MARIELBA NUÑEZ - EL NACIONAL (Venezuela)
A finales de 1999 el estado Vargas, a la orilla del mar caribe, en la costa central de venezuela, fue azotado por una temporada de lluvias inusual. del ávila, la montaña que separa a caracas del litoral, bajaron toneladas de lodo, piedras gigantescas y troncos arrancados de cuajo por la fuerza del agua.
El balance fue trágico: 140.000 damnificados y más de 300 muertos. No era la primera vez que en la historia de Vargas se vivía un capítulo semejante, por lo que algunos consideraron que era un acontecimiento que no se repetiría en mucho tiempo, como otros que históricamente se habían registrado en la zona. Sin embargo, la historia podría repetirse.
José Zapata, a sus 26 años, fue uno de los testigos de esa tragedia. Siete años después sabe que una de sus consecuencias fue un cambio en la mentalidad de quienes viven en esa zona situada a la orilla del mar. El miedo se instaló como un habitante más en las casas del litoral. "Hay más pensamientos de prevención, pero no creo que sea pensada, sino que se alimenta del temor de la gente a morir o a quedarse sin casa".
En 2005, hubo otras lluvias torrenciales. Se inundaron las calles de las ciudades y pueblos de Vargas y se perdieron algunos trabajos de reconstrucción.
Para María Teresa Martelo, investigadora del departamento de hidrometeorología de la Universidad Central de Venezuela y una de las participantes en la primera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, esa tragedia sí podía tomarse con seguridad como la señal inequívoca de un cambio en las condiciones climáticas. "En Vargas de 1999 se unieron eventos que eran rutinarios, pero en 2005 había condiciones anómalas: era febrero y el agua estaba a más de 27 grados, una temperatura más propia de la temporada de huracanes".
Según Martelo, se trata sólo de un signo en Venezuela del fenómeno global del calentamiento del planeta. Los modelos informáticos que se han alimentado con los datos del país, anticipan desde ya otras modificaciones a largo plazo. "Lo que hacen es proyectar algunas de las tendencias que ya podían apreciarse en el siglo XX", comenta la especialista.
Martelo señala que no necesariamente el aumento de intensidad de las lluvias traería nuevas tragedias, pero la construcción de viviendas en sitios inestables es un factor que potencia un desenlace trágico. "Si Vargas hubiera sido un estado sin población, entonces las lluvias de 1999 y de 2005 no habrían tenido mayor repercusión. El problema es que la población creció en zonas vulnerables y es la combinación de vulnerabilidad con amenazas climáticas lo que aumenta el riesgo".
Juan Carlos Sánchez, asesor técnico de Venezuela durante las negociaciones del protocolo de Kyoto, coincide en esta observación. "Al final es la gente más pobre la que paga los platos rotos".