L.H.
Varios lectores escribieron Qué Pasa motivados por el artículo de Joel Rosenberg, en nuestra edición anterior, respecto a diversos maltratos que padeció en un 192 y al llamar a la oficina de reclamos de Cutcsa.
Pedro Motolko escribió que "a diario suceden este tipo de hechos bochornosos" en los ómnibus. "No son todos los empleados de Cutcsa los que tienen ese tipo de actitud, pero son los que sobresalen", agregó.
El lector Roberto Cabrera escribió que "el artículo muestra lo que sienten los usuarios, por el continuo maltrato a los clientes". Recordó que muchos coches de Cutcsa llevan la música a alto volumen y las luces interiores apagadas de noche. Dijo que se compró una moto para no padecerlos más.
Ruben Spano, cliente del 109, escribió: "Estoy CASI acostumbrado a que me falten el respeto". Relató que un día subió de mañana al ómnibus y quiso pagar con 100 pesos. El guarda, impertinente, le respondió: "¿Por qué no me pagás con un cheque?". A la tarde, se preocupó de buscar cambio y pagó con monedas. Entonces el guarda, impertinente, le dijo: "Flaco, ¿rompiste la alcancía?".
Las cartas serán publicadas en la sección ECOS de El País.
El director de la oficina de atención al cliente de Cutcsa llamó a Qué Pasa . Dijo que el conductor denunciado está de licencia, que el caso se tratará cuando regrese. No dijo nada sobre el guarda que fumaba a bordo ni sobre la displicente telefonista que tomó la denuncia en primera instancia.
Dijo sí que su oficina es nueva y que hacen lo posible. Podrían empezar por colocar los horarios en las paradas. ¿O es imposible?
Cada vez que subo a un ómnibus que de noche obliga a los pasajeros a viajar a oscuras o a uno que tiene las ventanillas cien por ciento tapadas de publicidad, que los hay, pienso en llamar a su oficina.
No lo hago porque ya lo hice una vez. Tomaron mi denuncia y mis datos. Me dijeron que quizás me llamarían para darme explicaciones. Nunca lo hicieron. Y de lo denunciado, no cambió nada.