Nada es lo que parece

ANTONIO ÁLVAREZ

QUE SUERTE QUE está el fútbol uruguayo para distraernos de las cosas importantes de este mundo. Es extraño que después de sus nueve años de gestión en la Asociación Uruguaya de Fútbol alguien quiera retener a Eugenio Figueredo, a juzgar por el retrato que traza en esta edición de Qué Pasa el periodista Diego Muñoz.

Figueredo renunció. Dice haber sido proscripto por Tabaré Vázquez y el gobierno progresista. Pero dejó entrever -si el pueblo se lo pide, claro- que será candidato a un puesto que no existe. Es decir, al de presidente de la AUF. ¿Y qué era hasta hoy? Presidente de la Mesa Ejecutiva. El nuevo cargo -para el que habría que cambiar los estatutos- sería una suerte de cancillería deportiva y le permitiría a Figueredo evitar los maledicentes balances pedidos por sus adversarios y seguir en la élite del fútbol mundial.

Con Figueredo o sin él, el fútbol uruguayo saldrá adelante. Y si no sale, entonces siempre está el recurso de atropellar con un canmión a los enemigos. Paco Casal dice tener una lista de 200 personas a sueldo listas a hacerlo, según contó Juan Pedro Damiani al reconstruir las amenazas cruzadas entre el contratista Casal y el dirigente de la AUF Juan José Ramos. Por lo que parece, Ramos aprovechando sus contactos bancarios también puede hacer que todo parezca un accidente. Los jugadores uruguayos que vayan a la próxima eliminatoria deberían tomar nota. Así lo hizo el goleador paraguayo José Saturnino Cardozo y optó -saludablemente- por quedarse en Asunción y arreglar con Olimpia, lejos de los Damiani y del contrato con Peñarol por 15.000 dólares y una casa en Carrasco.

Mucho más serio que los maracaneos del fútbol uruguayo es la situación en Medio Oriente, la nota central de Qué Pasa. Cuando se recibe información sobre lo que sucede en el Líbano es importante entender que el mundo árabe es bastante más complejo de lo que se nos quiere hacer pasar. ¿Cómo es posible que Israel bombardee con apoyo de los Estados Unidos la nueva democracia del Líbano, también apoyada por los Estados Unidos?

La explicación tiene nombre: Hezbollah. La milicia chiita del sur libanés tiene 15.000 hombres y 12.000 cohetes apuntando a territorio israelí, según coinciden el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos y del Grupo Jane`s, especializados en defensa.

Hezbollah es un ejército paralelo, pero está integrado a la democracia libanesa. Tiene dos ministros en el gobierno y ocho diputados. Pero al mismo tiempo maneja la zona sur a su antojo a partir de una estructura de beneficiencia muy bien montada que les ha permitido ganar nuevos adeptos. A diferencia de otros movimientos terroristas musulmanes, tiene además un canal satelital de televisión.

Líbano es un país árabe, pero en su territorio hay mayor diversidad que en otros países de la región. Es una extraña democracia: su presidente debe ser un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán sunnita y el presidente del Parlamento un musulmán chiita. Todo el mundo dice en el Líbano que es la mejor de las peores soluciones que se podía encontrar en la búsqueda de un equilibrio siempre delicado.

Hezbollah es una organización chiita y los chiitas son hoy el 40% de los libaneses. El 30% son sunnitas y el resto cristianos maronitas. En el resto del mundo árabe la proporción cambia: 80% son sunnitas y 10% chiitas. Chiitas y sunnitas son musulmanes. ¿Qué los diferencia? No es el modelo de país, ni la lecturas diferentes del Corán. Es un problema político que se originó con la sucesión del profeta Mahoma en el año 632 después de Cristo. Nada menos.

Los chiitas provienen de Alí, sobrino, yerno yl preferido de Mahoma. Los sunnitas tienen su origen en Muawiya, el gobernador de Siria y triunfador de la sucesión del profeta.

La bronca centenaria explica el perfil combativo de los chiitas. El mayor exponente libanés, el jeque Hassan Nasrallah, de 46 años, es un hombre educado en las mejores escuelas de jurisprudencia musulmana de Teherán. Irán no es un país árabe (es persa), pero integra la conferencia de 54 países árabes y se ha convertido en el caldo de cultivo de las ideas musulmanas desde el año 1979 en adelante a partir de la irrupción del ayatollah Jomeini.

Irán se siente más cerca de las ideas chiitas y por eso respalda con dinero y armas a los movimientos como el que lidera Nasrallah en el Líbano. Siria se suma a ese plan por dos motivos: está gobernada por los alawi, una minoría sectaria chiita, pero además porque reconoce el territorio de Líbano como propio y quiere volver a tutelarlo como hasta no hace mucho tiempo.

La experta en estudios islámicos, Susana Mangana, dice que todo este entramado hace pensar que las bombas no harán desaparecer a Hezbollah así nomás. A diferencia de Al Qaeda, dicho sea de paso de origen sunnita, Hezbollah tiene metodologías terroristas pero además es una "concepción de vida". "Al Qaeda es solo un movimiento terrorista. No es un partido político", dice Mangana, docente en el Centro de Altos Estudios Militares (Calem). De hecho sunnitas y chiitas están juntos en Líbano, pero en Irak están enfrentados a muerte. En otros lados vuelven a ser amigos. La palestina Hamas es sunnita y a pesar de eso comparte con Hezbollah el objetivo de establecer estados islámicos y destruir a Israel.

Va quedando poco de Beirut, el París de Medio Oriente, la más occidental de las ciudades árabes. Los medios locales sostienen que 60% de los libaneses apoyan las demandas de Hezbollah y que ese incremento sube a medida que las bombas caen sobre la población civil. Hay quienes dicen que los comandados por Nasrallah solo buscan afirmarse en la desgracia del pueblo libanés y esperan a Israel agazapados en el territorio que conocen mejor. Israel aduce que no hay otra solución que destruir a Hezbollah. Por eso entró en la sexta guerra convencional en sus 60 años de vida independiente. Casi 170.000 soldados y 408.000 reservistas están prontos a dejar la vida por la causa.

Hezbollah también es criticado. Hay países árabes como Egipto, Arabia Saudita y Jordania que acusan a la milicia chiita de "aventurera e irresponsable". El primer ministro libanés Fuad Siniora dijo al diario Corriere de la Sera: "el mundo entero debe ayudarnos a desarmar a Hezbollah". En el Líbano se decide si la influencia de Irán sobre la región crece o se termina. Desde el 11- S cada conflicto ha favorecido a Teherán. El cese del fuego podría cambiar las cosas.

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