La pasta al pesto de julio marenales

A saber por los dichos del dirigente tupamaro Julio Marenales en la entrevista publicada por Qué Pasa el 10 de febrero de 2007, hubo un Uruguay en que los huérfanos se podían criar con fideos con pesto. Hoy a la mayoría de las familias uruguayas -no los huérfanos pobres- les resulta difícil acceder a un plato de pasta con un pesto bien hecho. Las nueces están un poquito caras, unas hojitas de albahaca salen lo mismo que dos o tres acelgas.

Aquel Uruguay en el que se criaban huérfanos con pasta al pesto, se dijo que estaba en "crisis" y se creyó necesario darlo vuelta por las armas. Obnubilados por la ideología, el mesianismo, el desprecio a la democracia representativa y la experiencia cubana, buena parte de la izquierda y los tupamaros que dirigió y dirige Marenales, se equivocaron al leer la realidad.

Veían una "crisis" donde seguramente había problemas, tal vez algunos graves, pero no escucharon a nadie. Ni siquiera al argentino Ernesto "Ché" Guevara advirtió en el paraninfo de la Universidad de la República que se debía conservar lo que se tenía.

Aquel Uruguay en "crisis" padeció luego situaciones sociales, políticas y económicas, mucho peores que las que marcaron la década de 1960 y en 1985 al reinstitucionalizarse el sistema democrático varios sindicatos reclamaron los sueldos de 1968.

El intento revolucionario fracasó porque no tuvo apoyo de la ciudadanía y porque sus protagonistas se equivocaron al leer la realidad.

Cuarenta años después y como si nada hubiera pasado, Marenales persiste en el error. Insiste con su mesianismo cuando dice que la "izquierda uruguaya hizo simbiosis con el sistema" y él sigue siendo el puro que guarda el depósito de la verdad ideológica. Sigue utilizando categorías de análisis marxistas como si tuvieran valor científico, ignora el fracaso ideológico y político de los regímenes que apelaron a esos paradigmas.

Lo más preocupante es que Marenales siga jugando a la mosqueta con la democracia. A él le interesa que Mujica traiga gente (junte votos), pero no le importa con qué discurso el ministro de Ganadería pidió el respaldo de la gente. Marenales quiere "pudrirle el mate" a la gente. Y efectivamente lo hace, porque vende como buena ideología fracasada, "fruta podrida" como sé que le llaman los periodistas. Marenales, no juega limpio. Se aprovecha de la democracia, pero no cree en ella. Se vuelve a equivocar y no entiende lo que la mayoría de los uruguayos sí quieren. Incluso lo que la mayoría de los votantes del Frente Amplio quieren. Equivocado, Marenales cree que se puede hacer política desde la experiencia vital de cada uno. Las referencias que hace Marenales de sí mismo durante la entrevista apenan, pero que las eleve a categoría de análisis y práctica política pone en alerta. ("Yo quedé huérfano a los diez años. Comía fideos con pesto. Si uno vive así, sabe cosas que los demás no", Mujica "nunca estuvo bajo el mando de un patrón", pero él sintió "la explotación muy de cerca").

Su actitud, recuerda la tarde del 12 de octubre de 1936, cuando en la Universidad de Salamanca Miguel de Unamuno respondió al grito de "Muera la inteligencia. Viva la muerte" del general franquista Millán de Astray. El filósofo dio a entender que Millán era un mutilado que, sin el espíritu de grandeza de otro mutilado como Cervantes, seguramente sentiría satisfacción de verse rodeado por una España de mutilados.

Los países con los mejores índices de desarrollo humano fueron construidos por partidos socialdemócratas, que garantizaron libertad, democracia política, desarrollo económico y esfuerzos por distribuir justamente las riquezas producidas. Se construyeron en base a consensos democráticos y no a revoluciones. Marenales "sólo" adhiere "a la revolución" y por lo tanto, a lo que es claro que no adhiere es a la democracia política. Sigue creyendo que tiene la verdad, la medida de la coherencia y la vara para juzgar a quienes son buenos malos. Y sigue trabajando para pudrir el mate. Marenales ya se equivocó, pagó más caro de lo que merecía pero no aprendió. Da pena.

Los lectores interesados pueden escribir aqpasa@elpais.com.uy, al fax 902 0464 o por correo a Zelmar Michelini 1287.

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