Máximo y mínimo

Leonardo Haberkorn

La nota central de esta edición de Qué Pasa está dedicada a un organismo llamado oficialmente Junta Asesora en Materia Económica y Financiera del Estado, pero que es más conocido con el impactante nombre de Junta Anticorrupción.

Esta institución es, ni más ni menos, que la encargada de velar por la transparencia del Estado uruguayo.

Los lectores descubrirán hasta qué punto la historia de la Junta resume el doblez con que tantas veces se hacen las cosas en Uruguay: fue creada con loables fines, como verificar que gobernantes y funcionarios no se enriquezcan ilícitamente mientras sirven al Estado, garantizar la transparencia de la financiación del sistema político, controlar las compras estatales, asegurarse de que todos podamos acceder a la información pública.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la Junta Anticorrupción no cumple con ninguno de estos cometidos porque no fue dotada de los instrumentos legales ni funcionales necesarios.

Existe. Y todo seguiría igual si dejara de existir.

Algo parecido ocurre con el Tribunal de Cuentas, cuyas observaciones casi nunca son atendidas por el Parlamento.

¿No sería menos cínico que estos organismos de control no existieran? ¿Que Uruguay asumiera su falta de transparencia, el oficialismo de su cultura del secreto, su opacidad mayúscula?

Así las cosas, resulta doblemente insultante cuando los gobernantes proclaman que Uruguay es un paraíso de la transparencia, como si los ciudadanos fuésemos idiotas.

Esta semana lo hizo el subsecretario del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Jaime Igorra, en una entrevista dada al diario El Observador. Allí el viceministro ambiental señaló que Argentina nos ha declarado una "guerra económica" debido a que Uruguay es un país modelo por su seriedad y ausencia de corrupción.

Igorra, que es la segunda máxima autoridad ambiental del país, cree que la finlandesa Botnia y la española Ence "optaron por Uruguay para instalarse" durante el gobierno de Jorge Batlle porque Uruguay ya era entonces un país modelo. Al parecer el viceministro no recuerda las exhortaciones a endeudarse en dólares, la inmediata devaluación, la confiscación de ahorros bancarios, la pérdida de folios de expedientes en el Banco Central y otros detallecitos.

Igorra dijo que "las razones para elegir Uruguay son las que nos diferencian de Argentina: políticas estables (¿como la de seguridad pública?), respeto a los contratos (¿como los que tenían las empresas privadas de agua?), un país predecible independientemente del sector político (¿se refiere a que gane quien gane organismos como la Junta Anticorrupción serán ignorados?), honestidad y transparencia en los procedimientos" (¿como ocurre con la financiación de los partidos políticos?).

"Los inversores son proclives a apostar fuerte en aquellos países en donde no existe la corrupción y no es aceptada la coima", agregó Igorra, que parece no estar informado de cómo se concretaron las últimas fugas del penal de Libertad.

No es raro que Igorra diga lo que se le ocurra. Lo raro y lo preocupante es que sea viceministro de Medio Ambiente.

No hace mucho, en una reunión de ambientalistas dijo que tenía serias dudas de que existiera el cambio climático. En otra entrevista, citada recientemente por el fiscal Enrique Viana ante la Justicia, Igorra sostuvo que hoy el mundo está prácticamente incontaminado: "todo lo que la industria contaminó, dos guerras mundiales, la primera y la segunda, gasificando, bombardeando, 40 años de pruebas atómicas en todo el mundo, dos bombas atómicas lanzadas contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y ¿la salud del planeta en cuánto desmejoró? Mínimo".

El "mínimo" de Igorra incluye:

Tragedias ambientales como la de Bhopal (India, 1984) y Chernobyl (Ucrania, 1989) que provocaron decenas de miles de muertos y aún hoy continúan cobrando víctimas.

La extinción de 840 especies en los últimos 500 años. La Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza advierte que otras 15.589 están amenazadas, incluyendo a los primates, los animales más parecidos al hombre.

Las poblaciones de grandes peces han disminuido hasta 50% en los últimos 50 años debido al exceso de pesca.

Las selvas están desapareciendo en forma acelerada. La Amazonia ya perdió más del 20% de su tamaño original y está siendo desmantelada frenéticamente. Sólo en 2004, 24,5 millones de metros cúbicos de árboles fueron derribados en la Amazonia brasileña.

Lo mismo ocurre en el resto de las selvas del mundo. Según el gobierno de Indonesia, 1,61 millones de hectáreas de selva —un área casi del tamaño de Durazno— son taladas cada año en ese país. A este ritmo, los orangutanes dispondrán en 2032 de apenas el 1% del territorio que hoy ocupan.

En los últimos 120 años la temperatura media de la Tierra subió un grado, lo que está provocando el derretimiento de glaciares, casquetes polares y las nieves eternas. La capa de hielo del océano Ártico fue este invierno 20% menor que la media histórica. Hay países insulares del océano Pacífico que, ante el aumento progresivo del nivel del agua ya están haciendo planes para evacuar a toda su población.

Debido al cambio climático ciclones y huracanes han aumentado 5% en duración e intensidad desde 1970, según un estudio del Instituto de Tecnología de Massachusetts publicado hace un mes en la revista Nature.

Todas estas tragedias ambientales son noticias de las cuales nuestro viceministro ambiental no tomó nota, o le parecen "mínimas".

Así, con esos parámetros tan invertidos, no es raro que a Igorra la transparencia de Uruguay le parezca "máxima".

Aunque la historia de la Junta Anticorrupción diga exactamente lo contrario.

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