Lengua castellana mía/ Lengua de miel en el canto/ De viento recio en la ofensa/ De brisa suave en el llanto. Juana Ibarbourou". Todavía puede leerse en el publicartel de la avenida Las Vegas, del barrio El Poblado, Medellín, capital de Antioquia y segunda ciudad de Colombia, centro del Valle de Aburrá, donde se concentra el poder político, financiero e industrial de una de las regiones más prósperas del país.
Desde febrero, el cartel ubicado en la ruta que lleva al Instituto Politécnico, al norte de Medellín, una de las 25 instituciones de enseñanza terciaria de esta ciudad de casi tres millones de habitantes, anticipó el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que a partir del lunes 26 de marzo se celebró en Cartagena de Indias. También el encuentro literario del máximo nivel, desarrollado desde el 21 al 24 de marzo, en que 22 academias de la Lengua Española de América y Filipinas aprobaron la nueva gramática panhispánica, con las últimas incorporaciones de 500 millones de hispanohablantes que circulará en 2008.
¿Puede una ciudad que hace una década era considerada de las más violentas del mundo ser sede del XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, reyes de España Juan Carlos y Sofía incluidos? Quizás realmente se haya interrumpido la "transferencia generacional y cultural" de la violencia como se propuso, entre otros, Sergio Fajardo, el joven alcalde de Medellín.
En 1991 en Medellín había 380 homicidios por cada 100 mil habitantes; hoy son 35, que siguen siendo muchos pero no se compara.
Una encuesta anual de criminalidad encargada por la consultora colombiana Fundación Seguridad y Democracia reveló, en noviembre de 2006, que sólo 16% de los habitantes de Medellín consultados dijo sentirse inseguro en la ciudad. Alto contraste con otra de las ciudades colombianas, Barranquilla, en la que se registró el nivel más alto de percepción negativa de la seguridad, 83%.
Algo inhallable en otros países es que 40% de la población de Medellín (que tiene, contando su área metropolitana, poco más de tres millones de habitantes) subsidie íntegramente la energía eléctrica, agua potable y alcantarillado, entre otros servicios, al restante 60% de la población. Todo, con el correlato negativo que tiene esa generosidad perpetua: derroche y más derroche.
También el combustible utilizado por los motociclistas residentes en los estratos 1, 2 y 3 -de los seis en que está repartida la comunidad- es parcialmente subvencionado por los propietarios de vehículos habitantes de los estratos 5 y 6. Ese criterio tan solidario también termina subsidiando a las motocicletas que los integrantes de lo que queda de las redes de narcotráfico heredadas de la década de 1990 utilizan para sus deliveries.
Tal vez, aceptando la máxima del sabio chino Lao Tsé, según la cual si se da pescado a un hambriento se le nutre durante una jornada, pero enseñándole a pescar se podrá nutrir de por vida, la alcaldía de Medellín invierte seriamente en educación y cultura.
En 2007 la administración se propone inaugurar cinco bibliotecas públicas en barrios carenciados. Una de ellas levanta sus ocho pisos en el barrio Santo Domingo Savio, en plena ladera del Valle de Aburrá, que acuna a la ciudad en la falda de la montaña circundante del centro urbano, y fue inaugurada el sábado 24 de marzo por Juan Carlos y Sofía. Ahora se llamará Biblioteca Temática España y es uno de los 30 proyectos sociales que se desarrollaron durante dos años en la ejecución del modelo de transformación aplicado en la zona más carenciada que tenía Medellín antes de comenzar la actual administración.
Las restantes bibliotecas, San Javier, La Quintana, La Ladera -erigida en el predio de una antigua cárcel de Medellín- y Belén, completan esta opción por los libros que insume más de 300 millones de dólares de inversión. Hasta ahora siete de las 16 comunas medellinenses no cuentan con bibliotecas pero el alcalde Fajardo sostiene que la biblioteca o el "coliseo" (eso es, el gimnasio) de la comuna más humilde no tienen por qué diferenciarse de los que disponen los habitantes del centro urbano. Y cuando se analiza la documentación de alguna de esas obras puede constatarse el cumplimiento de la decisión del jefe de la ciudad.
Fajardo es un ex-docente universitario que repartía volantes en los semáforos convocando a la ciudadanía a que le votara. Recién lo logró en su segundo intento.
El de las bibliotecas no ha sido el único de sus intentos hacer de Medellín una ciudad amigable con sus habitantes y que deje atrás los años tumultuosos en los que fue algo así como la capital mundial de la violencia.
Inaugurado el 7 de agosto de 2004, el metrocable, primer sistema de transporte masivo por cable aéreo del país, agilitó en forma notable los desplazamientos desde los 12 barrios más alejados de Medellín, donde viven unos 150 mil habitantes.
Y la pulcritud de las calles, real y verificable por quien ascienda al metro, es fruto de la campaña "La cultura Metro" sistemáticamente retroalimentada por folletería y publicidad en las instalaciones del tren. En distintos viajes no se pudo encontrar papeles en los pisos, residuos o muestras de desaseo por parte de los usuarios ni del servicio.
Disfrutar la ciudad
El metro de Medellín resuelve su cometido básico que es transportar gente y, al igual que otros metros famosos del mundo, su diseño y trazado conlleva, convoca y teje una red de disfrute visual y conceptual solamente empañado por el río contaminado que discurre paralelo.
Los niños medellinenses que quieren remontar sus cometas en esta ciudad "de eterna primavera" descienden en la estación Niquía y están al pie de las laderas del Cerro Quitasol. Y sus padres pueden optar por el Polideportivo de Bello o el parque Tulio Ospina. En cada estación hay una obra de un artista diferente. Puede ser un óleo en tela, un mosaico, una escultura -Reloj de Sol en estación Madera- una cerámica de alto y bajo relieve pintada a mano, una virgen -de las muchas que ofrece el imaginario religioso antioqueño- en vinilo acrílico o una pintura sobre baldosín.
En la estación Estadio el maestro Félix Ángel donó cuatro de sus murales: El campeón, Delio Maravilla Gamboa, Lo bueno y lo mejor y Reflejos y reflexiones. Y en la transferencia de la Línea A a la B fue el maestro de maestros Fernando Botero quien regaló Nuestra Señora de Colombia, una obra en vinílico sobre lienzo. Y puede seguirse este recorrido generador de esa apuesta a una "cultura viva".
En el centro de la ciudad, en medio de edificios administrativos, se encuentra el Parque de los Pies Descalzos, literalmente, para caminar sin calzado y recorrer (guías mediante) senderos con diferentes pastos, arenas, estructuras y tierras, sin que falten fuentes ni senderos de bambú.
Y a pocos metros el Museo Interactivo diseñado para que los niños aprendan jugando y los adultos integren su condición de pertenencia a su ciudad.
Allí, junto a la demostración de una turbina a vapor o de energía eólica, como en un laboratorio liceal, quien visite puede documentarse mediante videos y cartografías sobre el saneamiento y necesario cuidado del agua, el procesamiento de residuos en la ciudad o el funcionamiento del alumbrado público.
Sin dejar de lado el paso por la cámara del aura, el simulador espacial o una especie de tren fantasma pero que en vez de "sustos" ofrece sorpresas y desafíos ecológicos.
Todo empuja hacia el disfrute de lo público como si fuera propio. Al mismo tiempo ilustra sobre cómo proteger esa propiedad de todos, rescatada del terrorismo y en permanente revalorización por una democracia acechada. No es el problema de Medellín sino de toda Colombia, es el narcotráfico y sus variantes: autodefensas paramilitares y parapolítica.
Las soluciones nunca serán fáciles en Colombia. Pero es que tampoco lo son sus problemas: el accionar de 200.000 personas determina la militarización de la vida para los 43 millones de colombianos restantes.
El diente de Gardel
Hubo un porteño de lentes negros, sombrero gris gardeliano y chalina blanca, que durante años merodeó el aeroparque Olaya Herrera. Era el principal aeropuerto de Medellín en 1935 y allí murió Gardel.
Actualmente hay un túmulo que recuerda el sitio exacto del accidente en esa pista, ahora complementada por el aeropuerto de Río Negro a 40 minutos del centro.
El porteño en cuestión estaba allí a mediados de los 50. Turista que aparecía por el lugar del accidente era abordado por el fulano. Y empezaba la actuación: guitarrista sobreviviente o ferviente admirador de Gardel, según la cara del cliente, su vida signada por el final del Mago transcurría en un permanente recuerdo que le llevaba a relatar los pormenores de la catástrofe, a cambio de la previsible propina.
Pero si el turista era del norte, y además crédulo, la fábula cambiaba. El porteño extraía de su bolsillo un algodón que envolvía una pieza dental. "Un diente del Mago, lo único que pude recoger en el sitio". Era su actuación máxima. Comenzaba un tira y afloje no bien el turista ofrecía comprárselo. "No, es lo único que conservo del Mago". Naturalmente que 30 o 40 dólares resolvían el diálogo.
Durante 20 años el porteño vendió cerca de 1.300 dientes y se ufanaba: "todos los dentistas de Medellín trabajan para mí." La historia la narró el periodista argentino Rogelio García Luppo y la retomó el ilustre jurista, ensayista, docente y novelista Carlos Martínez Moreno (1917-1986).
El culto del narcotraficante
EN EL TERCER PISO del Museo de Antioquia, hay un cuadro de Fernando Botero, el mayor artista plástico colombiano. Se llama "la muerte de Escobar" y refiere a una de las grandes (y polémicas) celebridades de los "paisa". La figura -para variar regordeta si de Botero se trata- del capo del otrora lúgubre Cartel de Medellín sobrevuela, de ojos cerrados, pistola en mano, los tejados de la ciudad y evoca el final a sangre y fuego de este hombre nefasto para el imaginario mundial sobre Colombia.
Pablo Escobar Gaviria (1949-1993), "el patrón, el rey, el benefactor, el capo, el criminal, el mito", según Federico Durán en colombialink.com, hoy es el titular de la tumba más visitada del Cementerio de Montesacro de Medellín. Unos, para venerarlo; otros, para pisotearlo, salivarlo y maldecirlo. En el municipio de Envigado hay santuarios en su memoria. Y en la iglesia de la virgen Maria Auxiliadora, en Sabaneta, se mantiene una insólita devoción.
Para quienes son devotos de la madre de Cristo, María Auxiliadora es una de las representaciones más comunes en Latinoamérica. Cuando se ingresa al templo, ubicado a minutos del centro ciudadano, en el costado izquierdo del altar mayor pueden apreciarse entre 120 y 150 velas y velones encendidos. Una monja con tapaboca debido al intenso humo vigila las ofrendas y recibe las que acercan algunos de los siempre numerosos fieles que a toda hora llenan las iglesias y capillas antioqueñas.
Lo destacable es que a partir del mediodía de los martes una determinada fauna invade el templo. Llegan en sus "Rancheros" (camionetas 4x4) algunas marca Hamers prácticamente desconocidos en estas latitudes, verdaderas fortalezas ambulantes de vidrios polarizados, y las clásicas marcas estadounidenses y japonesas. Mafiosos y sicarios elevan sus plegarias a la madre de Dios para que les asista en su trabajo: mantener las redes de narcotráfico, negocios turbios alternos, asistencialismo negro y muertes por encargo sembradas por Escobar.