobre el fin de la reelección, en el Congreso, no es pacífico. En una evaluación del asunto en la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara, recientemente, el clima se quedó tan tenso que fue preciso quitar la propuesta de pauta, aplazando su discusión para 2008. Eso porque los partidos de oposición, en especial el DEM, desconfiaban que el debate pudiera posibilitar la discusión sobre el tercer mandato para Lula.

"Es muy arriesgado hacer ahora cualquier tipo de alteración en el texto constitucional. Hasta porque si el gobierno gana la prórroga de la CPMF, va a invertir todo en el tercer mandato. El gran miedo del PT es usar el debate sobre el fin de la reelección para hacer un golpe blanco", advirtió el segundo del DEM, diputado Antonio Carlos Magalhaes Neto (Bahía).

Resaltó otro problema sobre el debate del fin de la reelección con mandatos de cinco años: saber qué hacer con los mandatos de cuatro años de los diputados, dado que dejarían de coincidir con las elecciones presidenciales.

Es en medio de ese clima de desconfianza entre los dos probables protagonistas de la elección presidencial de 2010 -PT y PSDB- que se dará en 2008 la disputa municipal para la elección de alcaldes y concejales. El PSDB, visto como un partido de la élite brasileña, entra en campo con el desafío de conquistar parte del electorado de las clases más bajas que garantizaron la elección y la reelección de Lula.

El PT y Lula, por su parte, tienen la meta de ampliar sus espacios en los municipios para intentar construir un candidato competitivo del campo gobernante para 2010.

Signos positivos y algunas alarmas

AGUINALDO NOVO

La explosión de ventas de coches nuevos en el mercado interno llevó a la Volkswagen (VW) a reclutar, a finales de noviembre, 490 nuevos operarios para su fábrica Anchieta, en San Bernardo del Campo. Con las contrataciones, la ensambladora pretende aumentar la producción de la unidad de 1.015 a 1.120 coches por mes. Salen de la línea de montaje de Anchieta algunos de los principales modelos vendidos por VW en el país, como el Gol y Fox.

Ford también va a aumentar su cuadro de empleados. Serán 100 plazas más en su fábrica de San Bernardo, que deberán ser llenadas aún este mes. El ritmo de producción creció más de un 30% los últimos meses.

Lejos de representar un movimiento aislado, los ejemplos de Volkswagen y Ford reflejan la fuerte arrancada de la economía brasileña en 2007. Aún sectores que enfrentan dificultades con el dólar débil, como vestuario y calzados, conmemoran el alta de la producción y de las ventas, estiradas por el aumento de renta principalmente en las clases C y D.

En la previsión del mercado, la producción industrial debe cerrar el año con crecimiento del 5,3%, mientras el PIB (la suma de riquezas producidas por el país) debe aproximarse al 5%. Empresarios y analistas se preguntan si el país tendrá aliento para mantener ese desempeño en 2008, año que puede ser marcado por una recesión en Estados Unidos. Salvo una hipótesis radical, de ruptura de la economía estadounidense, la respuesta aún parece positiva para Brasil.

"La crisis de crédito en Estados Unidos no es broma. Ya tiene seis meses y sus efectos no van a desaparecer antes de dos años. Pero Brasil dispone de algo, inédito en los últimos 30 años: el país tiene autonomía para administrar la política económica. La inflación está bajo control, las reservas internacionales están en niveles elevados y el grado de endeudamiento de las empresas es menor que en años recientes", afirmó el economista Julio Gomes de Almeida, consultor del Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial (Iedi).

Almeida, que dejó en mayo el cargo de secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda, apuesta un crecimiento superior a un 5% del PIB en 2008, proyección que considera un escenario de desaceleración moderada de la mayor economía del mundo, por lo tanto, con efectos limitados para Brasil.

Con vientos tan favorables, parece difícil decir que el país podrá enfrentar algún problema. Pero esta no es la mejor conclusión. En encuentro con inversores en Nueva York, a finales de noviembre, la directora de rating soberano de la Standard and Poor`s, Lisa Schineller, afirmó que el gobierno de Lula no puede ser complaciente con la administración de las políticas fiscal y monetaria. En su evaluación, Brasil está en mejor posición para enfrentar los temblores que vienen de Estados Unidos, pero no va a escapar ileso.

Por los datos presentados por la directora de la agencia de clasificación de riesgo, el país deberá presentar un déficit en cuenta corriente de 2,5 mil millones de dólares en 2008, contra un superávit proyectado de 9 mil millones de dólares en 2007.

El primer agujero desde 2002 (8 mil millones de dólares negativos), vendrá porque Brasil continuará con importaciones elevadas (para financiar la expansión del mercado interno), mientras debe experimentar una reducción de las exportaciones, provocada por la desaceleración global.

Un desequilibrio mayor puede, en el límite, retardar la obtención del tan soñado nivel de grado de inversión que el gobierno espera obtener en 2008. El análisis es refrendado por el director ejecutivo de la Fitch en Brasil, Rafael Guedes.

El economista y jefe de la consultoría MB Asociados, Sergio Vale también prevé variación de hasta un 4,5% del PIB en 2008.

Pero este año, en su evaluación, también podrá ser marcado por el agravamiento de trastornos importantes que pueden colocar en riesgo la meta de crecimiento sostenido del país. En el corto plazo, hay el riesgo de un nuevo desabastecimiento de energía.

Según Vale, la cuestión reciente del suministro de gas natural para las industrias (la Petrobras llegó a anunciar una reducción unilateral en el volumen del producto bombeado para el Rio y San Pablo) "no es trivial".

La reducción fue determinada después que la estatal tuvo que desviar el gas de las industrias para las fábricas térmicas, que fueron accionadas para ahorrar agua de las reservas.

A largo plazo, el problema está en el aumento acelerado de los gastos públicos. Vale llama la atención que el superávit fiscal depende hoy más del esfuerzo de estados y de las estatales que de lo que es hecho por el gobierno federal.



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