Sábado 29.09.2007, 12:17 hs. | Montevideo, Uruguay
 
INICIOCONTACTOMI PERFILPUBLICIDADEL PAIS MOVILEL PAIS LEIDOFAVORITOSPAG INICIO
BUSCAR
en
en internet
BUSCADOR AVANZADO
Que Pasa  | enviar nota |  | imprimir nota |  | agrandar texto |  | achicar texto |
Una visita al edificio ocupado de 18 de julio y Andes | Una docena de edificios están ocupados ilegalmente
Un asentamiento con vista al centro
En sus pasillos conviven intrusos y delincuentes con gente que pagó por estar ahí. No tiene luz, no tiene ascensores y la Policía pocas veces se atreve a ingresar.

FEDERICO CASTILLO

Un fuerte olor a orín inunda el decadente hall de un edificio en abandono. A pocos pasos de la entrada se ve mugre hasta donde alcanza la escasa iluminación del ambiente. Bolsas de nylon empapadas, papel higiénico y botellas de plástico marcan el camino hacia una escalera oscura y sucia que es la única vía de acceso a cualquiera de los 15 pisos del edificio Royal, ubicado en Andes y 18 de Julio, y en donde conviven intrusos, linyeras, delincuentes, "pastabaseros", prostitutas y familias con niños. Hasta hace poco también funcionaba ahí una empresa que presta servicios para el Estado, que no tuvo más alternativa que mudarse.

Lo que queda es la resaca de lo que una vez fue un decoroso edificio a una cuadra de la Plaza Independencia y que ahora no tiene dueño ni administradores reconocibles: es tierra de nadie. "Un cantegril en pleno centro", define el empleado de una joyería vecina.

Subir esa escalera no es fácil para el visitante. No se ve nada y los primeros escalones no tienen barandas. Marta, que vive sola con sus cinco hijos en el lugar, se ayuda con la luz de un celular para llegar hasta su apartamento. La pantalla del teléfono alumbra más basura, paredes grafitteadas y rejas que dividen a los corredores en los entrepisos. Arriba se escucha cumbia a todo volumen. También, el griterío de niños jugando. Pero todavía se ve poco a medida que se avanza. Después de subir varios pisos, Marta llega al fin hasta la puerta de su casa. Entra, prende el televisor y se desploma en el sillón a mirar la telenovela. Son las cuatro de la tarde y sabe que dentro de unas horas ya no va a poder bajar más a la calle.

"Después de las ocho de la noche me quedo recluida. Tengo miedo de salir y que me peguen un palazo en la cabeza. No sabés con qué te podés encontrar acá dentro a esa hora", dice.

No sabe, pero se lo imagina. Suele escuchar gritos, ruidos, portazos, corridas. "Cuando roban en la esquina vienen corriendo a meterse al edificio. Se sienten los gritos: `dale, abrime, pasá, metete`". Y describe a sus vecinos con la misma naturalidad y resignación de quien se queja, por ejemplo, porque el de al lado no devuelve una herramienta prestada o es demasiado chusma. "En uno de los pisos hay dos bocas de venta de pasta base, y los ves fumando ahí nomás en la puerta. En otros funcionan casas de masajes. Algunos departamentos son aguantaderos de rapiñeros. Acá la gente de bien convive con los delincuentes", dice.

Marta ya se cansó de llamar al 911 y que no respondan a sus reclamos. Asegura que la Policía le ha llegado a contestar que no entran al edificio porque no hay luz. "No se animan a subir. O si suben los arreglan por dos pesos, ellos son más sinvergüenzas que los delincuentes", acusa.

Fuentes de la seccional 1° reconocieron que el lugar es "conflictivo" y hasta de difícil acceso. "Ahí vive gente complicada, y al juntarse todos en un mismo sitio se torna un polvorín", dijeron y destacaron que los efectivos acuden ante las denuncias de los vecinos, aunque admitieron que no siempre pueden entrar al interior del edificio. "Los delincuentes se comunican entre ellos mediante un sistema de alertas y a veces nos obstaculizan el ingreso trancando algunas de las rejas". Las fuentes policiales señalaron que hay una patrulla efectiva que "va y viene" por la zona prestándole especial atención a los movimientos que puedan ocurrir en el edificio.

Hace poco menos de un mes, el Departamento de Orden Público de la Jefatura ingresó al inmueble y allanó un apartamento del cuarto piso. Allí fueron detenidos varios consumidores de pasta base y una mujer y su hijo que tenían droga acondicionada para la venta.

Pese a la reciente intervención policial, los vecinos aseguran que la situación ahí dentro está lejos de ser normal y no cambió. La Policía argumenta que la solución de fondo en este tema no la tienen ellos, que en todo caso la tiene el dueño del lugar, que es el que tiene la potestad de denunciar que el sitio está ocupado por intrusos y malvivientes. El propietario del edificio, que está en 1342 de Andes, está preso en Canadá, cumpliendo cadena perpetua por tráfico de drogas.

Los legales y los intrusos

Cuando el dueño del edificio abandonó el país, la administración del inmueble quedó en manos de un abogado que se hizo cargo del cobro del alquiler. Con el tiempo (hace un año y medio, coinciden los vecinos) la irregularidad se convirtió en la norma del lugar y la situación se desvirtuó al punto de que la mayoría de los inquilinos dejaron de pagar la cuota del arrendamiento y los gastos comunes. Algunos vecinos señalaron, incluso, que el propio administrador se dedicó a vender los apartamentos en forma económica para luego denunciar a los flamantes propietarios como intrusos, desalojarlos, y seguir con el negocio de la venta. Con una administración casi ausente, la ocupación irregular de apartamentos vacíos se volvió moneda corriente. Hace tres años Marta pagó 1.200 dólares por las llaves de su puerta y dice que tuvo que soportar varios intentos de desalojos a cargo de la misma gente a la que le había pagado. "El día que me estaba mudando vinieron a decirme que estaba de intrusa, pero no pudieron sacarme. Yo acá estoy legal, pagué por esta casa y no me pienso mover".

Dice que cuando se mudó, el edificio estaba "habitable". Los ascensores funcionaban, había luz en la escalera y en los corredores. Pagaba alrededor de 500 pesos de gastos comunes. "Ahora parece un conventillo, la gente se engancha de la luz, todo se fue deteriorando y a nadie le importa".

Un inquilino del tercer piso también parece resignado a los cambios que sufrió el lugar, aunque lo vive como algo ajeno. Hace más de cuatro años que está ahí. Asegura que le paga el alquiler a "un muchacho conocido mío" y recalca que tiene "todo en regla".

"Antes había hasta portero, pero hace un tiempo que rompen todo. Entra gente de afuera y destruye el lugar, la entrada es un desastre. Los que estamos acá legalmente no queremos que esto esté así. No podemos traer a nadie porque te da vergüenza hacerlo pasar". Sobre sus vecinos "peligrosos", prefiere no abundar en detalles. "Se corre la versión de que acá hay delincuentes. Yo no me he topado con ninguno, pero si es que es cierto, no me gusta nada".

"Yo me limito a convivir", señala un propietario que prefirió no ser identificado, al referirse al caos del lugar. Vive en el edificio hace más de cinco años y dice que todo empezó a "degenerarse" hace un año y poco. "Cuando yo lo vine a habitar el edificio no estaba en llamas", recuerda y reflexiona que para poder convivir en esta situación "uno no debe meterse en la vida de los demás". "En otros países vienen tsunami, a otros les tocan terremotos, y a nosotros nos agarró ese producto (la pasta base) que le está destrozando la cabeza a nuestra juventud y hace estragos en este lugar. Yo no compro y no consumo. Tengo mi luz y mi teléfono al día. No todos los vecinos tienen dificultades sociales", se defiende.

Antes que a intrusos y delincuentes, hubo un tiempo en que el edificio albergó oficinas y empresas. A mediados de la década de 1990, la agencia de noticias británica Reuters tenía su sala de redacción en el décimo piso. Una escribana tenía su estudio en el octavo.

David, director de la empresa Davve SRL-que presta servicios para oficinas estatales- fue testigo de la debacle del inmueble. El empresario se instaló en el piso noveno en 1998 y lo abandonó a fines del año pasado. "Me fui de ahí porque era imposible estar. El ambiente es febril, hay gente buena como en todos lados, pero la mayoría son intrusos. Es un lindo edificio, pero está muy deteriorado y nadie hace nada por salvarlo. La Policía tampoco da mucha bola".

Cansado de que le pinchen el teléfono y se cuelguen de la luz, se mudó para seguir trabajando. Mientras tanto, un sereno le cuida el apartamento que abandonó y las cosas que dejó en su interior.

David no ve una solución al problema, pero la sugiere: "Es una propiedad valiosa, conozco varios inversores que la tomarían. Creo que tiene que ir a remate. No es cuestión de dejar gente en la calle, pero viven en un lugar que no es de ellos". Y algunos hasta con vista a la Plaza Independencia.

Abandonados

En Montevideo hay una decena de edificaciones abandonadas por sus dueños y convertidas en búnker de rapiñeros y traficantes, según estimaron fuentes policiales. En los barrios Centro, Cordón, Ciudad Vieja y Parque Rodó se ubica la mayoría de estos edificios calificados como "conflictivos" por la Policía, que lamenta que "poco puede hacer" para desalojar a los intrusos. La Ley 18.116 aprobada en junio, y que sustituye el artículo 354 del Código Penal de delito de usurpación, establece que la Policía puede actuar únicamente si un ciudadano cualquiera denuncian un delito que se esté cometiendo dentro del lugar y que genere un daño a la sociedad. Se puede denunciar por venta de pasta base, por ejemplo, pero no por la ocupación del inmueble. Eso sólo corresponde al dueño del edificio. Además del edifico de Andes y 18 de Julio, la Policía ha recibido denuncias por ocupación ilegal y venta de drogas en un inmueble ubicado en Maldonado y Bulevar Artigas, en donde estaba la ex sede de la cooperativa Comaec. La semana pasada, efectivos de la seccional 5° desarticularon una boca de pasta base en un inmueble ocupado por intrusos en el cruce de Gonzalo Ramírez y Pablo de María.

Otras Ediciones
TODAS181522
Fotógrafo: Darwin Borrelli.
volver arriba
ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 900 2338
Zelmar Michelini 1287, piso 4, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2008
Certifica Metric Medición de Tráfico Certifica.com
Powered by ANTELDATA Powered by ANTELDATA
Grupo de Diarios América Miembro de GDA, Grupo de Diarios de America