Sandro Pozzi, El País de Madrid
LOS VECINOS DE HARLEM están molestos con Bill Clinton, el mismo a quien la comunidad negra estadounidense consideró como el primer presidente afro. Se trata de los mismos vecinos a los que el demócrata quiso mostrar su solidaridad al establecer sus oficinas en el humilde barrio, hace seis años.
La llegada de Clinton a Harlem está provocando una fiebre en la capital negra de Estados Unidos. Se calcula que desde 2000 el alquiler de un apartamento pasó de 800 dólares mensuales a 1.400 y los precios de compra se multiplicaron por diez.
Por eso, residentes se lanzaron a la calle para protestar ante la oficina de la Fundación Clinton. Nellie Bailey, del consejo de inquilinos de Harlem, explicó que se trató de atraer la atención ante la falta de una política de vivienda que apoye a las clases más bajas.
La protesta se puede calificar de simbólica en una ciudad en donde viven más de ocho millones de habitantes. Tras la II Guerra Mundial y hasta los años 90, el barrio fue bastión de afroamericanos e hispanos.
El repunte económico que vive Nueva York tras la crisis del 11-S explica esta efervescencia por Harlem, más que la llegada de Bill Clinton a la zona, según explican agentes inmobiliarios. Un apartamento similar al de Harlem en el barrio de Chelsea, en pleno Manhattan, costaría hoy más de 2.500 dólares mensuales. A pesar de la protesta, Harlem sigue suponiendo una vía de escape para muchos neoyorquinos que ya no pueden permitirse vivir en la isla.