EL PAÍS DE MADRID
Fue Thomas de Quincey el que consideró el asesinato como una de las bellas artes. No se sabe exactamente si el polaco Krystian Bala leyó a De Quincey, lo que sí parece seguro es que pasará una larga temporada entre rejas, 25 años según la sentencia, tras ser condenado, por haber asesinado al amante de su ex esposa. La mayor prueba ha sido una novela en la que Bala narraba un crimen.
La vieja polémica entre ficción y realidad vuelve así a primer plano, pero esta vez no lo hace para generar grandes o minúsculos debates estéticos sino que irrumpe bajo su aspecto más trágico, el de un asesinato. Amok (que puede traducirse como Cólera) fue publicada en 2004 y, además de vender numerosos ejemplares y gozar de gran popularidad en Polonia, su autor fue elogiado por la precisión de sus descripciones. Bala construyó una trama cargada de verosimilitud, y narró con detalle los móviles, los instrumentos utilizados, las tensiones de los personajes. Y es que todo estaba basado en hechos reales.
El año 2000, Dariusz Janiszewski apareció muerto en el río Oder. No hubo sospechosos hasta que tres años después apareció la novela. Entonces la policía detuvo a Bala, y es que su ex esposa había tenido un lío con aquel tipo que apareció maniatado con una soga que se tensaba entre el lazo que lo estrangulaba y sus muñecas atadas a la espalda. Pero se lo dejó ir, el juez entendió que los paralelismos entre realidad y ficción no eran pruebas suficientes. La novela contaba una historia de celos insoportables. Tanto, que el protagonista de Amok secuestraba al amante de su ex mujer, lo ocultaba en un sótano sin darle de comer para, finalmente, y tras tres días de penalidades, asestarle una puñalada, maniatarlo y arrojarlo al río.
La policía no abandonó sus investigaciones y en 2006, Bala volvió a la cárcel como presunto autor del asesinato. Un tribunal lo ha declarado ahora culpable. Bala tiene 36 años y se declaró siempre, inocente.