Cuidados Paliativos
Dra. Gabriela Píriz, Hospital Maciel
Les escribo desde el Servicio de Medicina Paliativa del Ministerio de Salud Pública para referirme a la publicación sobre centros de alta tecnología y a un centro de Medicina Paliativa en Nueva York, Monte Sinaí, donde la Dra. Diane Meier atiende pacientes terminales calmando los dolores, haciendo hincapié en la comunicación y en definitiva, ayudando en la calidad de vida y en la calidad de muerte. Desde el año 2004 aquí asistimos a pacientes terminales durante su internación, en el consultorio y en el domicilio. La mayoría de los asistidos en domicilio fallecen allí rodeados de sus familiares.
Existen otros equipos en la órbita pública y privada que con mayor o menor dificultad, y con apoyo variable de las Direcciones Hospitalarias, llevan adelante la tarea.
Como usted bien dice "son exactamente el tipo de pacientes que suelen perderse en el actual sistema de salud, hiperespecializado y dirigido hacia la cura". Nuestro objetivo y el de todos los que trabajamos en Medicina Paliativa es brindarle a nuestros enfermos un lugar en el actual sistema de salud que los respete y los ayude a vivir sin dolor y con la mejor calidad de vida posible.
Enamorada del Conde
Uruguaya Anónima, Montevideo
Difícil de creer y quizás, risible, pero así fue. Vivo en el centro desde hace varios años y un día, al echar en un recipiente de residuos un panfleto de propaganda, surgió detrás de mí una mano que, cuidadosamente, comenzó a remover los desechos. Asombrada por la belleza de esa mano, miré hacia atrás para saber de quién era.
Era una parte de un todo de belleza y proporción tan perfectas como nunca había visto en la realidad (Donatello, Peter O`Toole en Lawrence de Arabia, etcétera).
Era un hombre vestido casi con harapos, con el pelo como se usa ahora pero con descuido que, a pesar de eso, tenía un porte (la llamada allure), y una elegancia y armonía de movimientos que me deslumbró para siempre.
Mi falta de cancha con hombres desconocidos y conocidos, y el temor de herir a alguien que, por circunstancias incomprensibles, vivía así, me impidió siempre hablarle.
Sólo por admirar su paso elegante lo seguí varias cuadras, muchas veces, lo observé sentado en un banco de la Plaza Cagancha leyendo sin leer, siempre con una mirada más allá de todo. Creo que nunca me vio ni me miró.
Ni un gesto vulgar ni grosero, sin pedir nada, sin hablar con nadie. ¿Quién era? ¿Qué perfecta ecuación genética dio como resultado un ser tan excepcional, por qué se perdió un equilibrio tan perfecto? Lo supe por su artículo tan interesante y otro anterior con foto de su rostro increíble y caminando.
Sólo quiero que, si Ud. se comunica con él le enterara de estas líneas muy sinceras, que le dieran un momento de bienestar y reconocimiento de una uruguaya anónima que le considera el uruguayo más fascinante que haya visto.
Los lectores interesados pueden escribir a
qpasa@elpais.com.uy
, al fax 902 0464 o por correo a Zelmar Michelini 1287.