Andrés Cerisola - FERRERE Abogados
"No al no se puede" Presidente José Mujica, 1 de marzo de 2010.
Estrenar gobierno electo genera –más allá de nuestras ideologías- una sensación de bienestar democrático; especialmente en aquellos que vivimos nuestra juventud sin garantías y con los derechos amputados. Las opiniones personales pueden matizar ese sentimiento de ciudadanía, pero no pueden ahogarlo.
La ilusión no necesariamente debe ser pasajera. Puede ser sensata si es expectativa consciente de los ritmos y limitaciones de la vida democrática y el acontecer económico. Y es productiva si es un sentir común a los uruguayos que deben, cada día, negociar sus diferencias apostando a la civilidad.
Memoria obligada
El discurso del presidente Mujica, que fue innovador y apegado a un aire barrial al mismo tiempo fue conciliatorio y firme. Se inserta en las mejores tradiciones de civismo del Uruguay. Hubo mensajes de paz, profundas autocríticas apenas maquilladas y claras advertencias.
Sobre cada uno de esos aspectos valdrá la pena analizar y debatir. Pero, más allá de la reflexión y la polémica esta semana debe ser inolvidable. La memoria de estas jornadas es sana para los gobernados y obligatoria para los gobernantes.
Cada gesto autoritario, cada automatismo ideológico, cada racionalización del abuso deberá amainar recordando que el presidente eligió vernos como nación y apartarse de las certezas mágicas. Dijo "no a la bronca", al escepticismo paralizante y concluyó que "el dogmatismo ha quedado sepultado". Ni más ni menos.
Los empresarios atrincherados en el paternalismo o la mezquindad y los sindicalistas irracionales y patoteros están en problemas: el presidente dice que está del lado de la "vida política serena". Dice que debemos asumir que está mal "el todo o nada". Un Uruguay donde "trabajar e invertir tranquilos", una cultura política que reclame "pocos héroes y pocos villanos".
La convivencia que pinta el presidente, será para él un "purgatorio", pero se parece al paraíso para un país que ha padecido los prejuicios de "izquierdas" y "derechas". Prejuicios que, en verdad, han logrado una simetría inmovilizadota capaz de boicotear muchos emprendimientos.
La mejor práctica empresarial es socialmente responsable, apuesta a la renovación y asume que es en la búsqueda cotidiana de convergencias que se generan las condiciones del desarrollo. Los militantes anquilosados deben asumir que el costo de sus certidumbres pétreas y sus prácticas anticuadas y violentas se traducen en el dolor de muchos y en el atraso de todos.
Oportunidades y justicia para todos
De las palabras del presidente y de sus ministros se desprende que se está acabando en Uruguay la pretensión de imponer un Olimpo instantáneo. Que se trata, como se trató siempre, de construir, cada día y entre todos, una sociedad siempre perfectible, de oportunidades y justicia para todos.
Muy lejos estuvo el presidente de la visión del mundo de algunos de sus invitados extranjeros que apuestan a dividir y enfrentar a sus países.
Si se admite que corruptos y honestos hay en todos lados, que la institucionalidad es un valor imperdible, buena parte del mundo empresarial estará hombro con hombro con el viejo tupamaro. Cosas mas inverosímiles se han visto estas últimas semanas.
En este paisaje de rasgos inéditos, hará bien el presidente en tener claro que, de las diversas corporaciones que condicionan la vida económica, cultural y política del país, la menos agresiva y más propensa a la flexibilidad es, sin duda, la empresaria. Por definición, vocación y conveniencia. Es que los empresarios no son ilusos, tienen ilusiones.
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