Sábado | 19.08.2006
Montevideo, Uruguay | 10:15
 Que Pasa
Castro visto por Guillermo Chifflet, periodista y ex senador
"Por la voz de Fidel hablan todos los heridos por la adversidad"

GUILLERMO CHIFFLET

Aunque no he estado en Cuba, conozco su historia y las luchas de ese pueblo hermano. Desde sus raíces. En mi adolescencia admiré, como a Artigas ("el hombre solo": "en él está el pasado y la respuesta que reclama el presente", dejó escrito Carlos Quijano) a José Martí, que echó su suerte junto a los pobres del mundo y por la libertad. Pude seguir paso a paso las luchas en ese país hermano, el "aldabonazo contra la corrupción" que fue el suicidio de Chibás, el frustrado ataque al Cuartel Moncada, los jóvenes que cayeron en ese momento prisioneros del dictador Fulgencio Batista (de los cuales setenta murieron en horribles torturas), la prisión y la palabra del joven Fidel Castro ante el tribunal, radiografía de los dolores de su país, que culminó con el desafío histórico: "¡condenadme!, ¡no importa!, ¡la historia me absolverá!"

Un recuerdo más: un gran periodista uruguayo, Carlos María Gutiérrez, que en 1957 -obviamente en secreto y desafiando riesgos- fue a la Sierra a entrevistar a Fidel, cuenta que en la puerta del hotel Rex, en Santiago de Cuba observaba, una mañana luminosa, un camión desde el cual se iba a comenzar a distribuir la revista Bohemia, cuando un guardia rural y un policía pasaron la orden de que el gobierno había vuelto a prohibirla. Al comunicar la orden un niño ya había retirado un grupo de revistas. Al verlo huir, el guardia apuntó con su fusil, disparó, el morenito diariero cayó muerto y las tapas azules de la publicación se tiñeron de sangre. Era el primer hecho que Carlos veía en Santiago y el primer crimen que presenciaba en su vida. Así era la Cuba de Batista. En sus calles se disparaba antes de preguntar. Todas las noches, contaba Gutiérrez, detrás de las persianas clausuradas los habitantes en vela contenían el aliento ante la sirena de las perseguidoras (patrulleros policiales) o el anuncio de la presencia de soldados o de una pandilla de matones de Masferrer (político organizador de escuadrones de la muerte), porque lo habitual eran los allanamientos, que se sacara a viva fuerza a los sospechosos y se les fusilara en la vereda.

Contra esa realidad y la explotación de su país, se rebelaron Fidel y los jóvenes que se prepararon clandestinamente, en México, y en la fecha indicada por Fidel cuando se le desterró ("el año próximo seremos héroes o mártires") en 1956 llegaron en el Granma. Descubiertos por las fuerzas de Batista, a la tempestad que habían superado en el Caribe, siguió, en Alegría del Pío, una tormenta de bombas y balas, luego de la cual, de 82 jóvenes, sobrevivieron 12. Ese fue el grupo inicial que organizó, desde las sierras, todas las acciones heroicas que culminaron con la entrada en La Habana, en un río de entusiasmo popular, de los guerrilleros que comenzarían, desde ese instante, la revolución más profunda de América Latina.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo pudo llevarse adelante una revolución socialista con un enemigo jurado a pocas millas: el centro imperial más poderoso de la historia? Han determinado esa realidad múltiples factores, y algo especialmente destacado por el Che: "esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro Ruz". A la sierra habían llegado personas especialmente encargadas de explorar aquella revolución montuna, enviadas por los servicios de inteligencia del imperio. Pero los dirigentes de la principal potencia capitalista se engañaron. Nunca pudieron esperar que aquel grupo de jóvenes, que no anunciaba sus objetivos con estridencia, pero que planteaba la necesidad de organizar la salud con sentido de igualdad, dar tierra a quienes estaban dispuestos a trabajarla, y luchar contra la desigualdad económica, iba a cumplir. Todas las iras cayeron entonces sobre los nuevos gobernantes, que respondían cada ataque con una medida que profundizaba la revolución. Sabotajes, secuestro de aviones, cerco internacional, una invasión (aunque culminó derrotada y con 1.200 prisioneros), hasta un bloqueo cada vez más intenso; todo ha enfrentado el pueblo de Cuba, liderado por Fidel y su equipo.

Importantes personalidades (Frei Betto, Gianni Miná, y recientemente Ignacio Ramonet, por citar sólo tres) realizaron entrevistas a Fidel. Unos pocos datos -de los que no suelen aparecer habitualmente- definen a este líder excepcional. No fue la única, pero la guerrilla de Fidel se caracterizó por la ética: "Nosotros cuidábamos a los civiles en los combates en los que había civiles"; "respetábamos a los prisioneros"; porque "hay principios que son elementales en la guerra y en la política". Y la ética no es sólo una cuestión moral, es que la ética rinde frutos. Conceptos así explica Fidel en el reciente libro de Ramonet.

Ningún prisionero fue torturado o golpeado. Lo mismo ocurrió con los cientos y cientos de prisioneros de Playa Girón. Además, Fidel se opuso siempre al terrorismo "porque sobre esa base no se gana ninguna guerra; te ganas la oposición, la enemistad y el rechazo de aquellos que tú necesitas para ganar la guerra". ¿Qué la revolución tuvo errores? Fidel los reconoce, pero nadie habrá leído en los abundantes medios que le combaten su opinión sobre algunos aspectos de los juicios a los asesinos batistianos. Fidel ha dicho, por ejemplo: "a un hombre que mató a decenas de campesinos se le juzga; pero no se le debe juzgar en una sala con miles de personas. Uno mismo ve a un hombre siendo juzgado ante miles de personas y aunque sea el peor de los asesinos, tiende a apiadarse de él".

Queda todo el campo de las ideas, en las que Fidel Castro ha sido leal expositor de las aspiraciones de los pueblos. Y su honradez (quedó en ridículo la revista Forbes, que habló de los depósitos de Fidel en el exterior, porque Fidel de inmediato replicó: si me prueban que hay un dólar mío en un banco, cualquiera sea, no tendrán que preparar un nuevo atentado, con esa sola prueba tendrán mi renuncia). También corresponde destacar el propósito esencial de que en Cuba la revolución es "cubana como las palmas".

Opina un socialista, se me dirá. Es verdad. Con Fidel y con Cuba soy parcial. Porque creo que allí se está creando una democracia con más respeto de los derechos humanos que la que podemos ver en muchos países capitalistas. He sentido muchas veces, además, que en Cuba, en reuniones internacionales, en discursos en la Organización de Naciones Unidas, por la voz de Fidel hablan todos los heridos por la adversidad. Por eso sus ideas, sus planteamientos, encienden esperanzas en los humildes. Por eso trasmite fe a los explotados. Todos sabemos que siempre ha dicho lo que piensa y ha actuado de acuerdo a su palabra. Ha estado contra toda injusticia, cualquiera sea el lugar en el que ocurra. Y eso es, como el Che dejó dicho en la última carta a sus cinco hijos, la principal virtud de un revolucionario.

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