La ausencia más temida

| La desaparición de personas crece y es un fenómeno complejo de solucionar. Más allá de las preguntas lacerantes que provoca, las sociedades deben crear un sistema de pronta respuesta.

JUAN MIGUEL PETIT

Todo el mundo conoce en Estados Unidos a John Walsh. También es muy conocido en muchos países, especialmente en aquellos donde la señales de la televisión estadounidense están entre las preferencias locales. Porque John Walsh es un cincuentón carismático, convincente y muy entusiasta. Con su programa America`s most wanted (Los más buscados de América) en la cadena ABC batió récords de audiencia durante años. Hoy tiene dos estudios a su cargo, uno en la costa Este y otro en la costa Oeste, con 300 periodistas, investigadores y archivistas en la producción del programa.

En 1981 Walsh vivía en Hollywood, Miami, pero ni soñaba con dedicarse al periodismo. Era un padre joven y empresario exitoso, dedicado a construir casonas en medio de grandes parques para acaudalados jubilados en búsqueda de buen clima y calma. "Era feliz, estaba convencido de que el sueño americano era realidad, que la fortuna estaba ahí mismo, todo era cuestión de hacer lo correcto y alcanzarla", dijo.

Una tarde de 1981 su esposa, Reve, fue con su hijo de seis años, Adam, a un shopping mall, uno de los tantos, una de las tantas veces... El niño quedó mirando la sección de juguetes de la tienda Sears mientras la madre se alejó un poco buscando el sitio de los electrodomésticos. No lo vio nunca más. "Cuando no lo encontraba, mi mujer me llamó. Fui corriendo y llamamos a la Policía del lugar. Después a la del condado. Después al FBI. Pasaron las horas y nada. Había una cantidad de gente interviniendo en el caso pero nada sabíamos, nada se esclarecía. Yo no podía creer que eso estuviera pasando en mi país", dijo Walsh.

Dos semanas después el cuerpo del niño apareció decapitado. Walsh cayó en la más absoluta desesperanza. "Dejé mi casa. Abandoné la empresa, que quebró. Me dediqué al alcohol, me arrastraba por las calles de noche sin saber qué hacer", recordó. Tiempo después, luego que un amigo suyo se lo solicitara, lo invitaron a un programa de televisión en Nueva York, donde se presentaría el tema de los niños perdidos, secuestrados o desaparecidos. Aunque renuente, aceptó ir. "Era muy imponente ir a un canal a Nueva York. De golpe me encontré en una sala de espera con padres a los que les había pasado lo mismo que a mí y a mi mujer. Antes de que se encendieran las luces del estudio y cada uno empezara a contar su historia, decidí que tenía que hacer algo para reunir a todos los que estábamos pasando por lo mismo. Ya no podíamos esperar a las autoridades", dijo Walsh.

Así nació, a partir de una tragedia y de las limitaciones de las autoridades para lidiar con ella, el primer esfuerzo para crear un dispositivo de búsqueda urgente de niños y adolescentes extraviados con riesgo de vida. Walsh atrajo gente, dólares y la atención de los medios masivos. Se creó el Centro Nacional para Niños Desaparecidos o Explotados y con él varias herramientas para evitar desenlaces como el de Adam: una ley obligó a dar difusión a los casos de menores perdidos y en riesgo, se crearon líneas telefónicas de denuncia, auxilio y monitoreo habilitadas las 24 horas, también legalmente se ordenaron las competencias de las policías locales, regionales, estatales y nacionales, se crearon cuerpos de voluntarios (similar a los de Bomberos) listos a intervenir en búsquedas inmediatas ante las denuncias en sus respectivos condados o ciudades, se estableció un sistema de difusión de imágenes de los niños buscados.

El alerta ámbar

Cuando esto ocurre, la foto del menor sale en la televisión, en los tiques de supermercados, estaciones de nafta, carteles de tránsito y se irradian obligatoriamente los datos por radio, banda ancha y por diversos servicios públicos (bomberos, ambulancias, taxis, ómnibus, aviones, barcos....). Todo el conjunto es conocido como el "amber alert" ( "alerta ámbar"), originariamente en recuerdo de la niña Amber Hagerman, también asesinada, pero que resume en un color la situación de peligro inminente.

Otro paso importante fue estructurar un protocolo para definir cuando un caso realmente requiere activar el "alerta ámbar". Walsh recuerda cómo ésta carencia afectó la búsqueda inmediata de su hijo Adam: "Se evaporaban las horas. Un policía llamaba a otro y éste a otro. Ya va a aparecer, nos decían al principio. Tienen que esperar un poco, decían. Había problemas de competencia. Cuando se dieron cuenta de que era algo muy grave, se habían perdido las horas más importantes". Se estima que este programa ha salvado a unos 250 menores de edad que estaban secuestrados o que fueron encontrados bajo el control de personas con graves antecedentes penales.

25 años después, John Walsh dice que el dolor no para nunca. Ahora en la calle le piden autógrafos por su programa televisivo, al que lo llamaron a conducir cuando un productor vio en ese hombre que clamaba por justicia y por un sistema de reacción rápida ante desapariciones de niños a un comunicador nato. El programa recibe datos de personas que han visto o creen haber visto a criminales buscados por el FBI y luego reconstruye sus pasos una vez que son detenidos cuando las pistas resultan ciertas. Su éxito actual y su familia rearmada-ahora vive en Washington con su mujer y tres hijos- no borran nada de lo ocurrido. "Todo el mundo habla de cerrar una etapa, pero eso no existe. Nadie que haya vivido algo parecido puede pensar en clausurar este dolor, simplemente porque la vida te cambia para siempre. Lo que nos mantiene es la idea de hacer cosas para que la muerte de Adam no haya sido en vano", asegura.

Las descoordinaciones administrativas, policiales, la falta de un sistema claro y estandarizado que indique cuándo y cómo se debe activar un sistema de búsqueda regional o nacional, no contar con canales de comunicación inmediatos y masivos, no tener definido qué papel pueden jugar voluntarios o allegados a la familia de la víctima, la falta de intervención en las primeras dos o tres horas desde que ocurre la desaparición, son factores que resultan conocidos.

En casos de este tipo ocurridos en Uruguay, los familiares a veces tienen que deambular por comisarías, reparticiones policiales o recurrir a conocidos o personas con contactos para que alguien les crea que hay que actuar inmediatamente.

Puede decirse que el desenlace fatal en muchos casos no puede evitarse con ningún sistema preventivo. Es cierto. Pero contar con un sistema de búsqueda inmediata, eficiente e inteligente, no solamente puede llegar a evitar algunos desenlaces irreparables. También puede dar la tranquilidad de que se hizo todo lo que era posible hacer. Despejar al menos algunas de las lacerantes preguntas que quedan después de estos casos, no es poco.

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