Sábado 13.10.2007, 13:27 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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Efectos locales del cambio climático
Calentamiento a la uruguaya
Las consecuencias del cambio climático empiezan a sentirse en Uruguay con estaciones menos diferenciadas, inundaciones, tormentas y mosquitos resistentes.

NAUSÍCAA PALOMEQUE

Temperaturas más altas, aumento del nivel del mar y de las lluvias, inundaciones, temporales, enfermedades nuevas, cultivos que pueden perjudicarse y otros, beneficiarse. El clima ya no es el mismo y es muy posible que esas sean las consecuencias locales del cambio climático mundial.

El aporte de Uruguay al calentamiento es mínimo en el contexto global. Sin embargo, como la mayoría de los países que no están desarrollados, recibe sus efectos y necesita tomar medidas paliativas.

La temperatura del mundo aumentó y con ella la de Uruguay. En Montevideo, en 30 años, la temperatura subió entre 0,8 y 0,9 grados, a una velocidad mayor a la que se dio durante este siglo. Esa es una certeza. La otra es que subió el nivel del mar en Uruguay, porque el agua está más caliente y ocupa más volumen que el agua fría. El nivel del mar subió 11 centímetros en un siglo, acelerándose en las últimas décadas.

El calentamiento también propicia el desarrollo de enfermedades como el dengue y la leptopirosis. El dengue no llegó aún a Uruguay, pero está más cerca en la región. El calor favorece su reproducción y permite que los adultos vivan. "Tenemos el peligro de que venga por razones climáticas, que lo transportemos y lo traigamos y que ayudemos a que se reproduzca por comportamiento humano", dijo el licenciado en Meteorología, Mario Caffera. Este año hubo varias falsas alarmas y algunas contradicciones del gobierno sobre el tema.

Además, en algunas localidades del norte aparecieron mosquitos tropicales como el albopictus, llamado mosquito tigre. Su aparición es novedosa porque los fríos no permitían que madurara.

Los otros efectos del calentamiento en Uruguay son probabilidades que exigen estar alerta y estudiarlos con una perspectiva temporal, explicó el doctor en Oceanografía Gustavo Nagy, integrante uruguayo del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas.

El paso del tiempo también explicará por qué el último invierno no siguió la tendencia más cálida que se venía dando en los últimos años. En un proceso de inviernos cada vez menos fríos, el de 2007 fue "anormalmente frío", dijo Caffera. Según Caffera, el clima uruguayo es muy variable y este invierno podría explicarse por esa característica y por la tendencia a eventos extremos que se prevé con el calentamiento global.

Uruguay recibe los cambios climáticos que se están manifestando en la región sudeste de América Latina. En la zona se da el mayor aumento de precipitaciones en el mundo: 23% en un siglo, concentrado en las últimas cuatro décadas. No hay certezas absolutas, pero es "altamente probable" que se deba al calentamiento global y los cambios que genera a nivel atmosférico, explicó el oceanógrafo Nagy.

Para los científicos no parece casual que en el mismo período y en la misma zona suba el consumo de combustibles, cambie la circulación de las presiones y aumenten las precipitaciones. "Que haya más lluvias tiene que ver con el calentamiento. Son hechos que coinciden y son relaciones estadísticas", explicó Caffera.

El aumento de las lluvias tendrá consecuencias en Uruguay, sobre todo en los cultivos agrícolas y en los riesgos sociales y sanitarios. Una reciente investigación del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Cambio climático y Agricultura en Uruguay, pronostica "mejores condiciones para el crecimiento vegetal, riesgos en el acortamiento de los ciclos de los cultivos anuales, riesgos en algunos rubros con necesidad de frío invernal y condiciones más favorables para el desarrollo de plagas y enfermedades".

Cultivos de verano como el maíz, el girasol y la soja necesitan mucha agua y posiblemente se beneficien con el aumento de las lluvias. "Si está lloviendo más en noviembre, empezamos la crisis de agua del verano con más agua", explicó Caffera.

Sin embargo, se prevé que se perjudiquen los cultivos de trigo y las manzanas, porque la humedad propicia las plagas del trigo y las manzanas necesitan horas de frío. Además, agregó Caffera, no siempre las compañías venden paquetes tecnológicos acordes con el clima uruguayo, las semillas del trigo son muy densas y con el aumento de la lluvia y la humedad no llegan a secar y se propician problemas fitosanitarios. Que haya más agua dulce en los ríos favorece la aparición de las cianobacterias, algas verdes y tóxicas que se ven en las costas cuando los niveles de salinidad bajan y hay más calor. Nagy explicó que a nivel de los peces no hay mayores riesgos porque las especies del Río de la Plata están adaptadas a los cambios de salinidad.

A pesar del aumento de las lluvias en la región, el nivel del mar en Uruguay creció menos que el promedio mundial: en el mundo aumentó 16 centímetros en un siglo y en Uruguay 11. El fenómeno se explicaría por la ubicación del país en la región y los cambios en los movimientos de los vientos.

Los especialistas constataron que los cambios climáticos están provocando una tendencia a descender hacia el sur del cinturón de altas presiones subtropicales. Ese fenómeno está generando modificaciones en las presiones, los vientos y las precipitaciones. Esto podría explicar que Uruguay sea más sensible a las sudestadas, vientos más húmedos que vienen del sur y del este; también que haya disminuido el impacto de los vientos pampeanos, más secos, que vienen del suroeste. La sudestada empuja el viento hacia Buenos Aires y hace que el agua se amontone sobre la costa argentina, a diferencia del pampero, que cuando sopla empuja las aguas del Río de la Plata hacia la costa uruguaya.

Esto explicaría que el nivel del mar en la zona uruguaya haya aumentado menos que los promedios mundiales, y que el de Argentina sea mayor. "Sube en Montevideo a pesar de que los vientos no favorecen que suba. Sube menos, pero sube por el calentamiento global y por factores regionales", concluyó Nagy.

En menos de dos años Uruguay tuvo dos eventos considerados extremos. Este año, en mayo, 7.000 uruguayos fueron evacuados por las inundaciones del río Negro, el Yi y el Olimar, que afectaron sobre todo a los departamentos de Soriano, Durazno y Treinta y Tres. Fue la peor inundación del país en 50 años. Los técnicos coinciden en que es difícil estimar cuánta agua se desbordó. Pero, por ejemplo, el 2 de mayo el Yi midió 3,7 metros y una semana después subió a 12,5 metros, según datos de la jefatura de Policía de Durazno.

Las inundaciones impactaron sobre todo en los sectores más carenciados, que habitan las zonas inundables y tienen muy pocos recursos para enfrentarlos. Por eso, Caffera pronosticó: "Uruguay va a tener más eventos socio-económicos de inundación".

Un año y medio antes, el 23 de agosto de 2005, Uruguay sufrió el temporal más fuerte de los últimos 40 años, con lluvias y vientos de hasta 160 kilómetros por hora que devastaron la zona sur y este del país.

Durante el temporal murieron 10 personas, miles de casas se arruinaron, más de 100.000 árboles fueron dañados, se cortaron las calles, entre otros desastres.

Los expertos consultados están de acuerdo en que ambos episodios pueden analizarse como eventos puntuales de una situación mundial y regional, donde son más propicios los eventos extremos. "Si cada cuatro o cinco años aparece un 23 de agosto, podríamos hacer afirmaciones, por ahora son eventos puntuales, que nos exigen estar atentos", dijo el meteorólogo Caffera. Con él coincidió el oceanógrafo Nagy: "han aumentado los desastres naturales de origen climático y Uruguay está en fase con el mundo y la región". Siempre hubo tormentas e inundaciones, sostiene el especialista, pero podría pensarse que el cambio climático está incidiendo en que sean más intensas y frecuentes.

En dos años, repasó Nagy, en la región Atlántica hubo tres desastres naturales para analizar: el huracán Caterina en Brasil, primer y único huracán en la zona, el Katrina en Estados Unidos, y en Uruguay el temporal de 2005. Los tres sucedieron cuando la temperatura del Atlántico alcanzó niveles récord de calor.

En ese marco deben estudiarse.

En Uruguay, lamenta Nagy, estamos lejos de hacerlo: "Es la actitud uruguaya con los temas climáticos. No hagamos olas. Como ya pasó, como las apariciones de floraciones, como este temporal, como las inundaciones, hasta que no venga otro".

A los niveles típicos de un país que hace alarde de su modestia y su pequeñez, los efectos del cambio climático se hacen notar en la vida diaria de los uruguayos, en cosas tan triviales como con qué vestirse en una primavera como ésta, que pasa del invierno al verano en cuestión de horas, o en más trascendentes para el país, como es su producción agrícola o su explotación de las playas como principal fuente de ingreso turístico.

Cáscaras de arroz, basura y efluentes

Como paliativos al calentamiento global en Uruguay hay tres proyectos para generar bonos de carbono, uno de los mecanismos propuestos en el Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero. Cada bono genera el derecho a emitir una cantidad de dióxido de carbono, como un bien que se compra y es canjeable.

Uno de los proyectos es el de la cementera Artigas, en Minas, donde se utiliza cáscara de arroz como combustible en la producción de cemento. Es el proyecto que va más adelantado en el proceso para obtener bonos de carbono. La cementera inició su proceso en 2002 y su plan es hacerlo hasta 2012. A fines de agosto quedó registrada, cumpliendo con el primer paso para ingresar en el banco de bonos de carbono. Hoy está iniciando el trámite para certificar sus reducciones. Una vez que obtenga dicha certificación podrá comercializar sus bonos. La Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) calcula que en cinco años redujeron 50.000 toneladas de carbono.

La Intendencia de Montevideo tiene un proyecto de transformar el metano que generan las emisiones de la basura. Con una antorcha que lo quema lo transforman en anhídrido carbónico, mucho menos contaminante. Dinama estima que se reducirán 230.000 toneladas de carbono por año. Las validaciones están siendo realizadas por la consultora europea DNB.

Por su parte, la planta de Botnia proyecta producir energía eléctrica con la quema del efluente de licor negro, que empezaría a funcionar a fin de año y ya inició el proceso de validación de sus bonos de carbono. Según estimaciones de la papelera, se reducirían 50.000 toneladas de dióxido de carbono por año.

Hay varios proyectos en camino, el de UTE en Treinta y Tres, para generar energía eléctrica a partir de arroz y el de la curtiembre Branáa en Montevideo, donde cambiaron una caldera a fuel oil por gas natural.

Según la página web del Ejecutivo uruguayo, si se suman todos los proyectos posibles de reducción de emisiones, Uruguay podría recaudar unos 100.000 millones de dólares en bonos de carbono.

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Accesos a la ciudad de Treinta y Tres, en las inundaciones de mayo de 2007.
Foto: El País. Fotógrafo: Ricardo Figueredo.
Señora frente a los restos de su vivienda tras el temporal de agosto de 2005, en Tajes.
Foto: El País. Fotógrafo: Fernando Pena.
Calesita del Parque Rodó después del temporal.
Foto: El País. Fotógrafo: José Luis Bello.
Rodeada. Vivienda rodeada por el agua en Canelones, en las inundaciones de 2007.
Foto: El País. Fotógrafo: Leonardo Carreño.
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