Ignorados de frente

| Cambia, nada cambia. Sólo uno de cada cinco frenteamplistas va al comité de base. ¿Qué dicen esos militantes del gobierno por el que tanto lucharon? El difícil paso de las consignas a la realidad. Cómo es ser gobierno y oposición al mismo tiempo.

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NAUSICAA PALOMEQUE

A redoblar, a desalambrar, No nos moverán, Germán Araújo, Alfredo Zitarrosa, Che Guevara son palabras emblemáticas de la izquierda uruguaya y latinoamericana y los nombres de algunos comités de base de Montevideo, lugar de encuentro de los militantes frenteamplistas. Los politólogos los llaman los ideológicos, porque son los más aferrados a las ideas de izquierda, los más interesados e informados en política. Y los más exigentes con este gobierno, porque trabajaron mucho para que el Frente Amplio llegue al gobierno y se sienten parte de él.

Dentro de los militantes hay matices. Los más radicales, con raíces ideológicas muy tradicionales, tienen muchas dudas y hasta se sienten traicionados con la llegada de la izquierda al poder. Y están los más comprensivos, que se adaptaron a los cambios programáticos e ideológicos del Frente Amplio y tienen esperanza, según los testimonios de los militantes consultados y la opinión de los politólogos. No hay estudios sobre cuántos uruguayos militan hoy en política, pero todos coinciden en que cada vez son menos. Cada vez hay menos militantes en Uruguay y en el mundo.

Las razones son múltiples: porque los tiempos son otros y cada vez se participa menos en política, quedan pocos referentes después de la caída del muro de Berlín y muchas personas ya no le encuentran sentido a pelear por grandes causas. Porque los medios masivos cambiaron la forma de comunicación política, hay otras formas de participar en actividades públicas y nuevas formas de hacer política y muchos prefieren trabajar en propuestas sociales concretas y con resultados más inmediatos. Porque las posibilidades se diversificaron y hay nuevas opciones como las cooperativas, los temas ambientales, las merenderos, los clubes barriales, los temas de medio ambiente. Y específicamente en Uruguay porque muchos militantes no están de acuerdo con los cambios programáticos y el proceso de moderación ideológico del Frente Amplio en su carrera electoral. Por eso el desconcierto y la desilusión de muchos. (Ver recuadro)

No es la opinión del 57% de los uruguayos, que en el segundo trimestre aprueba la gestión de Tabaré Vázquez, según la última encuesta nacional de Factum.

Dentro del electorado frentista 55% se identifica con el centro y 45 con la izquierda. Pero dentro de los que se consideran de izquierda hay distintos niveles de compromiso, como en círculos concéntricos, a medida que se reducen aumenta el compromiso, explicó el politólogo Daniel Chasquetti. Los que se consideran simpatizantes reducen su actividad a las elecciones y algún acto electoral importante. Con mayor participación están los adherentes, inscriptos en los comités de base y que pueden votar en las elecciones internas de su partido. Para ser adherente alcanza con anotarse, ser aceptado por el comité y pagar una cuota mínima, de cinco pesos en el interior y 10 en Montevideo. Pero no siempre los adherentes son militantes. No tienen por qué asistir al comité ni participar activamente. Esos son los militantes y son los menos.

En las elecciones del 25 de agosto, cuando los comités de base eligieron sus autoridades y delegados, votaron 206.569 uruguayos, 94.285 menos del total de habilitados, según datos de la sede Central del Frente Amplio. Y muchísimos menos que los 1.124761 que votaron al Encuentro Progresista en las elecciones nacionales del 31 de octubre de 2004. El número de comités de base que participó en las elecciones en Montevideo es estable: 171 en 2000 y 172 en 2006, pero ese dato no siempre refleja la actividad de los militantes, porque no todos los locales funcionan en forma constante y hay adherentes que sólo participan en la elección. No hay datos comparativos sobre el interior.

Mirando a Sonia

Un poco desencantada con el gobierno pero con ganas de seguir trabajando y con esperanza, Norma Mediza sigue militando. Tiene 56 años, es ama de casa y siempre votó al Partido Comunista.

Empezó a militar en el 67, cuando se afilió a la Juventud Comunista. Durante la dictadura encontró la forma de seguir participado en las comisiones de fomento de la escuela a la que asistían sus hijos, la 87 del Cerrito de la Victoria. Después de la dictadura volvió al comité de base de la zona. Cuando tuvo otra hija se alejó por un tiempo, pero hace años sintió que era tiempo de volver.

Humilde, Mediza milita en el comité de base José Artigas del Cerito de la Victoria y sigue pensando lo mismo que cuando tenía 20 años: la izquierda es la forma de terminar con la pobreza y de llegar a una sociedad más justa. "Soy hija de un obrero de la construcción y yo veía cómo trabajaba y lo maltrataban. Mi hermano me dijo que el comunista tenía que ser el mejor padre, el mejor amigo y el mejor militante y yo me convencí".

"A mucha gente le entró la desesperanza, yo también esperaba otra cosa, pero sigo igual. Estoy convencida de que el FA es la única vía. Ahora tendría que empezar la verdadera militancia, pero para muchos compañeros la cosa fue llegar al gobierno y ya está. Nos costó mucho llegar y necesitamos como 15 años para arreglar este país".

Mediza tenía otras expectativas. Pero está conforme con algunas medidas del gobierno: sobre todo con los avances que se hicieron en derechos humanos, con los consejos de salarios, aunque espera mayor control y que se cumplan los convenios. También está contenta con que se hayan retomado las relaciones con Cuba, tiene un familiar que se operó de cataratas en la Operación Milagro: "Eso está muy bien".

En el placard de su casa tiene su libro de cabecera: el que tiene las resoluciones del último Congreso del Frente Amplio, de 2002. Dijo que debería ser la Biblia de todo verdadero militante, "porque tenemos que ser muy vigilantes y muy críticos ahora que somos gobierno". Sobre la mesa, al lado del mate y los buñuelos, tiene el diario La Juventud y La Carta y en la televisión transmiten La noticia y su contexto, de Canal 5. Es su programa y su canal favorito, le gusta mucho el perfil que tiene desde que está Sonia Breccia a cargo. Incluso, querría que tuviera más información del gobierno, "así nos enteramos lo más posible, directamente de los gobernantes y no tanto de los periodistas, un verdadero canal del Estado".

Con ganas de conversar, todos los militantes consultados lo disfrutan, Mediza fue crítica con el que siente que es su gobierno, pero tiene paciencia y confía en el futuro. "Pensé que iban a ser cuatro, cinco medidas así, urgentes y radicales, que se vieran, de impacto". Entre ellas, un "verdadero" aumento del salario mínimo, mejoras a los jubilados, que se renegociara la deuda externa y se suspendieran por un tiempo los pagos y se atendiera más a lo social, "hubiese preferido que se cumpliera con lo de la deuda social. El Plan de Emergencia on paños tibios, porque se termina. ¿Y después qué?".

"Después vendrán otras medidas", se sumó su marido al diálogo, Nelson Fenández, un pescador jubilado que también es militante. Fernández es lo más parecido al imaginario del militante frenteamplista: boina negra, barba larga, termo en mano, tabaco y ese gesto de asentir con la cabeza en silencio y discutir con entusiasmo cuando la compañera, su esposa, opina diferente. "Militamos juntos, pero pensamos distinto", contestó ella, mientras él negaba con la cabeza y prendía su siguiente tabaco. "Tendrían que haber hecho una limpieza total de la banca, terminar con el secreto bancario y con la corrupción", agregó.

Pero lo que menos le gusta a este matrimonio de militantes son los acuerdos con Estados Unidos. "Tienen eso de que somos indios, te da pavor lo que piensan de nosotros, un tratado con ellos, del tipo que sea, es tenebroso, porque Estados Unidos está en una crisis económica espantosa y van a tratar de salvar el pellejo con nosotros", dijo Fernández. "No me gusta, el problema siempre estuvo entre capitalismo y socialismo, ese es el fondo del asunto. ¿Qué queremos? ¿Una sociedad capitalista de protección a los bancos, de empresas que sólo se defienden sí mismas o una sociedad más justa y solidaria? Hay que apostar a la integración y a América

"Las Venas Abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, es lo que está en la cabeza de la izquierda tradicional que choca con el modelo que está implantando este gobierno, que es muy pragmático", dijo el politólogo Juan Carlos Doyenart.

Me siento traicionado

Mediza contó que últimamente le pasó de todo, incluso, una señora le empezó a gritar que ella era el diablo. Algunos vecinos la sacan corriendo, otros la escuchan desde la puerta, los menos la dejan pasar. Es difícil hablar con los vecinos y explicarles la gestión del gobierno. "Antes era más fácil y era más lindo. Esperábamos las próximas elecciones, las próximas, las próximas… El trabajo no cambió mucho, el puerta a puerta, la feria, pero la gente te cuenta sus miserias y el compañero común que está preocupado por lo diario a veces no entiende que nos falta tiempo, que hay que seguir luchando, que nos entregaron un país hecho pelota". Y ella no siempre tiene explicaciones, porque hay medidas que tampoco comprende. Pero sigue trabajando, porque siente que hoy su responsabilidad es mayor.

De traición habló José Luis Vázquez, de 46 años. En un rincón de la radio CX 36 contó que es frenteamplista desde siempre, tanto que le decían en broma que era primo de Tabaré Vázquez. Comenzó a militar en el comité de base de su barrio, en el Cerro. Después en los sindicatos de sus trabajos: el de vestimenta y en el gremio textil. Estudió periodismo en la UTU y el centro comunal del Cerro. Hoy escribe en el diario La Juventud y sale al aire en CX 36, desde donde cubrió la campaña electoral de Tabaré Vázquez. Fue secretario de la coordinadora Cerro hasta 2000. Hoy adhiere al 26 de marzo.

"Yo no lo voto nunca más a Vázquez. Esta es la mayor traición que se la hizo al pueblo uruguayo desde 1815, después de Artigas". Verborrágico y muy enojado, cuestionó todas las medidas del gobierno, no rescató ninguna. "Que se voten las maniobras Unitas cuando toda la vida votaste en contra es increíble. Que se envíen tropas a ocupar Haití, que los haya mandado Batlle no me extraña, ahora, que los mande el Encuentro Progresista y que te digan que es antiimperialista es de terror. Pagar como estamos pagando la deuda externa es una mentira, hacer un acuerdo con Estados Unidos y que lo acepten hasta los comunistas es increíble. El presidente de la República mintió cuando el 1 de marzo dijo primero va a estar la gente y después los organismos financieros, pero no fue así."

El politólogo Santiago López explicó que "la conciencia ideológica se transforma en un valor para los militantes de un partido que llega al gobierno y que fue muy fuerte como oposición. Para los militantes, la consistencia ideológica en el tiempo es un valor y perderla, poco moral".

Vázquez reconoció que el Panes sí fue una apuesta a lo social. Pero equivocada. "Acá lo que hay que hacer es un relevamiento de la riqueza, no de la pobreza, no podés terminar con la pobreza si no atacás la riqueza."

Dijo que la gente no quiere asumir que fue engañada y que está "hipnotizada" con el gobierno. Él confía en que se vaya gestando una oposición "cierta, real y de izquierda". Allí ubica la gente de La Juventud y la 36, algunas sectores del Fucvam, del sindicato de los taxistas y Adeom. Y dentro de los sectores político partidarios la Corriente de izquierda y el 26 de Marzo, al que adhiere. Para él no quedan militantes, la mayoría está desilusionada y fue desmovilizada desde el propio partido, para que no cuestionen al gobierno, "porque los comités siempre fueron muy críticos y éramos ideales en la oposición, pero no en el gobierno".

Noche de comité

Antiimperialismo, rechazo a Estados Unidos, integración latinoamericana, desconfianza hacia la inversión extranjera, incluso anticapitalismo fueron consignas que aparecieron en los discursos de muchos militantes consultados cuando se preguntó por el vínculo con Estados Unidos, uno de los temas donde aparecieron los elementos ideológicos más arraigados. Román Gutiérrez, del Partido Socialista, dijo que le encantaba la publicidad del banco venezolano Bandes, la que habla de la patria grande conjurando la maldición de Malinche. "Es así, tenemos que unirnos todos, porque Estados Unidos es un imperio terrible, no se puede negociar con el imperio, tenemos que ponernos todos de acuerdo para ser fuertes y aguantar."

Es noche de viernes y en 8 de Octubre y Estero Bellaco hay reunión del comité. Afuera se ven autos y alguna motoneta. Adentro huele a café y una señora reparte vasos de plástico y ofrece galletitas. Las personas van llegando, unas 15 personas que se saludan, se abrazan y empiezan a sentarse en las sillas de plástico blanco. La mayoría ronda los 50 años, gente de clase media, señoras maquilladas y con chales, varones con pantalón de vestir y camisa, incluso de traje.

Allí no se ven ni termos ni mates, pero algunas tradiciones se conservan. La palabra compañero, el pedido de permiso para tomar la palabra, la pregunta de si alguien quiere decir algo más. También hay referentes en las imágenes: en las paredes del local hay carteles y fotos del Che Guevara, de Liber Seregni, de Tabaré Vázquez, de Lula Da Silva y banderines de los distintos sectores del Frente Amplio. En una de las paredes un cartel dice: "Unión, confianza y voluntad".

¿Somos gobierno?

Esa noche se discutieron las relaciones comerciales con Estados Unidos. Hubo muchas preguntas y la negativa fue contundente. En el diálogo también aparecieron frases conocidas. "Pero son nuestro gobierno. ¿Cómo nos están mandando al muere?", dijo una señora. Y otra contestó: "Esta es una estrategia muy vieja de los imperios, comprar a los dirigentes. Creyeron en los espejitos de colores". Y un veterano desde el fondo agregó: "Lo que pasa es que los mandos medios tienen más oído para escuchar a los empresarios que al pueblo. El botín no somos nosotros, es el Mercosur, divide y reinarás". "Claro", contestó otra: "divide e impera", en el local donde funcionan los comité de base La Blanqueada.

Al final, se repartieron folletines sobre los concejos vecinales y las elecciones internas, aplaudieron, tomaron más café y se despidieron. Una señora se fue preocupada: "Si no trabajamos ahora, después, a llorar al cuartito. Me voy a clavar una estaca".

El politólogo Óscar Botinelli, que estuvo en la mesa política del Frente Amplio hasta 1987, resumió la preocupación de la militante: "Si una persona estuvo toda su vida manifestando contra Estados Unidos y al otro día se empieza a hablar de acuerdos, es como un gran creyente que un día tiene que abandonar su religión". Los comités de base, explicó, "son los conservatorios de la fe, donde el gobierno tiene más dificultades cuando se aparta del imaginario tradicional de la izquierda".

Aunque no todos los militantes tienen un problema de fe, algunos comprenden más las medidas del gobierno y están de acuerdo. Alfredo Méndez, militante del MPP, de 56 años, dijo que entiende que los tiempos cambiaron. "Yo milito porque estoy convencido, pero sé que ya no es como antes. El Frente tenía más militantes en el 71 que hoy, el "hacé la tuya" y "el no te metás" caló hondo y es difícil que la gente quiera participar hoy. También es cierto que si hay menos militantes de izquierda, las sedes de blancos y colorados están vacías".

En un café cercano a su tienda y fábrica de ropa dijo que está muy contento con el gobierno. "Lo que se removió en este tiempo no se removió en 20 años: los consejos de salarios, el Panes, los derechos humanos". Incluso, le pareció muy equivocada la lectura que se hizo sobre el buen resultado que tuvo Julio Marenales en las elecciones del MPP: "Eso de que le fue bien porque es más radical es un disparate, nunca se había presentado y hay mucha gente que lo quiere y lo votó. Yo los veo puros a los tres, al "Pepe", el "Ñato" y Marenales, pero es obvio, no es lo mismo ser ministro, que ser senador, que estar del otro lado y no todos lo entienden".

Acordar un Tifa y no un TLC, lo puso contento: "Estaba seguro que no iba a salir. Los militantes hicimos presión y los gobiernos no pueden tomar actitudes contra la opinión mayoritaria de sus militantes. Mujica estuvo bien, él no podía ponerse de punta y romper nuestro gobierno, hizo una especie de equilibrio entre Astori y Vázquez y al final el TLC no salió".

Méndez reconoció que Estados Unidos no le simpatiza mucho y que muchos de sus compañeros rechazaban el TLC por una cuestión ideológica, pero que no es su caso. Él piensa que a Uruguay no le sirve hacer acuerdos bilaterales. "Si bien Estados Unidos no esta en mi ranking de países favoritos, si el negocio fuera bueno, no tendría problema. Negocios son negocios".

"Hoy tenemos la responsabilidad de gobernar un país y no se gobierna solo desde las altas esferas, también se gobierna desde abajo. Los militantes somos parte del gobierno, si no, no tendría sentido. Yo ayudé a que este gobierno llegara a donde llegó y me siento parte. Por suerte logramos que no salga el TLC, si no, era un desastre", dijo Gutiérrez, del Partido Socialista.

Todos los militantes coinciden: son parte del gobierno. Para el politólogo López allí hay un problema, porque "ellos forman parte del partido de gobierno, pero no del gobierno". "La mayoría se autopercibe como cuasigobernantes por tener un rol en el partido. Tiene que ver con las raíces más tradicionales y dogmáticas del Frente, en las que el partido de gobierno es el único partido y quien entra al partido, entra al gobierno."

Algunas medidas del gobierno les resultan incomprensibles, porque observan la realidad con una mirada ideológica, que no admite los "desvíos" de la izquierda tradicional en el gobierno. Dentro de esos posibles desvíos se ubicarían algunas medidas económicas como la disciplina fiscal. Pero sobre todo, las relaciones internacionales comerciales y de integración: el pago adelantado de la deuda con el Fondo Monetario la relación con Argentina y el Mercosur, la intención de hacer un Tratado de Libre Comercio y el acuerdo que finalmente se hizo. También el discurso cuidadoso respecto a Bush y su política exterior, explicó López.

No serían casos desviados las políticas sociales como el Panes y la reforma tributaria o la propuesta de la reforma de la salud. Tampoco los avances en derechos humanos, aunque algunos militantes quieren anular la Ley de Caducidad. Bolívar Moreira, militante de la Vertiente Artiguista de 28 años, tiene una mirada más comprensiva de esos posibles "desvíos" del gobierno. Su formación en sociología y su activa participación en el partido le dan una mirada "más práctica" sobre el gobierno y una actitud más crítica respecto a la actividad de sus compañeros. "No creo que los compañeros del gobierno estén desnorteados, no me parece que haya tantas contradicciones. Lo de mantener la Ley de Caducidad estaba en nuestro programa y hacer acuerdos con Estados Unidos quizá no sea lo que históricamente planteamos, pero los tiempos cambian y hay cosas que hay que aceptar, aunque no nos guste mucho."

Con el pelo corto y vestido con un pantalón vaquero, camisa y buzo de cashmere, no se parece en nada al prototipo de militante. Empezó a militar en las huelgas liceales del 96 y el 97, después estudió sociología y participó en el Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales y en la Federación de Estudiantes Universitarios, también en la Coordinadora de jóvenes del Frente Amplio. Hoy tiene 28 años y milita en la Vertiente Artiguista.

Para él, se están procesando cambios:, "el Panes, la reformas que se vienen. Yo estoy contento y creo que una vez que esos procesos se resuelvan, los militantes vamos a tener más espacio para incorporar más temas".

Moreira dijo que se siente parte del gobierno. "No necesito ser presidente ni senador ni diputado para ser gobierno, nuestro rol es ser un apoyo crítico". Para él los militantes tienen un rol importante que cumplir. En el partido, "la ofensiva de incorporar temas de discusión" y en la sociedad, "inducirla y obligarla a que se adueñe de los problemas y los reclame. Nosotros hacemos los planteos a la gente y a los dirigentes. Después, que los compañeros gobiernen".

Joven y con un perfil de una izquierda más aggiornada, como se define, cree que los militantes tienen que apostar a los valores y a cambiar la mentalidad "para lograr una sociedad más integrada y menos prejuiciosa en un partido que suele ser más conservador". "La ley de unión concubinaria no cambia los valores sobre la gente, pero dentro de diez años lo va a hacer y va a colaborar para tener una sociedad menos segmentada y menos prejuiciosa." En otros temas entiende que al partido le falta tiempo, como en el tema de la despenalización de la venta de marihuana, en la que viene trabajando desde 2000. "Hasta ahora sólo hemos recibido un discutan muchachos, discutan todo lo que quieran".

Para Moreira ser cortoplacista es un problema, sobre todo de los sectores más radicales "como están en el gobierno quieren muchos cambios y creen que tienen que discutir todos los temas, todo el tiempo, no podés estar discutiendo el pago de la deuda externa, que ya se discutió hace 200 años, en el comité, en la coordinadora, en el Congreso, en todos lados. Si no, no avanzamos". Para ser "un pulmón de ideas tenemos que ser menos sectoriales y más cooperativos. En la medida que tenés un partido infantil, tenés un gobierno infantil".

La discusión del rol de los militantes es importante para los consultados, el rol que les toca hoy, las nuevas formas que han asumido, qué hacer con la ilusión que siempre los motivó y cómo manejarla hoy, con un gobierno por el que siempre trabajaron, y que no siempre comprenden.

El "partido escoba"

Barriendo las viejas ideas

Revolución-reforma, conflicto-acuerdo, Socialismo-Capitalismo, Estatismo-Mercado, Socialismo-Capitalismo, son las categorías donde se dio un proceso de actualización y moderación ideológica en el Frente desde su fundación hasta la llegada al gobierno.

"El próximo gobierno progresista tiene que apreciarse como una etapa dentro de un proyecto de cambio. Es necesario tener claro que no se trata de limar las aristas más negativas del modelo liberal, como tampoco que aspiramos a poner en marcha un programa de revolución social. Se trata de avanzar en la dirección de un modelo de desarrollo que permita ir compatibilizando sus componentes fundamentales, es decir: crecimiento, distribución de la riqueza con justicia social, soberanía nacional y regional, realización integral de mujeres y hombres, libertad y la más amplia participación política", dijo Tabaré Vázquez en un documento de noviembre de 1997.

El politólogo Jorge Lanzaro explicó esos cambios como el proceso de los "partidos escoba", coaliciones que en el camino al gobierno moderaron su contenido ideológico, reforzaron el poder de sus dirigentes y al mismo tiempo, perdieron peso sus activistas partidarios, debilitaron la militancia y la relación con el electorado.

En el proceso de moderación ideológica se entrelazaron la historia local y la internacional. A nivel nacional: el contexto conflictivo en el que surge el Frente Amplio, la inmediata dictadura, las nuevas alianzas, las experiencias en gobiernos municipales. Y a nivel internacional: el proceso de la revolución cubana, la caída de la Unión Soviética, las experiencias de los gobiernos europeos socialdemócratas y el intervencionismo de Estados Unidos.

La izquierda sustituyó el ideal de la revolución por el de reforma y se pasó de una alta preferencia por el conflicto y la lucha social como forma de cambio social a la idea de acuerdo. Asimismo, se redujo la referencia al marxismo y la visión socialista se fue convirtiendo en un plan cada vez más impreciso y utópico, que funciona más para criticar al capitalismo, que como propuesta.

La izquierda sigue asignando una relevancia central al Estado, pero revisó el rol del mercado. La posición actual se puede calificar, según Adolfo Garcé y Jaime Yaffé como de "Estatismo moderado", que implica "el reconocimiento de las ineficiencias del Estado y la necesidad de una rearticulación entre Estado y Mercado".

La experiencia de la dictadura consolidaron el valor de la democracia, antes denunciada como un régimen "vacío y burgués". En el período fundacional de la izquierda se jerarquizó más la necesidad de romper la desigualdad socioeconómica que la libertad, valorada en un segundo plano. Pero esa valoración también cambió con la dictadura y el fracaso del socialismo real, que apostaba a un Estado poderoso que garantizaría la igualdad. El propio debilitamiento del Estado, hicieron que hoy en la concepción de izquierda la igualdad y la libertad política sean igual de importantes.

Se dio una resignificación al rol de la sociedad civil y sus organizaciones, reconociendo que se desarrolló una nueva área de trabajo social, más allá del Estado y los comités de base, como las ONGs y los distintos emprendimientos barriales y comunitarios.

El PIT-CNT y los empresarios

Puede y debe rendir más

LAS TÍPICAS DIFERENCIAS en las prioridades de empresarios y sindicalistas se reflejan en sus evaluaciones sobre la acción del gobierno de Tabaré Vázquez. La temática que los preocupa y sus opiniones sobre algunas decisiones oficiales son muy distintas. El caso del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos es un ejemplo bien claro. Mientras en el PIT-CNT debe haber festejado que el gobierno dejó de lado esa opción, para los empresarios la firma de ese TLC era el principal impulso para la inversión con el que podía contar el país.

El dirigente sindical Luis Puig dijo que el PIT-CNT no es ni opositor ni apéndice del gobierno y opinó que, si bien el gobierno actual es mejor que los anteriores, tiene discrepancias y cree que hay que profundizar muchas políticas. "De alguna manera hubo un quiebre en la política neoliberal que se venía practicando", dijo Puig. "Y si bien somos críticos de la forma en que se está planteando el manejo de la deuda externa, hay otros aspectos de política económica que van bien y que tienen que ver con el salario cuya caída se ha detenido".

Además, Puig destacó que el gobierno avanzó en dos cosas esenciales para una democracia: los consejos de salarios y el "quiebre de la impunidad con el procesamiento de terroristas de Estado". Igualmente, el sindicalista cree que hay que ir más allá hasta la anulación de la Ley de Caducidad y no le gusta nada que el gobierno esté pensando en usar lo que él llama "excedentes del esfuerzo de los uruguayos" para adelantar el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Mientras tanto, los empresarios hacen una buena evaluación sobre la estabilidad política y macroeconómica, pero tienen una percepción más crítica cuando se consideran los aspectos laborales, de acuerdo a un estudio de clima empresarial de Equipos Mori presentado el 26 de octubre. Al pensar en el futuro inmediato, una pequeña minoría tiene una imagen negativa, pero, aunque son muchos más, los optimistas no llegan a ser mayoría.

Una mayoría consideró que la firma de un TLC con Estados Unidos y la defensa de las plantas de celulosa ayudan al clima de inversión. También fueron mayoritarias las visiones que sostienen que la reforma tributaria genera incertidumbres y que la ley de fueron sindicales y el manejo de las ocupaciones tienen un efecto adverso.

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