ADELA DUBRA
En la casa de Margarita Hermida no hay batidora. Como muchas cosas -su tiempo, su vida- la dejó en la cárcel. Un día se precisaba para cocinar algo, la llevó, y fue quedando. La directora del Establecimiento Correccional y de Detención de Mujeres, la comisaria Margarita Hermida, tiene 49 años, es española, de la Coruña y hace 18 años que está dedicada al establecimiento. Dueña de una excelente reputación, logró mucho por el lugar que dirige con mano femenina. La propia naturaleza de la cárcel de Cabildo pide eso, porque es una cárcel donde nacen bebés y los niños -hijos de las reclusas y que prácticamente viven presos allí- aprenden en el patio a andar en bicicleta. La cárcel de mujeres tiene muchas más plantas con macetas que una cárcel de hombres y está más prolija también. En su despacho, habló de su vida, la que dedicó a "las chicas".
-En esta cárcel solía haber unas 30 presas, hoy son cerca de 300.
-Cuando asumí eran 35 presas y todas sanas, mental y físicamente. Hoy hay 297. Hay 21 niños pequeños y algunos para nacer. La capacidad máxima es de 150. Hay varios elementos distintos al pasado: la población es muy joven, con características muy especiales debido a que 60% tiene problemas severos de drogas y 40% tiene trastornos de personalidad con problemas psiquiátricos graves. Algunas han estado en situación de calle durante mucho tiempo. Antes la cárcel se dedicaba a atender mujeres que cometían un delito, pero ahora el trabajo del personal es diferente: tienen que trabajar con chicas que están en una situación psíquica difícil, y eso produce en el personal un desgaste muy grande.
- ¿Con cuánto personal cuenta?
-Con nueve policías por turno. En las celdas que había una presa, ahora hay dos o tres. Yo sé que el Estado no tiene los recursos, pero la construcción de una nueva cárcel es necesaria. No nos podemos olvidar que ellas, con sus aciertos o desaciertos, son parte de la sociedad uruguaya, que son madres de niños.
-La pasta base desbarajustó el sistema y logran ingresarla en las cárceles. ¿Cómo maneja el tema?
-Es muy difícil. Porque las muchachas están utilizando su propio cuerpo para ingresarla. Cuando tenemos información, siguiendo la ley, pedimos autorización al juez para practicar tactos rectovaginales y ahí incautamos. Es cuando retornan de sus salidas transitorias o cuando finalizan las visitas, porque las que las vienen a ver, inclusive, ingresan la droga escondida en su vagina y se la pasan a las internas. Tenemos que ser realistas: las chicas con problemas de adicción no los dejan por estar aquí adentro. Se requiere un año o un año y medio de tratamiento. Logramos mejorías -tenemos un equipo interdisciplinario con psiquiatras, psicólogos-, pero si dijera que no ingresa la droga al establecimiento, estaría mintiendo. Ingresa; hacemos operativos permanentemente, hace poco incautamos cocaína, marihuana en cantidades importantes y así permanentemente. Esconden encendedores en la vagina y con eso prenden fuego de repente la esquina del colchón, lo cual es un peligro. Es lamentable que las chicas estén utilizando su cuerpo para ingresar todo aquello que sea prohibido, porque va desde dinero, sustancias ilícitas, celulares. Eso es triste.
-La rehabilitación es ardua aun en condiciones más propicias que una cárcel, ¿qué resultados tienen?
-Se nota un cambio: hay chicas que dos años atrás se daban la cabeza contra la pared, pensábamos que eran un caso desahuciado y hoy están aprobando sus exámenes de secundaria con 10, 11 y 12. Las adictas, cuando se lastiman ellas mismas, pierden la sensibilidad al dolor. Se pueden estar cortando hasta el hueso y no sienten dolor. Igual hay que agradecer que, pese a las dificultades, están aquí y no están muertas. Ellas mismas, en los momentos en que se sinceran, lo reconocen. Cuando yo vine a este establecimiento en 1989 no había una sola reclusa uruguaya por delito de droga ni que consumiera. No conocíamos la droga. Yo pasé años en este establecimiento sin saber lo que era una adicta. Parecía que nunca nos iba a llegar. Hoy vemos señoras de 70 años que venden droga.
-¿Qué lugar tiene la sexualidad de las reclusas?
-Tienen visitas conyugales y visitas intercarcelarias, para cuando ambos están presos. Muchas veces el niño está aquí y gracias a estas visitas intercarcelarias ve al padre. El lesbianismo es uno de los mayores problemas que trajo la droga. En los lugares colectivos no puedo permitirlo por una cuestión de respeto. En los patios y lugares públicos no quiero ningún acto reñido con la moral y las buenas costumbres.
-¿Cómo es un día típico?
-Para cada una es diferente. Las que tienen trabajo empiezan a las ocho. También las que tienen clases, porque tenemos muy bien organizado los programas de educación y pueden cursar Primaria, Secundaria, UTU o estudios terciarios: hay tres reclusas cursando Facultad de Derecho. Al mediodía se sirve al almuerzo; la que se quiere cocinar se cocina. Tienen su visita cuatro días a la semana y eso puede ser motivo de muchísima alegría o de una gran frustración o tristeza. De repente hicieron una torta para un esposo o una madre que no llega; eso termina en que se autoagreden, se lastiman, caen en pozos depresivos. Después, las actividades son múltiples. Tienen profesor de educación física, hacen gimnasia. Funcionan talleres de metafísica, reiki y logoterapia, que es una ayuda muy importante para que, pese a las adversidades, logren salir adelante. Viene gente de forma voluntaria a ofrecer talleres literarios o personas a dar charlas. Durante todo el día las chicas no están encerradas en sus dormitorios ni en su celda, salvo en el lugar donde se cumplen las sanciones. A las 22 se cierran todos los pabellones. Tienen televisores, pueden tener DVD, walkman pero no equipos de música porque la mayoría son tan jóvenes que no respetan los horarios de sus compañeras.
-¿En qué pueden trabajar aquí dentro?
-Sesenta y ocho reclusas cobran el 50% de un salario mínimo (trabajan en la cocina, pintan puertas, mantienen el edificio); otras tienen trabajos zafrales para afuera. Gracias a la ley de humanización, y por pasantías, están saliendo a trabajar en el Correo, y otras están para ingresar en pasantías en OSE y Ancap.
-Un anhelo suyo siempre ha sido conseguirles más oportunidades laborales.
-Han trabajado cosiendo alpargatas, armando cajas, o embolsando cubiertos descartables. Ahora me van a traer unas máquinas para hacer correas para perros y gatos. Viene bien como terapia. Es importante, porque en pleno período de síndrome de abstinencia de repente logran sentarse en grupo y estar una hora prestando atención a algo. Eso es más importante que el dinero que ganen.
-Muchas llegan de vivir en la calle, ¿cómo hace para incorporarlas a una rutina y lograr que se acostumbren, por ejemplo, a comer sentadas?
-Hay chicas que llegan sin el hábito de comer, para ellas, que hurgan la basura, todo se reduce a pan y mate. Desearía contar con comedores para crear en ellas el hábito y la dignidad de sentarse a comer en una mesa, porque después van a transmitirlo en su casa. Esa educación en valores y hábitos es la prioridad uno en la vida de los seres humanos. Hoy mentiría si dijera que tenemos mesas y sillas para todas ellas. No las tenemos porque las rompieron. Una señora que no conozco, Noemí Branaá, me mandó un camión con mesas y decenas de sillas blancas a estrenar y ellas no supieron cuidarlas.
-Así como los violadores son radiados en las cárceles por los demás reclusos, ¿cuáles son los delitos que las presas no toleran?
-A las que tratan de matar a sus niños, les tenemos que dar protección de inmediato, porque si no, son severamente lastimadas por sus compañeras. En eso las muchachas se descontrolan de una forma increíble.
-En agosto hubo una fuga, seis escaparon por la azotea y la iglesia. ¿Siente que puede tener un motín en cualquier momento?
-Sí, fue en el sector de máxima seguridad, rompieron un alambre y lograron pasar a la azotea. Una se fugó -después apareció, está en la cárcel de Flores- y las demás fueron apresadas por el personal. Las detenidas deben medir las consecuencias de esas actitudes, el terror que provoca en un niño el ruido de vidrios rotos y toda la violencia que se genera. La experiencia me indica que un motín se puede dar en cualquier momento. Soy una persona que, a esta altura, si está de Dios que yo tenga que perder mi vida aquí, así será. No tengo miedo. En mi carrera me enfrenté al fuego, a las llamas, a granadas de gas. Lo que quiero es cuidar a mi personal, que es muy sacrificado.
-En el patio hay hamacas, bicicletas y triciclos y hoy hay 20 niños. ¿Cómo es para ellos vivir en la cárcel?
-Hay un antes y un después desde que se inauguró este año la guardería Pájaros pintados (en Rivera y 18 de Julio); no queríamos que funcionara aquí ni que fuera llevada adelante por personal policial. Es hermosa y los niños van felices. Las madres los llevan hasta allá en el móvil, con dos policías, después vuelven al establecimiento y los van a buscar. Como una madre normal. Gracias a Dios los jueces entendieron la importancia que esto tiene para los niños. Los que son más grandes van a la escuela que está acá en la otra cuadra.
-¿Cuántos años pueden vivir aquí los niños?
-Ahora el mayor ya tiene 6 años, su hermanita nació acá adentro. Cuando llegan a segundo y tercero de escuela, ya sienten vergüenza de estar viviendo en la cárcel. Por más que son invitados a los cumpleaños y nosotros los llevamos y todo, es duro. Hay un chico que es encantador, Lucas, de 5 años, para él esta es su casa grande, somos su familia y lo adoramos. Pero había una niñita que cuando salía de la escuela se metía en la farmacia para que sus compañeritos no vieran que era de la cárcel.
-Se dice que la mujer como presidiaria es más complicada que el hombre. "Hacen problema por tres", aseguran. ¿Es así?
-Es que la situación de la mujer es mucho más complicada. El hombre queda recluido y le vas a plantear un problema del niño y te dice que a él no se lo plantees que él bastante tiene con estar preso. En cambio la mujer está presa pero sigue con la problemática de la familia, de la madre enferma, del niño, de que los niños no tienen qué comer, de que los hijos adolescentes consuman drogas. Es una situación terrible. La mujer se frustra más, tiende a sentirse culpable de un montón de situaciones.
-A la cárcel de Cabildo vienen grupos de cumbia y hay celebraciones con bastante frecuencia. ¿Es una forma femenina de conducir el establecimiento?
-Por supuesto, claro que sí. Se festejan los bautismos, los cumpleaños de las presidiarias o de sus hijos ¿cómo no lo voy a permitir? Si es parte de la vida. Yo estoy permanentemente diciendo "hagan un campeonato de ping pong" y hasta de repente yo saco de mi bolsillo para las medallas o los premios. Es necesario para nosotros y para ellas. Los cumpleaños de mi personal también se festejan. A las chicas les encantan los espectáculos musicales. Han venido Chocolate, L´Autentika, Mayonesa, todos. Hubo casamientos y se festeja Halloween. Este año fue diferente porque la jueza permitió que una mamá, con un guardia, pudiera recorrer el barrio con los niños disfrazados, a pedir caramelos.
-¿Cómo conviven las reclusas de clase media o media alta con las que vivían en la calle?
-He tenido, tengo y tendré abogadas, escribanas, hubo médicas, gente muy educada, generalmente vienen por delitos económicos o por estar vinculadas a clínicas de abortos. Esas personas que están en mejor situación no es bueno que muestren todo lo que tienen o los paquetes que les llegan. Eso dejalo para las chiquilinas que quieren mostrar sus Nike.
-Aquí hay mujeres que han matado a su marido o a su hijo en episodios de violencia doméstica. ¿Cómo observa el cambio en las sentencias, el hecho que se dé la libertad por gracia?
-Hace unos años hubo una chica que llegó toda golpeada con sus mellizas de tres meses bajo el brazo. Era impresionante cómo estaba. El día que la Suprema Corte le dio la libertad por gracia todo el personal saltaba de alegría, llorábamos todas. Gracias a Dios, en la mayoría de los casos, los jueces han comprendido que el delito existió pero también consideraron la situación. La mayoría de esos homicidas por violencia doméstica eran verdaderas señoras cuando estaban en este establecimiento. Por aquí he visto pasar a mujeres que hoy están trabajando muy bien. En definitiva esto es una etapa en la vida. Te puede pasar con un hijo, con una hermana. Yo vi hijas de gente muy influyente de nuestro país, familias completamente destruidas…Uno siempre piensa que a uno no le va a pasar, pero y si a vos te pasara ¿qué querrías tú para esa hija, para esa hermana?
-Por más que usted tiene fama de que "no trafica", ¿la han querido sobornar?
-No. A cada persona que viene a mi despacho yo le doy una explicación. Y para todo, siempre, hay una solución dentro de la legalidad. Así que es innecesario.
-¿Qué opina de productos televisivos como "Mujeres asesinas"? ¿Han ensalzado o frivolizado el asunto?
-A veces las escucho a las chiquilinas y el tema es que quieren mantener un estatus. La que marcó un mojón en la historia de nuestro país es Pepita la Pistolera. Esa mujer fue una excelente reclusa -estuvo aquí durante años y jamás fue sancionada ni observada- y pagó lo que tenía que pagar. Salió de aquí y junto a su familia emprendió una nueva vida. Yo la respeto muchísimo, ella me respeta muchísimo y hoy está trabajando y triunfando en la vida. Le deseo lo mejor.
- ¿Las reclusas la toman como referente?
- No, a veces en grupo tienen una conducta. Pero nadie quiere ser chorro. Cuando están a solas conmigo, se les caen las lágrimas y todas, absolutamente todas lo que quieren es otra vida: una vida mejor.
AUTOBIOGRAFÍA
Soy Margarita Hermida, soy española, nací en la Coruña, vine a los siete años, estuve 15 días viajando por el océano para llegar a este hermoso país. Mis padres eran comerciantes, tenían varias panaderías y lograron una posición económica solvente. Como toda familia de inmigrantes, desde muy chica se me inculcó la importancia del trabajo. Trabajé desde muy pequeña en los negocios de mi familia, después mi padre falleció y yo ingresé el 2 de mayo del 78 a trabajar en el área administrativa de la cárcel de Punta Carretas. En ese momento Cárcel de Mujeres estaba dirigida y administrada por la Congregación del Buen Pastor. Siempre me interesó mucho la situación de la mujer, sus derechos, los de los niños. En el año 1989 la congregación entregó la dirección y administración de la cárcel y yo fui la primera oficial en venir para acá. Este establecimiento fue inaugurado como cárcel en 1898; en el comienzo de la historia de nuestro país las mujeres estaban recluidas en el sótano del Cabildo o en el subterráneo de la cárcel de hombres de Miguelete, donde eran víctimas de abusos. Por eso se les pidió a las hermanas que asumieran la situación. Yo me he seguido reuniendo con la última directora de este establecimiento, la hermana Gabriel, porque además ellas siguen administrando la capilla de San Expedito, que está contigua a la cárcel. En los momentos difíciles la hermana me ha dado mucha fuerza. Yo soy una persona católica".
MISIÓN DE VIDA
-Dicen que prácticamente está recluida aquí. ¿A qué hora llega y a qué hora se va?
-Llego siempre a las 8 de la mañana y me voy a las 6, a las 8, las 9 o a las 12 de la noche. Depende de cómo esté el establecimiento. Jamás se me ocurriría dejar el establecimiento con un conflicto.
-¿Cuánto gana?
-Con el descuento del IRPF, 13.400 pesos. Con mis 29 años de servicio, casi 30. Pero esto va más allá de cuanto se gana.
-Usted está casada y tiene hijos, ¿cómo han llevado su carrera?
-Tengo dos hijos, uno de 31 años y el otro de 16. Ellos respetan mucho lo que yo hago, pero también en muchos momentos importantes se les han llenado los ojos de lágrimas porque yo los he abandonado para venir a atender la cárcel. Me ha pasado de estar festejando el día de la Madre y tener que venirme. Me duele por ellos. Yo ni siquiera crié a mis hijos. No sé si hice bien o hice mal. Pero sé que este cargo la única forma de llevarlo más o menos como corresponde es prestándole atención.
-¿Y hasta cuándo estará?
-Dios dirá. Tendré todavía mucho para corregir, pero lo que sí sé es que le he dedicado mi vida al sistema.
-Mucha gente cercana a usted se preocupa por su salud y su ánimo y se preguntan porqué insiste en seguir aquí.
-Yo creo que es mi vocación y también, como me dice monseñor Cotugno, es mi misión sobre la tierra.
OLOR A CÁRCEL
En materia de donaciones, la Cárcel de Mujeres necesita dos cocinas eléctricas y una o dos heladeras que estén en condiciones de uso. Para quienes estén interesados, no hay que realizar ningún trámite, sólo hacerlas llegar.
"Lo otro, que parece banal, pero es importante, es que vendrían bien telas para cortinas y colchas. Eso es lo que da un toque, y logra que se vayan los grises y vengan los colores. Porque no es lo mismo ver 30 cuchetas todas hacinadas, con frazadas diferentes, a ver una colcha limpia y prolija. Las muchachas hacen un gran esfuerzo y están permanentemente limpiando. Somos muy pobres pero muy limpitos. Nos caracterizamos por ser un lugar donde no hay olor a cárcel", asegura la directora, la comisaria Margarita Hermida.