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Andrés Izarra, el ideólogo de la comunicación chavista
"¡Quiero sangre y veneno!"

Ambicioso y contradictorio, antes de saltar a las filas del chavismo y convertirse en su principal estratega de medios, Andrés Izarra fue periodista de la CNN y de RCTV, la cadena venezolana de televisión a la que el gobierno de Caracas dejó días atrás sin señal. Ahora dirige Telesur, donde impulsa la construcción de una hegemonía mediática del socialismo.

Es un hombre lleno de contradicciones. Pasó de trabajar en la CNN a ser uno de los puntales en la controvertida estrategia comunicacional del gobierno antiestadounidense de Hugo Chávez.

Desde sus inicios como un tímido aspirante a periodista que enviaba crónicas desde Europa, hasta llegar, en 2004, al puesto de ministro de Información y Comunicación, y hoy director de Telesur, Izarra ha dejado claro que es un hombre a quien el poder lo atrae. No llega a los 40 pero tiene ya un rol central en la política de comunicación del gobierno, una polémica estrategia que saltó al primer plano el fin de semana pasado cuando el canal de televisión Radio Caracas Televisión (RCTV), crítico con el gobierno, dejó de transmitir luego de que Chávez decidiera no renovar la concesión.

Izarra -que trabajó en ese mismo canal hasta 2002- había justificado esta medida al afirmar que el periodismo opositor como el que practicaron RCTV y otros canales durante el paro petrolero de 63 días en 2002-2003 fue "propaganda", y fue por eso que el Estado decidió que RCTV era una "amenaza pública". La decisión de cerrar el canal provocó airadas protestas, enérgicas condenas internacionales, y puso en el candelero el debate sobre el control cada vez más tirante que ejerce el Ejecutivo venezolano sobre los medios. Los medios críticos han sido acallados y son cada vez menos.

Izarra ha postulado la necesidad de avanzar hacia una "hegemonía comunicacional" al servicio del socialismo y planteado la lucha ideológica en términos gramscianos, de manera tal que "un grupo cultural convenza a otros de sus valores, principios e ideas". Así, el control estatal de la información sería una herramienta clave en la tarea de difundir hacia toda la sociedad los nuevos valores del "socialismo del siglo XXI" que están en la cima de la agenda oficial.

Comenzó su carrera a principios de los 90, en Europa. Allí comenzó a colaborar con la revista de su tío, que se edita en Miami. De Europa, Izarra se fue a México, donde trabajó como free-lance y cubrió el alzamiento zapatista, y de allí pegó el salto a Estados Unidos, para trabajar en la cadena NBC y luego en la CNN, en español. En 1999 volvió a Venezuela. Se fue a RCTV. Fue productor del noticiero y, dicen, defensor del amarillismo. "Sostenía que sólo la sangre vendía, que los informativos debían empezar con muertos". "Quiero veneno, decía", recordó un periodista venzolano.

Renunció a RCTV en desacuerdo con la cobertura que hicieron los medios venezolanos del fallido intento de golpe de Estado de 2002, contra Chávez, por lo que denunció como manipulación de la información. Esa denuncia le abrió las puertas para, tiempo después, incorporarse al oficialismo. Muchos afirman que ese ascenso estaría ligado a la "palanca" de su padre, el militar (r) William Izarra, un chavista que acompañó a Chávez cuando en 1992 encabezó un levantamiento militar contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

Tras dejar RCTV, el periodista volvió una vez más a la CNN, desde donde cubrió la huelga del sector petrolero contra Chávez. En 2003, Izarra aceptó el puesto de agregado de prensa en la embajada venezolana en Washington. Con el impulso del fervor revolucionario recientemente descubierto, su figura crecía cada vez más en la intimidad del oficialismo. El gran salto llegó cuando en 2004 Chávez lo nombró al frente del Ministerio de Información, un cargo de gran relevancia a medida que el sistema oficial de medios se reveló como una pieza clave en el engranaje del proyecto socialista.

Izarra es un personaje controvertido. Las malas lenguas lo tildan de conflictivo, prepotente y sectario. Los críticos de Izarra afirman que desde el gobierno hizo lo mismo que les criticaba a los medios opositores, es decir, filtrar y orientar la información. Y aunque algunos detractores reconocen su dominio del negocio televisivo y su conocimiento del contexto internacional, otros aseguran que ha evidenciado "una gran inconsistencia en términos comunicacionales e intelectuales", según un periodista venezolano.

En 2005 Izarra se convirtió en el presidente de Telesur, el canal regional impulsado por Chávez para difundir información alternativa a la de las grandes cadenas internacionales y llevar también al plano mediático su disputa con los países centrales, en especial Estados Unidos.

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