THE ECONOMIST
En un poema que los palestinos han estado colocando en blogs, haciendo circular por e-mail y distribuyendo en oficinas, Mahmoud Darwish, su laureado poeta, fustiga las luchas intestinas que terminaron, tras una semana sangrienta, en lo que muchos temen sea un cisma fatal. Gaza, dominada por los islamistas de Hamas, y Cisjordania, donde el secular Fatah mantiene el control, han sido partidas, 40 años después de que fueran ocupadas por Israel.
Darwish se lamenta: "Junio nos sorprende en su cuarenta aniversario: ¡si no encontramos a alguien para derrotarnos otra vez, nos derrotamos nosotros mismos, con nuestras propias manos, para no olvidarnos!"
Muchos ven oportunidades en la debacle. Fatah piensa que podría recuperarse de la derrota electoral frente a Hamas, hace 18 meses. Estados Unidos e Israel, al igual que algunos líderes árabes, ven una chance de aislar a Hamas, que se niega a contemplar una paz permanente con Israel. Los donantes extranjeros que boicotearon a la Autoridad Palestina, pueden volver a darle una ayuda menos costosa pero más productiva para desarrollo y presupuesto, ahora que Mahmoud Abbas, de Fatah, desechó el gobierno de Hamas y convocó a un gabinete mayormente tecnocrático.
Pero muchos palestinos se preguntan si ésta es la partida de defunción de su sueño de un Estado. El optimista escenario de los extranjeros -que Hamas se derrumbará y entregará el control de Gaza- está lejos de estar garantizado. Una separación permanente entre la caótica y violenta franja de Gaza y una más próspera Cisjordania parece una posibilidad cierta. El título del poema de Darwish suena casi como una advertencia bíblica: "Desde ahora no eres tú mismo".
La llegada al poder de Hamas sorprendió a todos pero fue el resultado de una disputa que surgió con la fundación del grupo, en 1987. Cuando Yasser Arafat firmó los acuerdo de paz de Oslo con Israel, Hamas lo llamó "vendido"; a medida que la Autoridad Palestina bajo Arafat se volvía ineficaz y corrupta, Hamas llenó las brechas con programas sociales y lanzó su mani pulite a la corrupción de Arafat. También fue pionera en tácticas terroristas que después copió Fatah.
En sus esporádicos intentos para mantener su promesa a Israel de encargarse de la seguridad, Arafat ordenó despiadados ataques a Hamas. Eso dejó un perenne odio a Muhammad Dahlan, el ejecutor de Arafat en Gaza, cuyos hombres arrestaron a miles de militantes de Hamas y torturaron y mataron a muchos.
No fue hasta el año pasado que los islamistas se sintieron en condiciones de desafiar a Fatah en elecciones legislativas. Significaba, después de todo, aceptar tácitamente los acuerdos de Oslo que crearon a la Autoridad Palestina. Pero Fatah pasaba por entonces por tal desorden que ni pudo unificar sus listas de candidatos. Usando su red de células a nivel local, Hamas consiguió casi el doble de bancas que Fatah.
El viejo grupo de Arafat, sin embargo, nunca entregó del todo el control. En la víspera del juramento del nuevo Parlamento, Abbas se llevó, por decreto, una decena de fuerzas de seguridad bajo su comando. Otras fuerzas, en el papel a la orden del nuevo gobierno de Hamas, permanecieron leales a sus comandantes del Fatah.
Con su poder reducido, Hamas creó su propia fuerza en Gaza. Estados Unidos, que antes había estado ayudando a reformar todas las fuerzas de la Autoridad Palestina, empezó a atender sólo a la guardia presidencial de Abbas. Los choques de Hamas y Fatah, alentados por los feudos entre los poderosos clanes de Gaza, se hicieron más frecuentes. Ataques de los militantes de Hamas a los pasos de frontera de Gaza, llevaron a que Israel cerrara esas vitales líneas de comercio, aumentando el sofocamiento que trajo el embargo occidental a la Autoridad Palestina. Cuando los militantes entraron a Israel y secuestraron a un soldado, Israel lanzó una ofensiva que mató a 400 palestinos de Gaza.
Por presión de Arabia Saudita, Fatah y Hamas accedieron a un gobierno de unidad. Pero no coincidieron en el control de las fuerzas de seguridad. Abbas nombró a Dahlan, némesis de Hamas, como secretario de un nuevo consejo nacional de seguridad. En mayo, las fuerzas de Fatah se desplegaron en las calles de Gaza. Hamas respondió; los enfrentamientos mataron a 40 personas. Otro chisporroteo, este mes, mató a un centenar.
Teorías del caos
¿Por qué Hamas fue con todo esta vez? Mouin Rabbani, un analista de Jordania del Grupo Internacional de Crisis, piensa que la combinación de boicot económico, descontento doméstico, críticas de los grupos radicales en el extranjero, la creciente amenaza de Fatah y divisiones dentro de Hamas, hizo que aquellos que solían pensar que el tiempo estaba de su lado, pensarán que ahora estaba en contra de ellos.
Fatah pareció poco preparado. Algunos de sus jerarcas en Gaza estaban lejos, Dahlan entre ellos. Abbas desde Cisjordania no declaró el estado de emergencia, hasta que los militantes de Hamas saquearon su casa en Gaza. Funcionarios de nivel medio de Fatah se quejaron de falta de liderazgo. "Teníamos orden de no disparar a menos que fuera en defensa propia", dice uno que fue autorizado por Israel a huir a Cisjordania.
Esos funcionarios sospechan que la apatía de sus líderes fue deliberada. Dejar que Hamas se haga de Gaza tiene cierta lógica para Fatah. Rápidamente Abbas juró a un nuevo gobierno presidido por Salam Fayyad, un ex funcionario del Banco Mundial, tan apreciado por Occidente que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea levantaron su boicot de 15 meses, e Israel dijo que consideraría liberar recursos impositivos de la Autoridad Palestina que tenía congelados, retirar algunos de los puestos de control internos que ahogan la economía de Cisjordania, y podría entablar conversaciones más significativas con Abbas. El martes anunció la liberación de 250 presos palestinos. Así, dice esa teoría, Abbas recibirá los elogios por una bonanza en Cisjordania, mientras la suerte de Gaza está en manos del aislado Hamas.
Otra teoría popular es que Hamas quería arreglar cuentas con Dahlan más que con todo Fatah. Ciertamente, ese tema también estaba dentro de Fatah. Algunos querían enjuiciar a Dahlan. Desde su celda israelí, Marwan Barghouti, el más popular de los jóvenes líderes, hizo un inconfundible llamado a sacarlo del poder. El secretario general de Fatah en Gaza, Ahmed Hallis, que apenas disimula su desprecio por Dahlan, no huyó, dejando la sospecha de que la lucha de Hamas era parcialmente personal. Pero hacer de Dahlan un chivo expiatorio le daría a Hamas una salida fácil, y Fatah está decidido a no darle una. "Esto fue un golpe militar", dice Qaddoura Fares, uno de los jóvenes líderes de Fatah en Ramallah. "Al menos en eso, Fatah está unida".
En Cisjordania, donde Hamas es más débil que en Gaza, los líderes de Fatah han intentado detener a sus combatientes para que no se venguen y dispersen el conflicto. Tuvieron éxito, a pesar de que un hombre de Hamas fue asesinado y la mayoría están escondidos. Abbas declaró ilegal a las milicias de Hamas (un gesto vacío por ahora). Los de Fatah son relativamente optimistas: piensan que Hamas dañó su credibilidad entre los suyos y no serán capaces de proveer los servicios básicos a los ciudadanos de Gaza.
Dos mundos
Ahora empieza la reconstrucción. De acuerdo a la ley, el gobierno de Fayyad tiene como mucho 30 días en el poder, ya que el Parlamento dominado por Hamas no lo ratificará. No hay elecciones hasta dentro de dos años y medio; nadie puede disolver el Parlamento excepto el propio Parlamento. Es posible, sin embargo, que Abbas podría legalmente nombrar gobiernos cada pocas semanas, quizás rotando el primer ministro, con la esperanza de que Hamas se quiebre y acuerde una elección u otra clase de compromiso.
En tanto, Gaza, bajo el control exclusivo de las fuerzas de Hamas, será más ordenada y segura. Si Hamas también puede doblegar a los renegados que andan por secuestrando gente y atacando los pasos de frontera -y si eso obliga a Israel a abrir los cruces más seguido- tendrá una buena razón para mantener su influencia.
Y cuando llegue la elección, Hamas podrá aún estar ahí. Muchos palestinos sienten que por sus faltas, le fue robada la oportunidad de gobernar. Fatah debe terminar con sus peleas internas y con su corrupción. El partido viene prometiendo en vano reformas desde su derrota electoral el año pasado. Es más, con Hamas creciendo, el incentivo de Fatah para limpiarse será más débil, mientras el incentivo para usar la fuerza contra Hamas en Cisjordania (ahora, sin duda, con la aprobación tácita de otros países) podría crecer.
Todo lo que deja una perspectiva algo aterradora: Hamas se mantiene en Gaza, comparte los poderes y las responsabilidades; Fatah repite sus viejos errores en Cisjordania, alimentando nuevos apoyos a Hamas o, peor, a los radicales jihadistas del tipo que los palestinos ya se han librado. La vida en Gaza, con fondos renovados a la Autoridad Palestina, menos violencia y ayuda humanitaria, no empeorará e incluso podría mejorar las cosas, siempre y cuando los ataques desde Gaza no provoquen un nuevo ataque israelí. En tanto, Hamas en Cisjordania podría sabotear los planes de Abbas de crear un Estado próspero con ataques de baja intensidad a Israel o sus colonos; Israel entonces no aliviará las restricciones a los movimientos de los cisjordanos.
Darwish, en su poema, retrata a la perversa autodestrucción de los palestinos, distorsionado un popular proverbio árabe: "Yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra mi primo, mi primo y yo contra el mundo". Pero otra estrofa resume el dilema palestino: "Oh Futuro, no nos preguntes: ¿Quiénes son ustedes? y ¿qué quieren de mi? Nosotros tampoco lo sabemos".
Así nunca van a ser amigos
Hamas está jugando fuerte; Ismail Haniyeh, el primer ministro, se ha negado a reconocer la autoridad de Abbas para disolver el Parlamento (aunque es una de las pocas cosas que le permite la fallida Constitución). Pero en realidad están en una situación complicada. Los islamistas han venido prometiendo que liberarán a Alan Johnston, el periodista de la BBC aparentemente secuestrado por una pandilla de Gaza (a la que acusan de tener el respaldo de Dahlan) y sus propios desacuerdos son cada vez más evidentes.
El líder supremo de Hamas, Khaled Meshal, radicado en Damasco, rápidamente contradijo a Haniyeh, reconociendo la autoridad de Abbas, y otros en Gaza han llamado a conversaciones con Fatah. Pero en un feroz discurso televisivo, el habitualmente medido Abbas pareció descartar la posibilidad. Llamó a Hamas "terroristas asesinos" que armaron un golpe y lo intentaron asesinar. Dijo que rechazará dialogar con la organización, cuya toma de Gaza fue acordada con "elementos extranjeros" (podría estar hablando de Irán) en la región.
Gaza y Cisjordania
LA FRANJA de Gaza es una estrecha franja de tierra en el sudoeste de Palestina, y que junto con Cisjordania forma los llamados territorios palestinos. Se encuentra gobernada por la Autoridad Palestina, tras ceder Israel el control sobre la franja tras los acuerdos de Oslo (1993). Alrededor de 1.400.000 de palestinos viven allí. Unos 10.000 palestinos emigraron entre junio y octubre de 2006. Desde la retirada israelí de 2005 hasta el golpe de estado de Hamas de junio, la franja de Gaza se hallaba bajo dominio de la ANP.
Cisjordania, en tanto, es un territorio de entre 20 y 40 kilómetros de ancho, delimitado al este por el Jordán y el Mar Muerto, y al oeste por la Línea Verde. Desde 1967, Israel administra Cisjordania bajo un régimen jurídico-militar. Pese a la ausencia de soberanía estatal, el 40% del área está bajo la jurisdicción de la Autoridad Palestina. Israel mantiene el control sobre los asentamientos y ciudades israelíes, áreas rurales y fronteras (60%). La población de Cisjordania es árabe en un 84%, con una minoría de asentamientos judíos.