Soy del Prado, empecé a trabajar a los 15 en un almacén, mi viejo es electricista, mi madre ama de casa, fui hasta quinto año de liceo. Consumí marihuana y alcohol, probé la pasta y me enganché", dice Luis, de 23 años, quien ingresó al Portal hace cuatro meses. "Me alimentaba bien, salía, me mataba y después me iba a mi casa. En casa la hice siempre bien, me decían que estaba siempre en la calle, pero nada más. Mi padre era alcohólico, no se daba cuenta. Estuve casi cuatro años fumando pasta, primero los fines de semana, después me fui al carajo". La historia de Pablo escapa al estereotipo ya que el consumo de pasta base en la clase media suele quedar menos expuesta ante la sociedad. Quienes tienen mutualista u otros recursos económicos concurren a sistemas privados de rehabilitación. En el centro privado Manantiales, por ejemplo, la mayoría de los jóvenes que hoy están internados llegaron por su adicción a la pasta base.
El consumo de pasta base impacta más en los sectores más pobres, porque probar pasta base es más barato que otras drogas, -una medida para un consumo cuesta entre 30 y 70 pesos, mientras que un gramo de cocaína cuesta entre 100 y 300. También es más visible en las personas más pobres porque sus organismos son más débiles y se deterioran enseguida; porque tienen pocas pertenencias y la carrera a la delincuencia para consumir es más rápida. "Si está mal comido, seguramente se venga abajo más rápido. Quizás en la clase media el consumo sea menor, hay acceso a otras drogas y pueden tenerlo más oculto y si roban, se ve menos. La pasta base está asociada a la pobreza porque es donde más impacta", dice Yenny Techera, asistente social del Portal. Con ella coinciden los demás especialistas consultados, que trabajan en centros privados donde también se atiende esta adicción.
Los sectores más pobres tampoco tienen muchos recursos para rehabilitarse, les resulta más difícil conseguir un trabajo, estudiar, practicar alguna actividad que los estimule, los aleje del consumo y les permita hacer nuevos vínculos. "Parece que el problema de la pasta es solo la delincuencia. Eso es lo que nos preguntamos, si la pasta base no creara todos los problemas que crea desde el punto de vista de las transgresiones, los robos, la delincuencia, ¿también habría tanta preocupación en la sociedad? Ojalá que sí, porque realmente el problema que veo es el capital humano que se pierde", dice Grunbaum, directora del Portal.
"Si la pasta base no creara todos los problemas que crea: robos, delincuencia, ¿también habría tanta preocupación en la sociedad? Ojalá que sí, porque realmente el problema es el capital humano que se pierde".