Joel Rosenberg
—¿Cuál es su sensación luego de una semana de consultas en la nueva policlínica?
—Debe ser más o menos como la sensación de haber vivido en un rancho y vivir en una casa. Estábamos en un lugar desastroso, deprimente. Se inundaba con aguas de lluvia y con aguas servidas. Quedaba un olor insufrible y era riesgoso porque los pacientes son inmunodeprimidos. De eso pasamos a un lugar precioso, que nos permite una atención digna.
—¿Cómo se financió la obra?
—Hubo una comisión de apoyo que se puso todo al hombro con una educadora comunitaria, Lisette Collazo, al frente. Y un grupo de gente que vio la tarea que estábamos haciendo se sensibilizó y apoyó: la embajada de Japón puso 40.000 dólares, Unicef 10.000 y el Estado algo más de 5.000 dólares.
—Inauguran el nuevo local con cifras alentadoras para el Centro.
—Sí, Uruguay prácticamente encabeza la lista de mejores países en cifras de trasmisión materno infantil de América Latina. En los países desarrollados, de cada 100 madres infectadas que tienen familia un niño nace infectado; en Uruguay andamos en 3,3% y en el resto de América Latina hay cifras altísimas. Costa Rica, para nosotros pionero en salud, tiene 18% de trasmisión vertical.
—¿Cómo lograron este avance con el marco de la crisis económica y el aumento del sida en Uruguay?
—Con un programa que comenzó en 2002, donde se empezó a hacer un test rápido de VIH a las mujeres de nivel socioeconómico bajo apenas llegan al hospital. Si da positivo enseguida se comienza a atacar la enfermedad.
—¿Cuáles son las posibilidades?
—Se le hace a la madre lo que el tiempo nos permite. Si llega en fase de trabajo de parto se aplica un medicamento intravenoso y un medicamento al recién nacido y se suprime la lactancia. En los países desarrollados llegan al 1% de trasmisión porque las mujeres se controlan el embarazo y después de los primeros tres meses se les da medicación que disminuye la presencia del virus en la sangre.
—¿Se puede mejorar más?
—Sí. Con las mamás que se controlan tenemos bajísimos porcentajes: entre 0,9% y 1,0%, logramos lo mismo que en el mundo desarrollado. Pero necesitamos que se controlen el embarazo; acá, en el Pereira Rosell el 20 o 25% de las que llegan a parir no se controlaron durante los nueve meses del embarazo.
—Usted lucha mucho también para bajar la discriminación a los niños infectados. ¿Sigue existiendo eso?
—Sí. Hace tres meses tuvimos que ir a una escuela donde va una niña que tiene sida, porque se habían enterado y no querían que fuera más. Y fue una hermosa reunión: los padres y maestros hablamos mucho y parecería que se entendió. Y la niña sigue en la escuela e integrada.
Estamos dispuestos con el equipo a ir a todas las escuelas y liceos que tienen problemas. Queremos hacerlo porque hay mucha mala información que produce temor.
—En los 15 años del Centro, ¿cuántos niños infectados con VIH atendieron?
—Atendimos, 157 chicos infectados. Hay que tener en cuenta que los medicamentos están hace ocho o nueve años, entonces se nos han muerto más chicos de lo que quisiéramos, más de 50. De los aproximadamente 1.000 niños atendidos, más de 850 no se han infectado. Y ahora sólo se infecta el 3,3% cuando en 1995 era el 35%.