GABRIEL SOSA
Un concurso para centros educativos que se anuncia como novedoso, y que tiene una financiación internacional muy jugosa, ya tuvo un antecedente casi secreto.
En los próximos días se hará público un programa auspiciado por el Ministerio de Educación y Cultura y administrado por el CVU (Centro de Voluntariado del Uruguay), llamado Proyecto Aprendiendo Juntos 2007.
Se trata de la aplicación de un esquema internacional denominado Escuelas Solidarias, que pretende que los centros de enseñanza en contextos críticos colaboren en la mejora de las condiciones de su entorno.
En el programa, inicialmente, participarían 20 escuelas y liceos de barrios marginales de la capital. La Teja, Paso de la Arena, Unión, Lezica, Piedras Blancas, Camino Carrasco, Manga, Cerro, Belvedere, Ituzaingó y Casavalle. Los beneficiarios de los proyectos de cada escuela estarán entre los identificados por el Panes, incluyendo a niños en situación de calle que puedan ser reinsertados en el sistema educativo.
Con la aplicación del programa, 3.000 estudiantes estarán colaborando con la mejora de su barrio, y de la calidad de vida de sus vecinos. En la página web del CVU, en la presentación del proyecto, se informa de un estudio que demostró que los estudiantes retienen entre el diez y el 15% de la información que reciben en clases, pero el 70% del conocimiento derivado de la aplicación práctica de la información.
Toda esta movida se financiará con una donación del gobierno de Japón, de 150.000 dólares (más concretamente, del Fondo Especial de Japón para la Reducción de la Pobreza, canalizado a través del BID). La contraparte local de esta inversión son 17.000 dólares más.
Este dinero financiará el asesoramiento y al personal necesario para coordinar estos proyectos, y los premios a los cinco que se consideren más efectivos en su cometido: un viaje del grupo escolar o liceal al interior del país, para presentar su idea en un encuentro interdepartamental. Y, claro, el premio universal para todo emprendimiento estudiantil: computadoras para todos.
Según las bases, los proyectos se centrarán en cinco áreas: "alternativas productivas de generación de ingresos, medio ambiente, alimentación, salud y educación". Los cinco proyectos que "tengan mayor impacto en el alivio de la pobreza" serán los ganadores, según criterios que también tendrán en cuenta "el nivel de esfuerzo de los alumnos, creatividad, habilidades desarrolladas en el proceso tales como plantación, cooperación, y trabajo en equipo".
La lista original de veinte institutos de enseñanza debió ampliarse a uno más, porque resulta que un liceo de Canelones ya había aplicado el programa en 2006, sin apoyo institucional concreto, sin premios y sin medios.
Jóvenes pioneros
A fines de octubre de 2005 llegó a las autoridades de Educación una invitación para que una escuela o liceo local participe en el Primer Encuentro de Escuelas Solidarias del Mercosur, en Buenos Aires.
Como el programa nunca se había aplicado en el país, se decidió que quien concurriera fuese el liceo de Colonia Nicolich, un instituto ubicado cerca del cruce de las rutas 101 y 102, en el barrio Aeroparque (curiosamente, Colonia Nicolich queda un par de kilómetros más lejos, por la 102). El liceo tiene algo más de 500 alumnos, de hogares de nivel socio económico y socio cultural bajo y medio.
Un tiempo antes, en la puerta del liceo había ocurrido un hecho de violencia que afectó emocionalmente a los alumnos, y ante el cual las autoridades del centro decidieron organizar una serie de encuentros con los adolescentes y sus padres, como forma de salir del pozo. Cuando se buscó algún antecedente que se acercara a la propuesta de Escuelas Solidarias, el de Colonia Nicolich fue el más parecido, y allá marcharon a Buenos Aires la profesora Lucia Notari y una alumna de segundo año (el liceo cubre sólo el ciclo básico).
En el encuentro descubrieron que la experiencia previa del liceo no tenía nada que ver con el programa de Escuelas Solidarias, pero aprendieron la metodología del mismo y se dieron cuenta del valor que podría tener aplicarlo en su centro de estudios.
De regreso, Notari le presentó el proyecto a sus colegas y a las autoridades. De los 12 profesores del liceo, ocho aceptaron tomar parte del proceso. Se solicitó que cada grupo de tercer año elija dos delegados, a los que se explicó el concepto y que fueron los encargados de plantearlo al resto de la clase. Finalmente, con los grupos de trabajo conformados, se comenzó a trabajar una hora por semana, en horas cedidas por los profesores.
El primer paso del programa consiste en la identificación, por parte de los alumnos, de los problemas principales de su barrio. Cada adolescente participante debió llenar una planilla donde, además de sus datos, se le pedía que, luego de una recorrida por los alrededores, identificara elementos tales como olores desagradables, lugares que mostraría a un visitante y lugares que no, algo que le produzca tristeza, y así varios elementos.
En clase, se procesaron los datos y se depuraron las observaciones de los alumnos. Por un lado se llegó a los temas que ellos consideran más terribles: la basura, los pozos negros y la falta de desagües, la falta de plazas y canchas de deportes, la delincuencia y las drogas. También, tangencialmente, dio un panorama de la imagen que los jóvenes tienen de su entorno. Ante la falta de referencias arquitectónicas propias, uno de los edificios mencionados con admiración fue una iglesia evangelista a media cuadra del liceo, la construcción más prolija y cuidada de la zona.
A jugar
La etapa siguiente no fue fácil. Ante la absoluta carencia de medios, había que encontrar un proyecto adecuado a las fuerzas del grupo. Cuando Notari visitó el Encuentro de Buenos Aires, los proyectos mostrados como ejemplo implicaban elementos fuera del alcance de los alumnos y docentes de Colonia Nicolich (vehículos, viajes de capacitación; en definitiva, dinero).
La mayoría de los problemas identificados por los alumnos (drogas, violencia doméstica, carencia de infraestructura básica) quedaban muy por encima de sus medios. Se decidió entonces construir juegos didácticos con materiales de desecho.
Se comenzó por definir qué conceptos debería enseñar cada juego, según la materia que represente. Se diseñó el juego correspondiente (basado en juegos ya conocidos, como el ludo, la generala o los bolos), y se inició la búsqueda de materiales.
"Desechos" no implicó que los alumnos debieran recorrer los basureros de la zona buscando elementos (además, poco útil puede encontrarse en los basureros de Colonia Nicolich). Cada cual trajo de sus hogares elementos en desuso, que podrían servir para algo.
Con un almanaque y cartones, se armó un juego matemático: "Recordando lo básico". Otro juego matemático, "Triangubolos", está armado con botellas de refresco llenas de piedritas de colores. El "Arcoiris de pelotas", para aprender química, consta de unas pelotitas de papel en una caja decorada, y varias cañas. Hay una "Ruleta del saber" para aprender formación ciudadana, un puzzle con los departamentos del Uruguay, y el más curioso, una especie de ludo, "Caminitos revolucionarios", donde los niños aprenden historia (concretamente, la revolución industrial inglesa) compitiendo patrones contra obreros. Se sabe que es inglesa porque los obreros ganan en chelines.
Con la asistencia de una técnica, se marcó la edad conveniente para el uso de cada juego, de acuerdo a su complejidad y al nivel de los conocimientos necesarios. Como no se pensó que los juegos fueran específicamente para alumnos del liceo, las edades recomendadas van de los ocho a los 14 años.
Los juegos de Colonia Nicolich se probaron una sola vez, porque llegó fin de año y los alumnos de tercero que participaron en el proyecto dejaron el liceo. Pero el año próximo, el mismo equipo docente espera poder comenzar de nuevo, con otro grupo y con otra idea. Con o sin plata de Japón, eso no es lo importante.
Los imprevistos de siempre
EL calendario y las expectativas del concurso Escuela Solidaria están sujetos a diversas variables externas, algunas despreciables, otras al parecer no tanto. En la presentación del proyecto, en la página web del CVU, hay un apartado, casi al final, que trata de prever algunos imprevistos:
V. Asuntos Especiales.
Se espera que los docentes mantengan un nivel mínimo de huelgas que permita cumplir con el programa de trabajo. En el caso de que esto no suceda, se diseñará un calendario alternativo de actividades para hacer coincidir el cumplimiento de las metas con el año escolar.