FEDERICO CASTILLO, NAUSÍCAA PALOMEQUE
La mayoría de quienes viven en los asentamientos de Montevideo no usa internet y algunos ni siquiera saben de qué se trata. Casi no salen del barrio en su tiempo libre, la mitad nunca fue al teatro y son pocos los que van al cine o les interesa la lectura. Sin embargo, muchos piden clubes deportivos y bibliotecas y 4% llegó a la Universidad. Éstas son algunas de las conclusiones del informe de Cultura en situación de pobreza, imaginarios y consumo cultural en Asentamientos, de Montevideo 2006, coordinado por el investigador Hugo Achugar.
Este miércoles se presentará en la Intendencia de Montevideo el CD con esta investigación realizada por Achugar, Rosario Radakovich, Sandra Rapetti y Susana Dominzaín. El equipo estudió una muestra de 440 casos, representativa de los 412 asentamientos irregulares que se estima hay en la capital.
La encuesta fue realizada entre el 19 y el 21 de mayo de 2006.
El informe incluye una descripción de los hábitos y las posibilidades de consumo cultural. Los datos se presentan en función del sexo, la edad, el nivel educativo y socio-económico y en algunos casos, se incorpora un elemento novedoso en las investigaciones de pobreza uruguaya: cuánto tiempo hace que esa población vive en asentamientos.
El objetivo del informe es analizar si hay o no una "subcultura" propia de los asentamientos de Montevideo, lo que Achugar denomina "cultura en situación de pobreza".
Para comprender la doble realidad de esa situación -su realidad objetiva y el discurso social y subjetivo sobre ella- el autor propone plantear los derechos culturales como necesidades básicas y plantea la dificultad de cómo y quién las define, y el problema de considerarlas universales. Entiende que la noción de pobreza cultural podría ser un instrumento de discriminación e incluso de negación de la diversidad.
"El tema no es menor y ataca el centro del problema de la propia diversidad cultural a la vez que pone sobre la mesa las tensiones entre la necesidad de establecer derechos culturales universales y los límites de todo intento por universalizar la cultura en tiempos de globalización. Esto es de particular importancia a la hora de estudiar la `cultura en situación de pobreza`; es decir, cuando se analiza lo que supuestamente es `indeseable`. Lo indeseable es la pobreza y la marginación, pero ¿cómo se articula esto en relación con la cultura?".
Por eso, Achugar habla de "Necesidades Básicas Insatisfechas Culturales" para describir la situación en la que "las personas no pueden satisfacer una o más necesidades básicas y tampoco pueden participar plenamente en la sociedad de modo cultural".
Medios iguales, medios distintos
Según el informe, el consumo de televisión en los asentamientos no se distingue mucho del que se hace en el resto de la ciudad. Las diferencias aparecen en el acceso a los libros, y sobre todo, en el uso de internet y la asistencia al cine.
El 80% de la población de los asentamientos hace años que no va o nunca en su vida fue al cine. El 70% de los jóvenes que viven allí no tiene incorporada una experiencia cinematográfica como práctica habitual, el doble que el promedio nacional de este grupo etario.
El precio de las entradas es el principal argumento para no ir al cine. También hay otros motivos, como el desconocimiento o que no coincidan los gustos con las ofertas culturales, explica la socióloga que estudió el tema, Rosario Radakovich.
La desigualdad también se manifiesta en el uso de internet. El 12% de las personas consultadas dice que no sabe qué es. El 70% señala que nunca o casi nunca lo utiliza (63%, "nunca" y 7%, "casi nunca").
La socióloga analizó el uso de internet en los asentamientos porque considera que el acceso y el uso de esta herramienta "son indicadores relevantes para el análisis de las nuevas formas de desigualdad en el plano cultural".
El lugar donde se utiliza internet también señala dicha desigualdad. El precio de las computadoras hace que el "ciber" sea el principal lugar de apropiación de este medio.
Al igual que para el conjunto de los uruguayos, la televisión constituye una de las prácticas culturales más relevantes de consumo cultural en los asentamientos: 95 % de los encuestados es televidente.
Mirar televisión es una práctica extendida en todos los grupos de edades. También son mínimas las diferencias entre varones y mujeres a la hora de ponerse frente a la pantalla chica. El nivel de ingresos tampoco marca una frontera entre quienes ven televisión y quienes no lo hacen.
Prácticamente las tres cuartas partes ve televisión abierta. El otro cuarto, ve televisión por cable.
La televisión es percibida y "utilizada" por los habitantes de los asentamientos como una forma de informarse y como ámbito de entretenimiento y distensión. En el estudio se pidió la opinión sobre una serie de opciones variadas de producciones y políticas televisivas posibles. Entre ellas se planteó si estaría de acuerdo con que se produzca un Gran Hermano uruguayo; más de la mitad de la población señaló que no.
Asimismo, se percibe un interés por rescatar lo local, sobre todo el interior del país: 96% se manifestó a favor de "mostrar más los departamentos del Interior" y la necesidad de "mirarnos más" y "conocernos mejor". Quieren ver menos programas estadounidenses (69%) y menos aún los que vienen de Argentina (87%). Paradójicamente, estos programas son los de más rating. También se señaló la necesidad de saber más de los asentamientos, de sus condiciones de vida y realidades cotidianas.
Entre las opiniones existe un reclamo de que se vean las zonas pobres de la ciudad, que se muestren las injusticias sociales, que se vean las "vidas uruguayas".
Más de la mitad de los consultados dice que lee en forma regular: 43% a veces, 21% siempre. La mitad de la población lee al menos un libro por año. Los hábitos son variados: novelas y cuentos en primer lugar, le siguen los libros de poesía, de religión y las biografías.
El 26% dice no tener ningún un libro en su casa. El 8%, no sabe leer, 4% señala que le cuesta leer y 10% que tiene problemas en la vista.
Sin embargo, el interés por los libros se manifiesta ante la pregunta de qué le falta al barrio. Las bibliotecas ocupan un lugar importante en la lista de prioridades ya que 22 % de los consultados las consideró necesarias para su comunidad.
En primer lugar, los entrevistados eligieron un club deportivo para su barrio (37%) luego las bibliotecas y en tercer lugar un sitio para aprender computación, 15%. Muy por debajo quedaron las otras opciones que se plantearon: 1% un lugar para bailar, 2% quiso un cine y 5% una huerta.
Uno de los datos que el informe plantea que debe investigarse tiene que ver con el tiempo de residencia en el asentamiento y la educación de sus habitantes. El 100% de los que estudiaron magisterio, profesorado, tuvieron una formación policial, militar o asistieron a la universidad residen en el barrio desde hace más de 10 años.
El informe también preguntó por la percepción de discriminación en los asentamientos. La mayoría de sus pobladores, 65%, dijo que no se siente discriminado por el resto de la sociedad. Achugar aclara: no significa que no haya discriminación, porque se preguntó por el sentimiento o no de disciriminación.
Llamativamente, donde más se sienten discriminados es en el propio barrio.
Oreiro, Blanes y Rada
Uno de los objetivos del informe fue analizar la vigencia de aquellos valores instituidos históricamente por el Estado, la educación formal y los medios masivos de comunicación.
Para eso los investigadores preguntaron por distintos personajes: figuras históricas consideradas parte del "parnaso nacional tradicional" como Juana de Ibarbourou, Joaquín Torres García, Juan Manuel Blanes; figuras que pertenecen a la llamada "alta cultura letrada" contemporánea como Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti; también por personajes que tienen una fuerte presencia mediática como China Zorrilla, Rubén Rada y Natalia Oreiro.
El informe concluye que aquellos vinculados a la "alta cultura" y entendidos de alcance nacional son poco reconocidos. La excepción fue Juana de Ibarbourou, que fue identificada por más de la mitad de la población, entre otros datos, porque se ve en los billetes de mil pesos.
Mario Benedetti fue reconocido por 43%, Horacio Quiroga 39%, Joaquín Torres García y Pedro Figari cerca de un 28% y Juan Manuel Blanes 36%. La menos reconocida fue Idea Vilariño: 3% la identifica como escritora, 2% dice conocerla pero no especifica qué hace y el resto no sabe quién es o le adjudica otras actividades como ser cantante de rock, política, actriz, diseñadora o vinculada a la murga.
Por otro lado, aquellas figuras provenientes de la televisión, el cine, la música o el deporte fueron reconocidos de inmediato. Rubén Rada y Natalia Oreiro son más conocidos que Obdulio Varela. Más del 90% identificó a Oreiro, casi el 70% a Rada y 55% reconoció a uno de los protagonistas del Maracaná, uno de los símbolos que harían a la identidad nacional.
Imaginario cuestionado
Ni el Maracaná ni la Cumparsita fueron las opciones preferidas ante la pregunta de qué los hace sentir más uruguayos. El mate y el asado resultaron los elementos seleccionados entre los 10 ítems planteados donde estaban incluidos la Celeste, la rambla, el carnaval, el pericón. Más de la mitad eligió el mate pero sólo 5% optó por Maracaná.
Achugar explica que esta elección se relaciona con un imaginario cultural que tiene más que ver con la experiencia cotidiana que con los símbolos culturales instituidos, que suelen ser promovidos por el Estado y los medios de comunicación masivos.
Sin embargo, algunas viejas creencias uruguayas como la garra charrúa y la viveza criolla tienen más adhesión en los asentamientos que en la media nacional, según los datos que revela el informe y la comparación que se realiza con la Encuesta Nacional de 2002.
El informe dirigido por Achugar plantea que no hay investigación suficiente sobre este imaginario a nivel nacional y no se puede saber si esos cambios ocurren solo en las localidades analizadas.
Aunque ese estudio sigue pendiente, Achugar plantea una probable fragmentación cultural en los asentamientos.
"Es posible especular que a nivel de imaginarios, de sentimientos y deseos esta población no seguiría los promedios o lo que suponemos son imaginarios característicos de nivel nacional". Según el autor, esto permite la hipótesis de "una eventual fragmentación cultural -no absoluta, quizá más débil o con distanciamientos diferentes que la registrada a nivel económico o social- existente en nuestro país."
Achugar prefiere no sacar conclusiones sobre la investigación y plantea interrogantes que deben estudiarse: los intereses y las opciones culturales de la sociedad uruguaya más allá de los asentamientos, el imaginario nacional propuesto desde los medios masivos y el Estado y la cultura y las estrategias para abordar con eficiencia la pobreza.