THE ECONOMIST
No está muy claro quién manda en Irán. La renuncia de Ali Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y principal negociador iraní en cuestiones nucleares en los últimos dos años, generó un revuelo de especulaciones acerca de la dirección de la política iraní, en lo doméstico y en el plano exterior. En verdad, nadie por fuera de la camarilla más cercana al liderazgo del país sabe por qué se fue o qué significa eso para la política.
Larijani es ampliamente visto como un inteligente, pragmático y cada vez más incómodo con el tono beligerante del populista presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Pero no es blando, ni secular, ni liberal. Hijo y yerno de poderosos ayatollahs, manejó la cadena estatal por 10 años, hasta 2004; durante ese tiempo, ganó notoriedad por querer expurgar la influencia extranjera de las ondas de radio y televisión. Antes de eso fue ministro de Cultura y Guía Islámica. A pesar de haber sido designado para dirigir el Consejo de Seguridad Nacional por el propio presidente Ahmadinejad, siempre ha sido considerado cercano al líder supremo, Ali Khamenei, que tiene la última palabra en cada aspecto de la política iraní, y por lo tanto tiene un cargo superior y con más poder que el presidente Ahmadinejad, quien captura la mayor atención de un mundo atemorizado.
En los últimos dos años, los diplomáticos europeos, quienes han venido negociando con Larijani por los planes nucleares iraníes, sienten que es flexible hasta el punto de que ciertamente es posible convencerlo de que los méritos de una "gran oferta" -por la que Irán consiga incentivos comerciales y financieros así como ayuda para desarrollar energía nuclear con fines civiles- sean más interesantes que los riesgos de construir una bomba, lo que ya ha provocado sanciones de la Naciones Unidas (ONU) e incluso podría desembocar en una guerra.
De cualquier modo, Larijani estaba frustrado por la rigidez y la belicosidad que aporta la oficina presidencial. Una agencia de noticias iraní informó que ya había ofrecido su renuncia varias veces. El presidente estaría aumentando la presión en el tema nuclear.
Él y Larijani presuntamente tuvieron repetidos enfrentamientos. Cuando el presidente declaró recientemente en la ONU que el dossier nuclear estaba cerrado, el papel de Larijani empezó a verse ciertamente irrelevante.
Aún más, los antecedentes de su remplazante, Saeed Jalili, ha alarmado a los europeos (Gran Bretaña, Francia y Alemania), que fueron mandatados por Occidente para negociar con Irán. Ex jefe del departamento para América y Europa en el Ministerio de Relaciones Exteriores, es amigo cercano y aliado ideológico del presidente Ahmadinejad y se ha hecho eco de sus declaraciones de que ya nada es negociable.
Pero el más notable signo de desacuerdo entre los políticos iraníes fue una carta firmada por no menos de 183 de los 290 miembros del Parlamento elogiando a Larijani, en lo que es visto como un lamento por su partida. El consejero en tema de política exterior del ayatollah Khamenei, Ali Akbar Velayati, quien fue ministro de Relaciones Exteriores por 17 años hasta 1997, también lamentó públicamente la renuncia de Larijani. Podría estar expresando los sentimientos de su jefe.
El liderazgo de Irán no está unificado. Los reformistas, alguna vez liderados por Muhammad Khatami, presidente entre 1997 y 2005, parecen desmoralizados y debilitados. Pero los conservadores se presentan cada vez mas divididos entre los radicales, como el presidente Ahmadinejad, y figuras más pragmáticas, como Larijani.
El presidente se está volviendo impopular, principalmente porque no consigue mejorar los aspectos materiales de los más pobres que lo votaron y porque su beligerancia sobre el tema nuclear ha aislado a Irán del mundo y dejó a los iraníes temerosos de ser el próximo blanco de los bombardeos estadounidenses. De acuerdo a una encuesta, la mitad de los que lo votaron en 2005, no lo volverían a hacer.
La gran pregunta es el estado de las relaciones entre el presidente y el Líder Supremo. ¿Significa su aparente desacuerdo, al menos acerca del estilo de la diplomacia nuclear, que Khamenei va hacia una posición negociadora más flexible y quizás sea más amigable también hacia reformas en otras áreas? "Khamenei es el nuevo Khatami", sentenció, esperanzadoramente, Karim Sadjadpour, un analista en temas iraníes en el Carnegie Endowment for International Peace en Nueva York.
Ha venido circulando un rumor de que el círculo cercano a Khamenei estaría planeando librarse de Ahmadinejad cuando termine su mandato en 2009, quizás para reemplazarlo con Larijani. Pero eso no es fácil. Larijani ya intentó el puesto antes, en 2005, y apenas consiguió el 6% de los votos. Ahmadinejad va a tener a todos nerviosos por un tiempo largo.