Ciencias de la muerte

| Ya sea para atacar, para aplacar a los rivales o para extorsionar otros países, la bomba tiene sus privilegios. Y quince millones de grados de calor inhumano.

NICOLÁS NAGLE

Yo soy la muerte que todo lo consume, el verdadero destructor de mundos". La frase, del texto hindú Bhagavad-Guita, le vino a la mente al físico Julius Robert Oppenheimer, uno de los creadores de la bomba atómica, luego de observar la explosión de la primera prueba nuclear, el 16 de julio de 1945 en el desierto de Nuevo México, en Estados Unidos.

Desde entonces son varios los países con arsenal atómico, el llamado "club nuclear": Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China, Francia, India, Pakistán, Israel, Corea del Norte, Bielorrusia, Kazakistán y Ucrania.

Muchos países quieren o han querido obtener una bomba atómica, como por ejemplo Irán en la actualidad. Según Daniel Marta, físico nuclear de la Facultad de ingeniaría, la principal dificultad para su construcción es obtener el "combustible nuclear", es decir el material que sirve para provocar la explosión. Esto implica un primer paso que es conseguir uranio o plutonio, los materiales más habituales que se utilizan en las bombas. Estos minerales se encuentran regulados y no son de venta libre. Luego de obtenidos, se los debe someter a un proceso de concentración que se realiza en plantas de enriquecimiento. Esto es lo más difícil de conseguir, ya que requiere una tecnología sofisticada que pocos países poseen. El armado de la bomba en sí, si se tiene el combustible nuclear, es un proceso sencillo.

Existen diversos tipos de armas nucleares. La más primitiva es la bomba A o atómica, del tipo que se usó en Hiroshima y Nagasaki. La reacción se produce por fisión, es decir, por la separación de átomos. A pesar de la devastación que causaron en Japón, en la actualidad este tipo de armas no se consideran muy potentes.

La siguiente generación apareció el 1° de marzo de 1954, cuando la primer bomba termonuclear o de hidrógeno (bomba H) fue probada por Estados Unidos en Eniwetok, un atolón de las Islas Marshall, en el océano Pacífico. Estas armas funcionan por fusión nuclear, es decir la unión de átomos, y tienen una cualidad inquietante: "usted puede hacer una tan grande como para destruir la Tierra, teóricamente. Le puede poner todos los kilos de explosivo que quiera", según Jorge Servián, ex director de la Dirección Nacional de Energía y Tecnología Nuclear. Esto no es posible con la bomba A, que tiene una capacidad limitada. En la primera prueba con armamento termonuclear, la explosión alcanzó una temperatura de 15 millones de grados, la misma que el núcleo del Sol. La isla Eniwetok, donde se realizó el experimento, quedó completamente destruida.

A finales de la década de los 70 apareció un nuevo avance, otra vez por parte de Estados Unidos: la bomba N o de neutrones. Se trata de un arma que actúa con una combinación de fisión y fusión. Su principal característica es que produce una explosión relativamente pequeña pero emite una potentísima radiación. El resultado es que en caso de usarse sobre una ciudad, los edificios y las estructuras materiales no tendrán mayores daños, pero todos los organismos vivos que se encuentren en ella morirán en el acto. Fue diseñada para contrarrestar una posible invasión soviética a Alemania Occidental durante la guerra fría. "Los rusos decían que era una bomba capitalista porque protegía la propiedad pero destruía al ser humano", dice Servián.

Bombas sucias

Esos son los tres tipos básicos de armamento nuclear, aunque existen muchos otros. Bombas "sucias" diseñadas para contaminar zonas con material radioactivo, bombas de tamaño reducido de última generación, bombas que destruyen todos los aparatos eléctricos…

Las nucleares entran dentro de la categoría de armas de destrucción masiva, junto a las químicas y las biológicas, conocidas internacionalmente por las siglas NBC (en inglés, Nuclear, Biological, Chemical). Los efectos de un ataque con armas atómicas sobre el ser humano pueden ser diversos. Si la persona se encuentra cerca de donde cae la bomba, probablemente muera por la explosión o por la onda expansiva capaz de arrasar todo a su paso. Pero el hecho de sobrevivir al impacto inicial, ya sea porque el individuo se encuentra a cubierto o fuera del alcance de la detonación, no implica que necesariamente se encuentre a salvo.

Existe el riesgo de recibir quemaduras por las radiaciones que emite una bomba y que pueden matar a una persona. También está la posibilidad de envenenamiento por partículas radioactivas. En una explosión nuclear se levanta gran cantidad de polvo contaminado que de respirarse puede resultar mortal. Las personas que no hayan sido expuestas a una cantidad de radiación letal en un primer momento, tienen grandes probabilidades de contraer cáncer después.

La ciencia atómica es el más claro ejemplo de cómo el conocimiento puede ser aplicado tanto a fines constructivos como destructivos. Por un lado está la rama civil, que busca generar energía y por otro, la militar, que busca maximizar la destrucción. Albert Einstein, que desarrolló teorías a partir de las cuales se alcanzó la tecnología nuclear, dijo después de Hiroshima: "Si lo hubiera sabido, me hubiera dedicado a la relojería".

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