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Crece la oferta de mártires en Palestina por la falta de oportunidades
Cría bombas y te explotarán en la cara
Los jóvenes que crecieron bajo el signo de la segunda Intifada están cada vez más radicalizados. Viven el aislamiento y la ausencia del Estado como una expresión de violencia. Las muertes de la última semana son prueba de que aún no llegó lo peor.

STEVEN ERLANGER, THE NEW YORK TIMES

Varias generaciones de jóvenes palestinos han crecido sin Estado, furiosos contra Israel como agente visible de la opresión. Pero esta generación está totalmente bloqueada. Los puestos de control israelíes, las barreras y cierres instalados para proteger a los israelíes de los atacantes suicidas palestinos han disminuido el horizonte de estos jóvenes, reducido su noción de Palestina y toda virtual interacción informal con los de afuera, ni qué hablar con los israelíes comunes. Las medidas de seguridad se endurecieron todavía más desde la asunción al poder, hace un año, de Hamas, que pregona la eterna "resistencia" contra la ocupación israelí y rechaza el derecho de Israel a permanecer en esta tierra.

La primera Intifada comenzó a fines de los años 80 y llevó al acuerdo de Oslo con Israel, en 1993. Durante la mayor parte de los 80 y 90, unos 150.000 palestinos entraban a Israel diariamente para trabajar, estudiar y hacer compras. Si bien no eran tratados como iguales, muchos estudiaron hebreo y establecieron relaciones. Hoy, los únicos israelíes que ven los palestinos están armados, son soldados y colonos. Cisjordania está dividida en tres partes por puestos de control; los hombres de Gaza menores de 30 años no pueden casi dejar su pequeño, pobre y superpoblado territorio. Pocos hablan de paz, sólo de una vida entera de "resistencia".

Muchos israelíes están de acuerdo en que la actual generación de jóvenes palestinos se ha vuelto completamente radicalizada, pero aseguran que es consecuencia de los líderes políticos y religiosos palestinos que han sancionado y promovido la violencia y el terrorismo.

Los territorios palestinos son un lugar colmado de juventud, 56,4% de los palestinos tienen menos de 19 años y, en Gaza, 75,6% de la población tiene menos de 30, según la Oficina Central Palestina de Estadísticas. Las encuestas de opinión muestran a una generación que apoya más la lucha armada y el terrorismo que la de sus padres, según Waleed Ladadweh, del Centro Palestino para la Política y la Investigación. La violencia no está dirigida sólo contra Israel sino también entre ellos.

"Todo el tiempo nos vemos impulsados a ser más políticos, más militantes, más religiosos, más extremos", afirmó Shadi el Haj, un estudiante de 20 años de An Najah. "Queremos ser palestinos, como la generación de la primera Intifada. Pero la gente nos presiona: `¿eres de Fatah o de Hamas?`. No era así antes", dijo.

Zakariya Zubeidi creció imbuido de lo que ve como el heroísmo de la primera Intifada, elaborado con la convicción de que el sacrificio traería un Estado y un futuro mejor. Ahora dirige las Brigadas de Mártires de Al Aqsa en la difícil ciudad de Jenín y es buscado por llevar a cabo ataques contra israelíes. "Fue siempre nuestra elección el ser combustible para la lucha", dijo. "Pero hoy nuestro problema es que el auto quema a la juventud como combustible, pero no se mueve. Hay un problema en el motor, en la cabeza".

Zubeidi fue héroe de la primera Intifada. "Cuando era más joven pensaba, `si muero es natural, es por una causa`", señaló. "Hoy pienso diferente. ¿Morir? ¿Para qué? ¿Por esta gente que no puede ponerse de acuerdo? Eso es lo que esta generación teme. Está perdida y sus sacrificios no tienen sentido. ¿Está muriendo el sueño palestino? En estas circunstancias, sí".

En el campamento Nuseirat, de Gaza, en un departamento sobre la poceada ruta principal sin pavimentar luego de que los estadounidenses suspendieran su ayuda a la Autoridad Palestina, Najwa y Taher el-Assar meditan sobre sus tres hijos: Mustafá, de 6 años, Ahmed, de 5, y la recién nacida Salma.

"Los niños se han vuelto más violentos en su forma de pensar -dijo la señora Assar-, de una manera que ya no son más niños". Describió cómo el verano pasado ella y su marido observaban las noticias del bombardeo sobre una playa de Gaza que dejó a una familia muerta, una tragedia que Israel niega haber causado pero que no puede explicar. "Siento que el tiempo se detuvo", aseguró. "Y luego, días más tarde, Mustafá dijo: `Quiero ser gordo, mamá`. ¿Por qué? `Porque quiero ponerme un cinturón de suicida y que los israelíes no se den cuenta`". "Me impresionó -dijo la señora Assar-, pero está en las noticias, el ambiente, el sonido de los Apaches y los F-16 y los cañones. Todo eso los afecta y se ponen nerviosos, Ahmed es muy violento con su hermano. No tiene paciencia, no le gusta compartir y yo tengo que controlarlo todo el tiempo".

El invernadero de Gaza

Para el festival Id al-Fitr, los niños pidieron como juguete kalashnikovs y uzis y saben todo sobre cohetes comunes, los Qassam, que los militantes disparan hacia el sur de Israel. "Ellos clasifican las armas, quieren una determinada", dijo la señora Assar. "Y cuando uno piensa en la violencia, ¿qué futuro vamos a tener acá? Va a ser un futuro muy violento". Su marido intervino: "El mundo va hacia adelante y nosotros vamos hacia atrás", dijo. "Estamos de vuelta en 1948".

En otra parte del campo de refugiados, cuatro combatientes vestidos de negro se reúnen en secreto. Son miembros de las brigadas Abu Rish, un desprendimiento de Fatah que se opone a los acuerdos de Oslo con Israel y que se ha acercado a Hamas. Raed, de 30 años, fue arrestado en la primera Intifada, cuando tenía 16. Se sentía un héroe, pero, para él, el resultado político, los acuerdos de Oslo de 1993, "fueron inútiles y beneficiaron a Israel". Añadió que "nadie puede resistir con piedras o construir una nación sin violencia".

Como sus camaradas, afirma que lucha por el futuro de sus hijos, pero tiene pocas esperanzas para ellos. Y grandes temores. "Hamas y Fatah están tan divididos que el objetivo de Palestina desaparece", dijo. "Yo hablo de mi deseo de que mis hijos sean mártires por Alá, pero honestamente les deseo que estén a salvo y sanos, eso es todo".

Hay bravuconada en ello, pero también frustración. Ninguno de los combatientes que aceptaron hablar si no se publicaban sus nombres cree que un Estado palestino se establezca, ninguno puede imaginar vivir cerca de Israel. Todos ellos quieren partir y empezar de nuevo, en algún otro lugar.

Gaza es un lugar pobre y caótico con 1,5 millones de personas, 70% de ellos refugiados o descendientes de ellos. Más joven, más conservadora y más religiosa que Cisjordania, Gaza es la tierra de Hamas, y su gente está aún más limitada en sus viajes por las restricciones de seguridad israelíes y egipcias. Hay menos trabajo que en Cisjordania, pero más armas.

Con la economía de Gaza detenida, gran parte del trabajo disponible para la gente joven se encuentra en las engrosadas y desorganizadas fuerzas de seguridad o en las milicias armadas o en bandas, muchas de las cuales se basan en lealtades de clanes y algunas de las cuales se involucran más en el crimen organizado que en la lucha. Hamas y la Jihad Islámica, con ayuda financiera de Irán y Siria, son conocidas por pagar al menos a su gente, aunque Hamas no pueda pagar un verdadero salario a todos los empleados de la Autoridad Palestina.

Hassan, de 21 años, se quedó sin dinero antes de terminar la universidad, pero no puede imaginar qué podría hacer con un título en Gaza. "Veo a los graduados y sus diplomas no les sirven acá", manifestó. "Por eso estoy en la resistencia."

Pérdidas mayores

Según el Grupo Palestino de Control de los Derechos Humanos, alrededor del 19% de los muertos desde 2000 tenían menos de 18 años, ya sea por pelear contra los israelíes o entre facciones palestinas.

Mirvat Massoud tenía 18 años y era la primera hija de la familia que iba a la universidad cuando decidió, en noviembre, realizar un ataque suicida. El Ejército israelí había tomado Beit Hanun, en el norte de Gaza, y estaba interrogando a sus habitantes, buscando armas y a los que lanzaban cohetes Qassam hacia Israel. Inspirada por el ataque suicida de 2004 llevado a cabo en Israel por su primo Nabil en nombre de las brigadas de Al-Aqsa, se presentó como voluntaria para convertirse en atacante suicida. Pero las brigadas rechazaron su oferta diciendo que un mártir joven por familia era suficiente. Y luego informaron al padre, Amin Massoud, miembro de Fatah, quien se manifestó impactado.

"Hablé con ella, por supuesto", dijo Massoud, alterado, moviendo sus manos en el aire. "Le dije: `Tu educación será Jihad, ir a la escuela es Jihad. Si te conviertes en médica, eso es Jihad`. Pero no sé qué la llevó a eso, demasiada fe, no lo sé".

Pero la pared sobre el escritorio de Mirvat seguía cubierta con "posters de mártires" de los muertos en el campo de Jabaliya y sus padres sabían que ella se estaba volviendo más religiosa y política. Se enfureció al escuchar los informes sobre una camioneta llena de escolares atacada con metralleta en Beit Hanun y se escapó. Se presentó nuevamente, con éxito esta vez, para la Jihad Islámica. Murió hiriendo a dos israelíes.

En Jenín, en el lejano norte, Suhaila Badawi, de 20 años, conoce todos los detalles de la historia de Mirvat. Considera a Mirvat como un modelo, un símbolo de coraje para las mujeres palestinas y también de tragedia. "Yo no hubiera cometido un acto así, pero la comprendo completamente y la admiro", dijo.

Khader Fayyad de 46 años, vive en Beit Hanun y trabaja como conductor de ambulancias para la Media Luna Roja palestina y es enviado a todos los horrores. "Yo llamo a estos chicos la generación destruida", dijo. "Nadie presta atención a esta generación excepto para reclutarlos, y es muy peligroso".

Él está orgulloso de Ayman, de 16 años, el más brillante de sus hijos. Pero se siente incapaz de brindarle un futuro que valga la pena. El propio padre de Fayyad murió cuando él tenía 17 años. "La resistencia y la política deben ir juntas", agregó. "Yasser Arafat sabía cómo usar una para la otra. Ahora no hay política, no hay conversaciones, entonces los sacrificios de la juventud son desperdiciados y vacíos".

Sin embargo Ayman, como la mayoría de los miembros de su generación, no puede imaginarse viviendo en paz cerca de un Israel que ha destruido su ciudad, ni tampoco ser amigo de un israelí que ha avanzado con su tanque sobre el patio de una escuela. "Israel debe abandonar esta tierra", dijo con enojo, luego repitió lo que le han enseñado, que toda Palestina pertenece a los musulmanes. "Los judíos deberían volver a Europa, a Rusia y América, de donde vinieron", dijo. "No hay lugar para ellos acá".

Si bien los jóvenes palestinos alguna vez soñaron en quedarse para construir un nuevo Estado, ahora muchos están abandonando la idea y planean irse. Moayyed Haj Hussein tiene 22 años, es educado y habla bien. Pero luego que fracasó en encontrar un trabajo durante seis meses, su madre presionó a su cuñado para que le diera uno en una cafetería cerca del puesto de control de Hawara, que el Ejército israelí utiliza para controlar quién entra y sale de Nablus. El café Assanabel es un lugar sencillo que ofrece café a la turca, té de menta y dulces a los palestinos que esperan.

Para Hussein, la cafetería es una especie de prisión liviana, que le da algo de dinero pero ninguna perspectiva de futuro. Odia esperar a la gente y lavar los platos y asegura que todavía busca un trabajo decente. También busca irse, a Estados Unidos si fuera posible, donde vive su hermana, o a "casi cualquier parte donde pueda trabajar y vivir una vida normal".

De acuerdo con las encuestas de Nader Said, para la universidad de Birzeit, el 35% de los palestinos de más de 18 años quiere emigrar. Y cerca del 50% de los de entre 18 y 30 años se iría si pudiera, indicó Said. "Ese es un importante indicador", dijo. "En los peores tiempos, cuando las tropas israelíes estaban por todas partes, la cifra en la población era de menos del 20%".

Los palestinos hablan sobre cómo parecen ser bien recibidos en Cuba o China, ahora que es difícil para ellos conseguir un permiso para trabajar en el Golfo Pérsico o Jordania. Otros afirman que es posible pedir asilo humanitario en países europeos. Pero primero necesitan una visa para llegar. Algunas agencias de viajes de Gaza venden invitaciones ficticias de extranjeros que harían de anfitriones en Cuba, China y otros lugares, junto con visas falsas y reservas de hotel y caros pasajes de avión vía El Cairo.

Hasta los jóvenes combatientes de la brigada de Abu Rish han intentado irse. Muhammad y Saado, ambos de 27 años, vendieron sus armas, tomaron préstamos y pagaron 2.000 dólares por visas y pasajes de El Cairo a Pekín. Salieron de Gaza a través del cruce de Rafah, pero los egipcios los pusieron en un ómnibus, los encerraron con llave y los llevaron directo al aeropuerto. Durante los cuatro días antes de la partida los egipcios los encerraron en una atestada sala de espera del aeropuerto. "Un perro no hubiera utilizado el baño", dijo Muhammad.

El día del vuelo, un viernes, fueron llevados al hall de partida. Pero un guardia de seguridad de la aerolínea examinó sus documentos y los hizo volver. Presumiblemente las visas eran falsas.

Fueron devueltos a la fétida sala de espera y un día después, cuando había ómnibus, fueron enviados de vuelta, primero a El Arish. Allí tuvieron que esperar durante días en una zona aun más desagradable, hasta que se abrió el cruce de Rafah. "Cuando finalmente llegamos a Gaza, besé el suelo", dijo Muhammad riendo por su humillación. "Gaza es el paraíso, dijimos."

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