M.M, P.T.
Tabaré Vázquez llegó a ser monaguillo cuando era niño, pero descreyó del catolicismo luego que sus padres y una hermana murieron de cáncer. Fue también a raíz de estos hechos que profundizó su vocación científica hacia la oncología.
Sin embargo, la religión católica tiene una fuerte presencia en su familia. Su mujer, María Auxiliadora Delgado, es católica practicante de toda la vida. Y su hijo mayor, Álvaro, estudió para seminarista.
La historia de Álvaro y la Iglesia fue especialmente complicada para la familia, porque integró la Comunidad Jerusalén-Misioneras de Cristo Resucitado, fundada por el difunto padre Adolfo Antelo, aquel sacerdote que fue procesado en 1996 en base a denuncias por abusos sexuales. También hubo denuncias de golpizas, amenazas y secuestro de documentos.
A los 29 años, luego de pasar siete en esa comunidad, el hijo mayor de Vázquez y Delgado denunció lo que vivió en un informe publicado por revista Tres el 27 de enero de 1996, aunque allí nunca se dice que es el hijo del entonces presidente del Frente Amplio.
"Antelo me hizo ir a decirles a mis padres que estaban en contra mío y que eran culpables de todo lo malo que me pasaba", relató en aquella ocasión Álvaro. Y contó cómo fue su última noche antes de escaparse: "vine desde Buenos Aires a un retiro en Montevideo y me encontré con el panorama de siempre: gente con los ojos negros, algún endemoniado de turno. Nos fuimos a otro retiro en Punta del Este. Ahí me tocó a mí. De noche todos comenzaron a interrogarme. Antelo empezó a pegar a las seis de la tarde. Pegó hasta las tres de la mañana. Paró porque se fue a dormir…".
Pese a esa experiencia, Álvaro acompañó a su madre en la misión oficial que Vázquez envió al Vaticano por la muerte del papa Juan Pablo II, una de varias señales amistosas del gobierno de izquierda hacia la iglesia.
La Presidencia también solicitó el traslado del monumento al Papa Juan Pablo II -que estaba en la iglesia de Tres Cruces- al pie de la cruz que recuerda su visita a Uruguay en 1987. Además, pocos días después de asumir su mandato, Vázquez almorzó con el arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, y se comprometió a que durante su gobierno no se aprobaría una ley de despenalización del aborto.
Hasta ahora ha cumplido a su palabra, pese a la insistencia en lo contrario de algunos sectores de su propio gobierno.
Algunos dicen que la fe de su esposa tiene mucha influencia en la postura que asumió Vázquez contra la despenalización del aborto pero otros -como el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández- dicen que se debe únicamente a una convicción de base médico-científica.
Vázquez conoció a Delgado en una kermesse del colegio Divina Providencia y se casaron, de acuerdo a la biografía de Edison Lanza y Ernesto Tulbovitz, el 23 de octubre de 1964, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción en la calle Julio Herrera y Obes.
Los tres hijos del matrimonio, Álvaro (41), Javier (40) e Ignacio (38) están casados. La pareja también adoptó como hijo a Fabián Barbosa, quien vive en Venezuela. Vázquez tiene 12 nietos.
Álvaro es médico y gerente de la clínica de la cual su padre es uno de los fundadores. Ignacio es técnico en radioterapia y también trabaja allí.
Javier también trabajó en COR pero ya no. Es experto en informática y es el hijo de Vázquez que ha sido más cuestionado por sus negocios vinculados al poder público. El semanario Brecha informó en abril que Javier Vázquez gestionó uno de los negocios concretados hasta el momento en el marco del mecanismo de pago en especies de la factura petrolera con Venezuela, a partir del fideicomiso Fondo Bolívar-Artigas firmado entre su padre y Hugo Chávez. El negocio supuso la venta de tecnología Genexus a CVG-Telecom por un monto de 59 millones de dólares y fue gestionado por Vázquez hijo en representación de la empresa Artech.
Esa no fue su primera acusación pública. El hijo del presidente protagonizó el "caso Nuclemed" en 1995, un contencioso administrativo que involucró a Vázquez padre y del que fue absuelto. La polémica surgió de la venta de servicios informáticos por parte de Javier Vázquez al instituto de Oncología, donde su padre tenía el cargo de jefe del Servicio de Radioterapia, aunque no tenía la potestad para ordenar dicho gasto.
Los que la conocen de cerca, dicen que la de los Vázquez es una familia tradicional que ahora está muy expuesta por el lugar al que llegó el padre, que en principio decía que sólo quería ser ministro de Deportes. Pero llegó a presidente. Y todo lo que eso implica: mucha seguridad y muchos periodistas al acecho.
Cuando un amigo se va
Por acá no apareció más. Cuando ganó las elecciones nos prometió que iba a venir a cocinar un `guisolfo` y nunca vino. Debe andar con mucho laburo", comentó uno de los parroquianos de la cantina del club Arbolito, institución que Vázquez fundó en 1965 y que está ubicada en el corazón de la Teja.
"Hace unos meses lo fui a ver a su clínica para mostrarle unas placas y me dijo que en cualquier momento se daba una vuelta por acá. Le dije: `Qué vas a venir....`", comentó el Tano Valdez, uno de sus amigos de la infancia y de los que aún esperan el prometido guiso.
El Tano Valdez, de los pocos amigos de la infancia vivos que le van quedando al presidente, es una suerte de libro abierto de anécdotas y vivencias del presidente. Contó que durante la adolescencia, al mandatario, la barra de amigos lo bautizó "El pibe balín". "Le pusimos así porque era costumbre que cuando alguno cumplía años lo atáramos a un árbol de la plaza Lafone. Y él nos dijo que si pensábamos atarlo nos iba a cagar a tiros con un revólver. Entonces, ahí, le quedó lo de `El pibe balín`".
Valdez también contó que los inicios de Vázquez con la pesca fueron bastante desafortunados. "Un día salimos a pescar en una chalana que se llamaba La Tejana. Fuimos a pescar con caña y Tabaré saca un bagre pero pegó tal estirón para atrás que le clavó las aletas puntiagudas del bagre al pie del pobre Ruso. ¡Cómo puteaba el Ruso! Estuvo dos días sin caminar. Ahora parece que se profesionalizó", relató .
Las inicios de Vázquez como estudiante de medicina fueron un fracaso. Valdez contó que a la gallina de un vecino se le quebró una pata y que Vázquez decidió aplicarle una peculiar intervención quirúrgica: "el tipo agarró le cortó la pata a la gallina para ponerle una de palo. El pobre bicho a los dos minutos estaba muerto".
Valdez también sufrió en carne propia esa inexperiencia "Un día voy y le pregunto si podía jugar al fútbol porque andaba con la garganta muy inflamada y me dijo que sí. Cuando terminé de jugar estaba muerto de la garganta, entonces le dije: `Che, me dijiste que podía jugar y mirá como estoy`. Y el me contestó: `Ah, pero jugar al fútbol pudiste, ¿o no?`".
Cuando se le preguntó a Valdez sobre el éxito de Vázquez con las mujeres, contestó: "No, no, no. Eso dejalo ahí no sea cosa que haya un divorcio en pleno mandato presidencial".