Antonio Álvarez
EL MINISTRO DEL INTERIOR, José Díaz, salió a defender su imposible gestión promocionando un tanto por ciento de caída de los delitos, planteó otro equis por ciento de aumento de los procesamientos. Y cuando los números no lo favorecieron, bueno, quedó bárbaro mencionando la "desaceleración" de los delitos.
Suena irritante que el gobierno salga a mostrar sus "éxitos" cuando el 17 de agosto la Policía dejó escapar al principal acusado de asesinar al juguetero Juan Pablo Munells. Para que Federico Martínez abandonara la escoba en la vereda del Tacoma y huyera sin dejar rastros, no bastó la incompetencia de una sola persona. Federico estaba remitido desde marzo de 2001 por coautoría de rapiña y en esos días otro juzgado lo procesó por una rapiña más. Pese a que es un delito de alta reincidencia, en junio de 2003 Federico comenzó a tener salidas transitorias gracias a informes de Cárceles, de Criminología y de la jueza de una de las causas.
El 7 de setiembre de 2004, Federico fue procesado por otra coautoría de rapiña durante una de sus salidas transitorias. Pero él siguió gozando de su beneficio. Los informes de criminología siguieron subrayando su impecable conducta. Estuvo a punto de conseguir salidas transitorias adicionales por 36 horas aduciendo que su esposa estaba embarazada. Lo planteó en una carta muy bien escrita dirigida a la jueza Fanny Cannessa. Los peritos apoyaban el pedido a pesar de que las leyes establecen que las salidas no pueden sobrepasar las 48 horas, de las que él ya gozaba sábados y domingos. Apenas tuvo la oportunidad, a Federico se le ocurrió apelar a la Ley de Humanización de Cárceles. No le salió bien porque siempre había actuado armado. En marzo de 2005 fue trasladado al Tacoma -cárcel de mínima seguridad-, de donde salió a robar el mortal sábado 12 de agosto. Y de donde luego escapó.
Al mismo tiempo, el gobierno anunció que realizará un análisis sobre el miedo en la población. El ex legislador comunista Rafael Sanseviero fue el vocero de un gobierno que insiste en interpelar el tratamiento de las noticias. "El miedo es el eje del discurso público y hay que estudiarlo", explicó Sanseviero a manera de consigna.
Con el diagnóstico en la mano, el gobierno interpelará a los dueños de radios, televisoras y periódicos, ya que en la visión oficial la comunidad tiene miedo por las cosas que ve, lee y escucha.
El público parece tener miedo de otras cosas. Tiene miedo de los delincuentes como Federico que se sirven del sistema para hacer lo que quieren. Tiene miedo de los policías, los peritos y los jueces que los dejan escapar. Tiene miedo de terminar asesinado como el joven Juan Pablo, a causa de esta auténtica comedia de enredos auspiciada por el Estado.
Así como ni Federico ni Juan Pablo son estadísticas que el ministro desee exhibir, en Qué Pasa se publica hoy un informe que muestra nuevas cifras de la inseguridad cotidiana: en Montevideo se denunció el robo de 1.977 pares de championes en los últimos seis meses. En las calles los artistas le dedican paredes al fenómeno social. "Esto no es una pipa", dice un enigmático stencil, pero ahí está la famosa pipa de Nike, la marca preferida por los ladrones. En materia de seguridad el gobierno parece echar mano a la lógica del stencil: si negamos la inseguridad, los delitos van a dejar de ocurrir.