El Rey sin copas marchó a la B

| Prometió cambiar el mediocre fútbol uruguayo. Nueve años después, atraviesa la peor crisis histórica. Nadie puede decir que Eugenio Figueredo no cumplió.

Diego Muñoz

EUGENIO FIGUEREDO LLEGÓ a la Presidencia de la Asociación Uruguaya de Fútbol en julio de 1997. Su plataforma electoral se cimentó en el triunfo en la Copa América Uruguay de 1995, de la que fue presidente del comité organizador. Ganó las elecciones sobre Ney Castillo y muy poco tiempo después la selección perdió con Perú en Lima y quedó eliminada del Mundial de Francia 1998. Así, el ex dirigente de Huracán Buceo sufrió su primer golpe como presidente. Luego manejó la AUF como un club de amigos, dio atribuciones a sus fieles colaboradores y permitió que los clubes violaran el reglamento a cambio de que a la hora de votar, siempre se cumpliera su voluntad. Para sus opositores montó el circo, aunque no hubiera ni para el pan.

El primer gran movimiento político de Figueredo al frente de la AUF fue licitar los derechos televisivos del fútbol uruguayo. Las dos ofertas que llegaron fueron de Bersabel SA, que tenía los derechos hasta ese momento, y Tenfield SA, una compañía creada por Francisco Casal, Nelson Gutiérrez y Enzo Francescoli.

La propuesta de Bersabel era de 82 millones de dólares y la de Tenfield de 50 millones. Además Tenfield incluía en el precio final a la selección uruguaya cosa que no hacía Bersabel. En una asamblea de clubes muy polémica la oferta elegida fue la de Tenfield. Sólo Liverpool, River Plate y Nacional no levantaron la mano. Ramón Barreto, en ese momento presidente de Rampla Juniors, argumentó que votaba lo que proponía Casal porque le debía un "favor personal".

Fidel Russo, en aquel momento presidente de Liverpool, consultó a José Pedro Damiani, sobre por qué elegía la oferta de Casal: "en ese momento yo le pregunté `oiga colega, usted me puede aclarar ¿qué votan los que eligen 50 en lugar de 82?` Y me contestó que era el valor agregado", recordó Russo. Hoy el contador Damiani confirma aquel diálogo y acota: "¡qué ingenuo fui!" En estos días de renuncias en Peñarol y de amenazas de muerte en el fútbol todo cobra nueva significación.

La asamblea quedó en el recuerdo porque sin pedir permiso, Casal, Gutiérrez y Francescoli se metieron en la sala de sesiones antes de la votación. Una fuente que pidió el anonimato aseguró: "la mano venía para votar por mayoría la propuesta de Bersabel y alguien llamó a Paco por teléfono. No sé quién fue, pero alguien lo llamó. Después apareció en la asamblea".

Russo contó detalles: "los tres se metieron en la asamblea sin que los invitaran. Estaba haciendo uso de la palabra Iocco y Casal lo interrumpió. Empezó a dirigirse a los clubes diciendo que todos le debían favores. Yo lo interrumpí y le dije: `perdone, se equivoca`. Respondió: `bueno, los que me han pedido`. Yo contesté: `entonces no diga todos`. Callado no me iba a quedar".

La asamblea era presidida por Figueredo. El contrato fue firmado por él mismo y Jorge Almada por la AUF y Nelson Gutiérrez por Tenfield. A partir de la firma, comenzó el cogobierno Figueredo-Tenfield. Dentro de sus atribuciones, Tenfield arma los torneos, fija las canchas los días y los horarios de los partidos y tiene poder de veto dentro de la AUF. A comienzo de la pasada temporada, los 18 clubes del fútbol uruguayo votaron por unanimidad una forma de disputa del campeonato que no fue aprobada por el veto de la empresa.

En 1999, el presidente y su socio en el cogobierno contrataron para dirigir a Uruguay al argentino Daniel Passarella con un sueldo de 80 mil dólares por mes. Figueredo declaró: "nosotros hemos tenido muchos entrenadores aquí pero ahora trajimos uno distinto. Passarella impuso el orden que debe tener la selección".

Después de 10 partidos de la eliminatoria para Japón y Corea 2002, el Káiser renunció a su cargo. Además del argentino, durante la presidencia de Figueredo, dirigieron a la selección la dupla Roque Máspoli - Osvaldo Giménez, Victor Púa, Juan Ramón Carrasco, Jorge Fossati y el actual entrenador Oscar Tabárez.

Uruguay terminó séptimo en las eliminatorias para Francia 1998, quinto en Corea Japón 2002 y quinto en la clasificatoria sudamericana para Alemania 2006 y nunca un técnico que empezó la eliminatoria la pudo culminar. Figueredo eligió a sus colaboradores por el grado de confianza que les tuviera. En ese sentido, y más allá de su capacidad, la fidelidad del gerente deportivo Osvaldo Giménez hacia el presidente no lo ayudó mucho para conseguir partidos internacionales. Uruguay estuvo sin jugar amistosos entre febrero de 2004, cuando enfrentó a Jamaica, y julio de 2005, cuando jugó con España. Mientras todos los rivales sudamericanos jugaron ante otras selecciones cuando hubo fecha FIFA, Uruguay se batió con Rocha y con Getafe.

Con Jamaica la selección no tuvo jugadores para completar el banco de suplentes y para jugar con España fueron a buscar tres días antes a Gustavo Munúa, del Deportivo La Coruña. No había arquero suplente.

Cuando el actual presidente llegó a la AUF el promedio de venta de entradas era de 5.200 por partido. En el Torneo Apertura de la temporada 2005-2006 se vendieron 1.373 entradas por juego. En la última fecha de ese campeonato Paysandú y Deportivo Colonia vendieron 8 entradas y recaudaron 320 pesos.

Las últimas fechas del Torneo Clausura se jugaron en el medio del mundial de Alemania. La primera final del uruguayo 2005-2006 entre Rocha y Nacional se jugó un jueves a las dos de la tarde en Rocha ante 4.000 personas y la segunda final se disputó a la misma hora del domingo con 12.000 personas en el Parque Central .

Durante la Liguilla, que cerró la temporada, se jugó una fecha el mismo día de la final del mundial. El partido que definió al campeón, entre Defensor y Nacional, vendió 800 entradas. Figueredo no pudo ver ni las finales ni la Liguilla porque estuvo 45 días en Alemania.

Mucha gente se pregunta por qué los clubes apoyaron a Eugenio Figueredo. El viernes 21 de julio el semanario Brecha publicó un informe de Gonzalo Delgado, donde se asegura que Figueredo prometió a los clubes 50.000 dólares de aumento en el contrato con Tenfield, si votaban la re-reelección.

Justo ahora que necesitaba los votos, Figueredo se dio cuenta que los 6.000 dólares que Tenfield le paga por mes a cada club chico es una miseria. La independencia de Peñarol parece más cara. Si el presidente de la AUF hubiera conseguido los cinco millones de dólares que no le pagó Casal por llevarse a Carlos Bueno y Christian Rodríguez, Peñarol lo habría votado.

En su carta renuncia entregada a los medios el viernes 21 de julio, Figueredo argumentó que abandona el cargo para "no exponer a la AUF y a sus clubes, a sanciones internacionales por un enfrentamiento con el gobierno, por causa de mi presencia en la Presidencia de la AUF". Tampoco quiere "enfrentar a los clubes, a presiones o interferencias gubernamentales indebidas" y finalizó su carta diciendo que su responsabilidad es "evitarles problemas".

Figueredo siempre subrayó su perfil de hombre que ayuda a los demás. Su nuera y secretaria privada trabaja en la AUF hace un año y cobra 55 mil pesos por mes, el sueldo más alto dentro de la Asociación.

En enero, también reconoció que ayuda a determinados periodistas. "Hay periodistas que pasan situaciones difíciles y que los he ayudado con resultados económicos, con sponsors o con otros servicios. Cuando veo que el tipo está en la lona o anda mal le doy una mano. Lo hago de pierna", confesó.

En el programa de Punto Penal de Canal 10, al cual estaba invitado, se le pidió al público que opinara si Figueredo debía continuar o no al frente de la AUF. La mayoría en su contra era abrumadora y Figueredo no tuvo mejor idea que llamar a Canal 10 y condicionar su presencia a que sacaran la pregunta del aire. El presidente consiguió su propósito. En el mismo programa algunas semanas después se volvió a plantear la pregunta. El 60% votó que no debería seguir y el 40% dijo que sí. Luego se descubrió que alguien llamó 900 veces desde el mismo teléfono para apoyarlo calurosamente.

Hasta 1998, el fútbol uruguayo tuvo un campeonato que sólo lo jugaban clubes de Montevideo. Por iniciativa del miembro del ejecutivo presidido por Figueredo, el doctor Daniel Pastorini, esa realidad cambió y se hizo un verdadero campeonato nacional. En ese momento varios pensaron que era la salvación para el fútbol uruguayo, pero los hechos demostraron lo contrario. De todos los equipos que llegaron al fútbol de la A el único que juntó a todo el departamento fue Tacuarembó.

Paysandú Bella Vista, Paysandú Fútbol Club, Deportivo Maldonado, Deportivo Colonia, Plaza Colonia y Frontera Rivera desaparecieron del profesionalismo. Otros como Salto Uruguay y Cerro Largo jugaron el campeonato de la B y nunca pudieron afirmarse debido a graves problemas financieros.

El único que entró en la historia fue Rocha. El campeón del último torneo apertura basó su éxito en un grupo inversor. A pesar del título, ya no está más su técnico y algunos jugadores abandonaron la concentración declarando que les pagaban menos de lo que figuraba en los recibos de sueldo o que tenían que caminar varios kilómetros para entrenar.

La AUF construyó, durante el período de Figueredo, un lugar propio para que la selección uruguaya concentrara y entrenara. El 30 de marzo de 2000 el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, Joo Havelange, Nicolás Leoz y Figueredo, descubrieron la piedra fundamental de las obras del Centro de Alto Rendimiento Deportivo.

La página oficial de la AUF anunció con bombos y platillos que se trataba de "una obra que fue posible por los contactos del Presidente de la AUF, Eugenio Figueredo, quien obtuvo de la FIFA el aporte del Proyecto Goal". Ese proyecto fue una iniciativa de Blatter para varias federaciones mundiales. Para llevar a cabo el programa, la FIFA autorizó una partida global de 65 millones de dólares. La concentración costó 1,7 millones de dólares, de los cuales la FIFA aportó 1 millón. Países como Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Panamá, El Salvador, Ghana, Senegal, Andorra y Hungría se beneficiaron igual que Uruguay.

Con el tiempo se fueron conociendo detalles del complejo Uruguay Celeste. Jugadores emblemáticos como Paolo Montero declararon que en el complejo no había agua caliente, que las camas tenían los colchones vencidos, faltaban almohadas y las puertas no cerraban.

El ex técnico de Uruguay Jorge Fossati afirmó que "el complejo tiene problemas. Los muchachos se quejaron más de una vez". Irónicamente sentenció: "si hablamos de un lugar para dormir y entrenar está bien, pero un centro de alto rendimiento de ninguna manera".

Sin embargo el principal argumento para perpetuar a Figueredo en la AUF son sus contactos internacionales. Desde el 26 de noviembre de 1993 es el vicepresidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol y varios dicen que hace y deshace en ella. Pero basta repasar los malos arbitrajes que perjudicaron a equipos y selecciones uruguayas para concluir que la defensa de Figueredo está, cuando menos, en tela de juicio.

Dentro de la AUF quienes no concuerdan con su filosofía no tienen beneficios. Ningún dirigente de Defensor, Liverpool o Danubio es elegido para acompañar a las delegaciones uruguayas desde hace seis años. El presidente violeta, Fernando Sobral, dijo que no le llama la atención porque "esas personas las elige el presidente. Antes había un sistema de rotación pero "desde que llegó Figueredo se elige a dedo", agregó Sobral.

Figueredo jugó su última carta el viernes 21 de julio cuando renunció y acusó al ministro de Deportes Héctor Lescano de proscribirlo. Muchos pusieron el grito en el cielo cuando el gobierno dijo que vería con buenos ojos un cambio de autoridades.

Uno de ellos fue el presidente de Nacional. Eduardo Ache sostuvo: "Nacional no va a permitir que nadie, ni siquiera el gobierno, intervenga en el fútbol uruguayo". Sin embargo, Ache evaluó positivamente que el presidente del fútbol argentino, Julio Grondona, y su colega de la Confederación Brasileña, Ricardo Teixeira, recomendaran a los clubes uruguayos que dirigente histórico mantuviera su cargo.

Ahora Figueredo se fue, o al menos así parece. Sus nueve años al frente de la AUF hablan por él. De todos modos, en los pasillos se señala que su última tabla de salvación es la invención de un nuevo cargo que le permita quedar al frente del fútbol uruguayo en el ámbito internacional. Habría que cambiar los estatutos y por eso Figueredo se juega a postergar la elección del nuevo presidente. Al fin y al cabo no todo está perdido. Todavía debe quedar algo por perder.

DE DISCRETO LATERAL A JERARCA DE LA FIFA

Titular indiscutido

EUGENIO HERMES FIGUEREDO Aguerre nació el 10 de marzo de 1932 en Santa Lucía, Canelones. Como jugador de fútbol fue un discreto lateral derecho de Huracán Buceo. Años más tarde intentó, sin éxito, ser periodista deportivo. Durante años se dedicó al negocio automotor.

Su trayectoria como dirigente comenzó como delegado de su club, Huracán Buceo, del que llegó a ser presidente en dos períodos (1971-72 y 1976-77).

El cargo en la AUF es honorario. Hasta ahora cobraba sueldo mensual por sus cargos en la Confederación Sudamericana de Fútbol y en FIFA. Además, percibe 400 dólares diarios de viáticos cada vez que viaja a un torneo o algún lugar en el exterior. Figueredo entiende que no es un viático exorbitante: "la FIFA paga hotel y desayuno. Hay países en los que si no te quedás encerrado en el hotel, gastás el doble de lo que recibís por día".

Figueredo está casado con una empresaria de origen boliviano, que se dedica al negocio de la explotación minera. Por esa razón, el dirigente vive parte de su tiempo en Estados Unidos y en especial en la ciudad de Los Angeles, California.

EL GOBIERNO TARBAJÓ PARA QUE FIGUEREDO SE FUERA Y AHORA BUSCA DIGITAR UN SUCESOR

Un cargo hecho a puro oficio político

TABARÉ VÁZQUEZ SABE de fútbol: fue presidente de Progreso y a fines de los años 80`, a punto de iniciar su carrera política propia, aspiró a ocupar el sillón de la calle Guayabo en la AUF. En aquel momento se dijo que uno de los obstáculos que encontró fue a Julio Sanguinetti, el primer mandatario de la época.

Con el Encuentro Progresista en el gobierno muchos recuerdan que el presidente de Progreso Tabaré Vázquez contaba con los votos para ser titular de la AUF y una llamada a la delegación de Peñarol cambió la votación. Sanguinetti también había sido dirigente futbolístico en Peñarol, por lo cual la situación deja entrever que fútbol y política en Uruguay están indisolublemente emparentados.

Casi dos décadas después, Vázquez pone el ojo en el fútbol desde la presidencia de la República, esta vez para vetar él a un simpatizante del Partido Colorado como Eugenio Figueredo.

Figueredo deja un cargo que ocupó por nueve años. Su permanencia sólo es superada por César Batlle Pacheco, quien estuvo al frente de la AUF en 1931 y entre 1943 y 1952, dos de los períodos de mayor brillo del fúbol uruguayo.

Cuando el presidente de FIFA, Roger Blatter, visitó Uruguay en setiembre de 2005, trascendió en el diario La República que Vázquez no quería incluir a Figueredo en la agenda oficial para no encontrarse en la misma foto. El episodio finalmente ocurrió y Figueredo estuvo presente en la reunión.

Aunque Vázquez no se ha pronunciado públicamente sobre la situación, su ministro de Deportes, Héctor Lescano, viene hablando hace meses de darle un "baño" al fútbol uruguayo y ha dicho que Figueredo debería dar un paso al costado.

A través de Lescano, la administración progresista va dando claves sobre cuál es su estrategia para el fútbol uruguayo de los próximos años. El domingo, Lescano admitió en el programa Punto Penal que se reunió con el presidente de Danubio, Arturo del Campo, para sondear su interés por ser el sucesor de Figueredo. Pero del Campo -hijo de un ilustre dirigente deportivo- dijo que no.

El ex auditor de la Nación y dirigente de Rampla, José Luis Corbo, el ex titular de la Divisional B, Eduardo Abulafia, además del médico Ney Castillo -un ex contrincante electoral de Figueredo- son los candidatos con más chance de llegar al trono. El lunes 31 se puede saber la verdad sobre el futuro del fútbol uruguayo.

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