Sábado 31.03.2007, 09:53 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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Washington Abdala, primer precandidato a presidente de la República
La apoteosis del Turquito
Sin la presencia del maestro Sanguinetti y con la animación de Humberto de Vargas, nació una nueva oferta electoral. El marketing casero promovió al soldado del Foro Batllista a espada del Partido Colorado. Un "uruguayo típico" contra el "voto idiota".

GABRIEL SOSA

La carrera electoral comenzó temprano. El primer precandidato a ser el próximo presidente de todos los uruguayos dio un paso al frente y dijo con voz clara y firme que él quería saber qué se sentía que le pusieran la banda presidencial. Washington "el Turco" Abdala es el primero, de una lista que se adivina larga y complicada.

El acto estaba convocado para las 20 horas. A las 20:05, con la puntualidad de un suizo que perdió su reloj, Abdala llegó a la casa del Partido Colorado. Previo peaje de declaraciones ante las cámaras de televisión ("Estoy pensando en un nuevo Uruguay", una de sus declaraciones no muy inspirada), se dirigió a la Sala de Convenciones. Allí, 300 personas escuchaban emocionadas a Humberto de Vargas, desde el podio, relatar sus experiencias como miltante colorado, su sentimiento de frustración ante el inmobilismo de la militancia colorada, su irritación contra los que quieren hacerlo sentir "un votante idiota" y otras misceláneas. También habló emocionadamente de Abdala y él (a lo mejor no en ese orden de factores). Según su relato, en una de las elecciones pasadas detuvo su auto en la rambla para pedirle listas al Turco en persona. Una de esas listas era para su señora (suya, de Humberto), que por medio de ese acto redentor abandonó una militancia frenteamplista de años para pasarse al Partido Colorado.

"Terminemos con esas reuniones familiares donde porque hay cuatro o cinco frenteamplistas nos quedamos callados", se acaloraba Humberto, llamando a la militancia activa de los colorados. Si se le hace caso, este año va a haber una insólita cantidad de fiestas de Navidad estropeadas.

El acto tomaba color. "Ustedes han visto en la pantalla y están viendo algo que me parece muy importante", dijo Humberto. La pantalla de video encima de su cabeza decía "Washington Abdala - 25 de marzo de 2007" en letras amarillas sobre fondo rojo. Luego se lanzó a una encendida enumeración de las virtudes del principal orador, previa mención de las cartas de apoyo llegadas desde "muchísimos puntos del país" (seis) y de las personalidades presentes para dar su apoyo: Graciela Rompani, Luis Hierro López, Guzmán Acosta y Lara y Antonio Alzamendi. Nada de ex presidentes. Cierto aire de orfandad quedó flotando en el ambiente.

En la verba de Humberto, Abdala comenzaba a tomar proporciones míticas. "Sus propios adversarios saben, cuando se enfrentan a él, cuáles son sus ideas". Sonó heroico, pero un poco confuso.

Cuando no le quedaron anécdotas por contar ni reconvenciones por hacer, y faltando un minuto para las 20:30, Humberto dio paso a la estrella de la noche. Con su mejor proyección de voz aprendida en su vasta trayectoria en teatro (que él mismo acababa de recordar, para remarcar cómo se mantenía fiel al batllismo en un medio dominado por la izquierda, "casi diría que por la ultra izquierda"), emocionado y gritón, le dio entrada a "¡La espada del Partido Colorado! ¡Sin pelos en la lengua... Washington Abdala!".

Ovación de pie.

La espada sin pelos

"Muy bien, muy bien", comenzó Abdala.

"Vengo a ponerme el Partido Colorado al hombro, de frente y mano", fue una de sus primeras declaraciones aplaudidas.

No es decir poco. Luego de la debacle electoral de las elecciones de 2004, y de una poco brillante actividad política reciente, el partido de Rivera va a necesitar algo muy parecido a un milagro para ganar las siguientes elecciones. Además, antes de llegar a esa instancia, Abdala debe atravesar las elecciones internas, y muy probablemente competir por su candidatura con Luis Hierro López (una de las cuatro personalidades presentes) y con Tabaré Viera (ausente).

Una de las armas esgrimidas por Abdala es su historial irreprochable. "No creo que nadie pueda hacer ningún tipo de recriminación ética hacia mi persona", dijo el precandidato. Con la mano en el corazón, hay que reconocer que muy probablemente sea cierto.

También se considera un tipo muy al día en cuestiones técnicas (una de sus frases: "les pido que se lo graben en el disco duro y armen un ADN victorioso"), y por sobre todo, muy, pero muy, abierto y comunicativo.

En la Era de la Comunicación, Abdala se esfuerza por estar comunicado. En una folleto que se entregaba al ingresar a la Sala de Convenciones, junto a un breve resumen de la vida y carrera del convocante ("Washington Abdala es un típico uruguayo. Está casado con Verónica Grauert y es padre de un casal"), una hojita enumera los medios de comunicación accesibles: dos casillas de email (una personal, otra del Parlamento) y el blog que lleva adelante, a pesar de varios disgustos debido al tenor violento y poco respetuoso de los comentarios que le dejaban los visitantes. También se menciona una selección de videos en Youtube.

Además, se considera autocrítico. Básicamente, reconoce que "me han señalado aspectos políticos de la construcción política de me personaje que son criticables", en concreto su papel como "soldado" del Foro Batllista, pero se defiende diciendo que "lo que algunos creen que fue obsecuencia, yo lo viví como lealtad".

Y sobre su aspecto físico... "yo soy como soy". "La política del maquillaje es una mentira de patitas cortas", dice, y la sombra de la muy disimulada (casi al nivel de política de Estado) alopecia del presidente Vázquez revolotea por el salón, sin que se la mencione.

A los bifes

Pasado el momento de lo personal, Abdala comienza a tirar la carne al asador. Primer reclamo: le solicita encarecidamente a Tabaré Vázquez que retire de su cargo de inmediato a Gonzalo Fernández. "No se debe ejercer la profesión de abogado desde esa cima de poder".

Enseguida aseguró que "la pretensión del Frente Amplio de dividir al mundo en buenos y malos se ha derrumbado". Acto seguido dedicó veinte minutos a demostrar cómo los dirigentes frenteamplistas son más malos que el dengue y la aftosa juntos.

Como se trataba de un acto de campaña, Abdala no se anduvo con chiquitas. Su estrategia es confrontar al gobierno frenteamplista, la contemporización es para los blandos (o para los otros candidatos). Uno a uno y sin piedad, marcó todos los puntos débiles que la administración Vázquez ha acumulado hasta ahora. Tampoco es que viniera con ninguna sorpresa, o que destapara alguna tramoya: Nicolini y su carné de pobre, la interna revuelta en Maldonado, Bengoa y el déficit en los casinos municipales... "¿Metidas de pata o manos en la lata?" se pregunta el suspicaz Abdala, despertando asentimientos de comprensión entre el público.

Luego marca la raya: el Partido Colorado es diferente. "En todos los aspectos de la vida hay que ser y parecer", asegura. Y para que quede claro: "El que las hace en este Partido, las paga".

Cero ejemplo concreto. El discurso continúa.

Nuevas consignas

El agro debe reformularse ("¿Por qué tanto miedo a la forestación?"). La educación debe reformularse. La seguridad debe reformularse ("¡No nos cuida nadie!"). Y la política exterior debe reformularse, incluso desde ya. Algunos destaques: "Terminemos con un Ministerio de Relaciones Exteriores que parece una sucursal del Partido Socialista". "Uruguay no nació para arrodillarse frente a Argentina". "Este Mercosur no es lo que se había planteado". Y por sobre todas las cosas, "no le hagamos los mandados a los poderosos del mundo", dijo el hombre que hizo gran parte de su carrera política siendo conocido como el soldado de su Partido.

Para Abdala, la reforma tributaria es una imposición de las economías extranjeras. Según él, al tener un sistema impositivo similar al de las grandes potencias, la economía uruguaya será menos competitiva, que es lo que se busca. Y en un arranque de fervor, llama encarecidamente a todos los uruguayos a (literalmente, parece) "dar la vida por la derogación de la reforma tributaria". La audiencia lo aplaude rabiosamente. Nadie se detiene a reflexionar qué largo camino ha recorrido el Uruguay desde "Libertad o Muerte" hasta "Derogación del impuesto al patrimonio o Muerte".

El fervor contra la reforma tributaria continúa: es "el camino al Infierno del contador Astori", asegura.

El tono de Abdala es medido, un cuidado balance de entusiasmo y calma con varios recursos coloquiales, que logra la proeza de no caer en mujiquismos ni en vazquizmos ni, más proeza aún, en sanguinettismos. En los momentos más calmos de su discurso, los que menos aplaude el público y en los que menos levanta la voz, es cuando presenta lo que tal vez sean sus mejores puntos, los que, depurados y llevados a la confrontación política, sean más difíciles de rebatir. "Este gobierno pensó que era el Mesías, que cuando ellos llegaran la gente no se iba. Y la gente se sigue yendo". De todo su discurso, tal vez este fue el punto sobre el cual sería más valioso reflexionar.

Pero nadie reflexionó nada, porque a continuación llegó la velita de la torta.

El gran momento

Eran las 21:15 cuando Abdala empezó a tomar carrera. Comenzó un preámbulo sin mucho sentido, cuyo único fin era dar potencia a lo que se venía. Porque tal y tal cosa, viendo que esto y lo otro, ya que pin y que pan... "este acto no es una movida personalista, todo lo contrario..."

Aumenta la expectación... se contiene la respiración... el orador sube el tono... y por fin...: "¡Quiero ser el candidato a presidente del Partido Colorado!".

Aplauso de pie, pero un poco tristón, anticlimático. En Estados Unidos, por ejemplo, hubiera empezado a sonar música, hubieran llovido globos del techo y papel picado. Abdala gritó "Viva el Partido Colorado" y alguna cosa más, bajó del escenario y empezó a saludar gente. Fin del acto.

Por los parlantes del salón comenzó a sonar música. No te va a gustar primero ("Había una vez en un pequeño país/donde alguna gente se sentía feliz..."). Y luego El cuarteto de nos, con su tema Así soy yo ("No tengo penas, ni tengo amores/Y así no sufro, de sinsabores..."). Una oda a la abstención como cierre de un acto donde uno de los reclamos principales fue la urgente necesidad de participación militante. Alguien en la organización de eventos del Partido Colorado, al parecer, tiene un sentido de la ironía muy desarrollado.

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Gloria. Abdala, el primero en tomar la posta para la carrera presidencial, dándose un modesto baño de multitudes.
Foto: El País. Fotógrafo: María Inés Hiriart.
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