Consiguieron una camioneta, cargaron cámaras y micrófonos y se fueron rumbo al Paraguay profundo. Estaban decididos a contar con imágenes la historia de Antonio Almada, un joven militante del Movimiento Campesino Paraguayo que fue torturado y asesinado por un grupo mafioso presuntamente ligado al poder político guaraní.
Un eslabón más en una cadena de crímenes impunes contra activistas rurales fue lo que motivó a los uruguayos Piero Sabini, Juan Caggiani y Manuel Yarzábal, estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República, a costearse un viaje a Paraguay y realizar un documental sobre los pisoteados derechos humanos de los campesinos. La idea implicaba internarse en una zona conflictiva, conocida por el tráfico ilegal de rollos (madera virgen). Un lugar que había sido escenario de un reciente y brutal crimen, y en donde los límites de la autoridad aparecen difusos. La idea era arriesgada. Y cuando algo puede salir mal, seguramente salga mal.
"No fuimos a Paraguay a recolectar información judicial sobre el caso Almada porque entendimos que al ser pública no tendríamos inconvenientes en conocerla en cualquier oportunidad. Fuimos a hablar con su esposa, sus hijos, sus hermanos, sus padres, sus sobrinos, sus amigos y, a través de ellos, conocer a Paraguay", recordó Sabini.
Los uruguayos llegaron a Asunción el miércoles 4 de julio y desde ahí emprendieron un nuevo viaje hasta el destino final: el asentamiento Meno Kue del distrito de Jasy Cañy, ubicado en el departamento de Canindeyú, a 460 kilómetros de la capital paraguaya.
Tierra de nadie
Cuando arribaron a Jasy Cañy se contactaron con los familiares de Almada para hacerles las entrevistas pactadas de antemano. Hablando con ellos se fueron empapando de detalles sobre la trágica historia del campesino asesinado. Almada, de 26 años, fue encontrado muerto por su sobrina el 27 de mayo. Sus uñas estaban arrancadas, sus intestinos fuera del cuerpo, tenía los órganos genitales reventados y un orificio de bala en la nuca.
A pesar de eso, el asistente del fiscal dictaminó como causa de la muerte un accidente de tránsito.
La familia le contaba a los uruguayos que se resiste a que la Justicia tipifique así el caso y que habían logrado reabrirlo para cambiar esa carátula, cuando la entrevista quedó inconclusa. Un grupo de vecinos de la zona, autodenominados Comisión Vecinal de Seguridad Ciudadana, enterado de las intenciones periodísticas de los estudiantes, se atrincheró en la casa donde se hacía el reportaje. Exigieron que cancelaran la entrevista y reclamaron todos los materiales de trabajo.
"No nos permitieron seguir con la entrevista argumentando que no habíamos hablado con ellos, que no les habíamos pedido autorización. Nos quisieron sacar los equipos y nos decían que no nos dejaban salir de la casa hasta que no les diéramos lo que teníamos grabado", contaron. "Fue una actitud digna de un grupo paramilitar. Nos tomaron de rehenes en la casa de la madre de Almada, invadieron su propiedad y agredieron a su familia", agregó.
La situación, sin embargo, no parece la de un secuestro, sino más bien la de un grupo de uruguayos "apurados" en el extranjero.
No dejaba, igual, de ser un momento complicado. Nerviosos, los estudiantes uruguayos miraban de reojo a la camioneta que los llevó allí. Estaba estacionada a 200 metros de la casa, sobre la ruta, y custodiada por un piquete improvisado.
Pasaban los minutos y la solución al problema no aparecía por ningún lado. Afuera esperaban unos 60 campesinos enardecidos. "Estuvimos más de una hora encerrados en la casa; en determinado momento llegó la Policía local, pero estaban del lado de ellos". La lógica luz de escape que se les encendió a los estudiantes fue llamar al consulado uruguayo en Paraguay. "Recién ahí se empezó a descomprimir la situación. La cónsul los apretó diciendo que estábamos bajo la responsabilidad del consulado y se achicaron un poco. Por suerte no pasó nada, pero podría haber pasado", relató Sabini.
La cónsul, Cristina Figueroa, fue quien estuvo en contacto con las autoridades para garantizar que los uruguayos pudieran salir sin problemas. "Me preocupé de que los compatriotas estuvieran bien y que pudieran salvar una situación dramática. Tuvimos un diálogo permanente con la Policía y después de unas horas los jóvenes lograron salir de la zona de peligro". Sanos y salvos, llegaron a Montevideo el domingo pasado. "Algo pudimos grabar, pero si tenemos que volver por más testimonios, volveremos", desafiaron.