Producir sí, exportar no

Uruguay fue pionero en el desarrollo de biocombustibles. Durante la Segunda Guerra Mundial era difícil que llegaran los combustibles de la Unión Soviética y se hicieron ensayos para utilizar cebos de grasas animales en los motores de la Central Batlle. También hubo experiencias con alcohol carburante. Durante su Presidencia, Luis Batlle Berres (1947-1951) dispuso su auto para que Ancap lo probara. Desde entoces no hubo adelantos.

En los `90 comenzaron las investigaciones a nivel universitario y surgieron pequeños emprendimientos impulsados para reducir costos. En 2002 se aprobó la ley que declaró de interés nacional la producción de biodiesel. Por la misma época se inició un emprendimiento de biodiesel en la intendencia de Paysandú. Después surgieron varios proyectos privados, a partir de aceite de soja, girasol y cebos animales.

Hoy el uso de los biocombustibles se plantea para consumo interno. El Senado aprobó un proyecto de ley que busca fomentar y regular su producción: que se incorpore 5 % de alcohol carburante como mínimo a la producción de nafta de Ancap a partir de diciembre de 2014 y 5% de biodiesel al gasoil como mínimo a partir de enero de 2012. También que se exonere de impuestos total o parcialmente. "Es descabellado plantear la sustitución total, no darían nuestras tierras agrícolas. Hay que plantear la sustitución parcial de los combustibles fósiles, el ahorro de energía y la eficiencia en el uso", dijo la ingeniera agrónoma experta en biocombustibles, Virginia Lobato, y planteó la necesidad de desarrollarlos a partir de necesidades locales y no importadas. "Los investigadores tenemos el deber moral de encontrar materias primas para la producción de combustibles que no compitan con los alimentos, ni con las tierras de cultivo".

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