Mohammed Assadi, Reuters
Jalal al-Jalajili mira con tristeza el césped seco desde el balcón del hotel cuatro estrellas Resort Village, en la ciudad cisjordana de Jericó.
El hotel abrió en 1998, cuando el fin del conflicto entre israelíes y palestinos parecía al alcance de la mano. Cientos de peregrinos y otros turistas se hospedaban allí, proporcionando una valiosa fuente de ingresos a la golpeada economía palestina.
Pero más de dos años de violencia entre palestinos e israelíes han propinado un duro golpe al turismo en Cisjordania en general. Incluso los turistas que no temen a la violencia encuentran difícil moverse debido a los bloqueos militares israelíes y los toques de queda. Jericó, a menos de una hora en auto de Jerusalén, está rodeada por puestos militares israelíes, bloques de cemento, cercas de alambre de púas y trincheras. "Ni las moscas pueden entrar", dijo Jalajili. "Trabajar aquí se ha convertido en algo muy, muy aburrido y deprimente".
Israel dice que los bloqueos son necesarios para proteger a los vecinos asentamientos judíos de los ataques y asesinatos cometidos por palestinos radicales. Pero los palestinos consideran que las medidas israelíes equivalen a un castigo colectivo.
En 1998, según Jalajili, el Resort Village tuvo ganancias por dos millones de dólares. Ahora, el segundo mayor hotel de Jericó sólo conserva cuatro de los 150 empleados que llegó a tener. Durante una visita reciente, las 108 habitaciones estaban vacías, excepto la ocupada por este periodista.
"Usted es el único visitante en dos semanas", dijo Jalajili. "En esta época del año solía haber tantos huéspedes como hormigas. Los visitantes tenían que reservar con antelación".
Según Baijis Ismail, un alto funcionario del Ministerio palestino de Turismo, la tasa de ocupación de las 6.000 habitaciones de hoteles en Cisjordania, Gaza y Jerusalén oriental ha caído en picada: antes de la intifada era del 80%, ahora es de menos del 1%.
La situación no es tan desesperada en Israel, pero el turismo allí también ha sufrido los efectos de la violencia. El número de visitantes extranjeros cayó un 50% en el 2001 y otro 40% en el 2002. Muchos hoteles tuvieron que cerrar o reducir su personal, y los que quedan ofrecen precios muy bajos para atraer al turismo doméstico.
"Tanto los sectores turísticos palestino como israelí están sufriendo", admitió Ismail. "Pero nosotros sufrimos más que los israelíes porque ellos no tienen puntos de control y toques de queda palestinos dentro de sus ciudades". ©