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El abaratamiento de los costos, los extensos planes de financiación y una mayor aceptación social impulsan el mercado local de las cirugías estéticas, en el que participan formalmente 15 clínicas que se reparten un negocio de por lo menos US$ 10 millones; de cara al verano trepan las intervenciones
Por Virginia Díaz - vdiaz@elpais.com.uy
Llega el verano y cada vez menos uruguayos se conforman con un bronceado parejo y un traje de baño nuevo, sino que optan por pasar por un profesional que moldee con su bisturí lo que el gimnasio no pudo lograr y borre las marcas que deja el paso de los años.
Aunque no hay números certeros sobre la cantidad de cirugías estéticas que se realizan en Uruguay, se estima que la cifra se acerca a las 5.000 intervenciones al año dando lugar a un negocio que mueve por lo menos US$ 10 millones atizado por menores costos, extensos planes de financiación y promociones.
Pasados los temores iniciales y en línea con el culto al modelo de belleza imperante, el crecimiento de las operaciones con fines estéticos fue sostenido durante la última década, solamente interrumpido por variaciones drásticas en el desempeño de la economía.
En lo que va de este año, por ejemplo, no se percibe crecimiento en relación al año pasando, pero tampoco una caída de la demanda.
Con intervenciones que difícilmente bajan de los US$ 2.000 y pueden trepar a más del doble, las clínicas estéticas hacen su negocio. Hoy son 15 los centros de cirugía plástica habilitados por el Ministerio de Salud Pública que trabajan tanto con pacientes de Uruguay como con algunos que llegan desde el exterior para aprovechar los mejores precios relativos.
Al acercarse la temporada estival, las intervenciones se incrementan alrededor de 30% en relación a los primeros meses del año. El repunte comienza en vacaciones de julio sobre todo en las pacientes más jóvenes que aprovechan las dos semanas de vacaciones para operarse. En esos días, las intervención que más se realiza es la rinoplastia - cirugía de nariz-. A partir de julio las consultas y operaciones son cada vez más frecuentes pero recién en setiembre es cuando ese incremento es mayor y sigue en alza hasta diciembre, para luego volver a decrecer.
En esos meses pululan las lipoaspiraciones, la dermolipectomía (reducción de grasas y piel) y los implantes mamarios, que son los preferidos para lucir en días de poca ropa. La cirujana plástica Beatriz Manaro explicó que en verano el cuerpo se expone más, se disminuye el tipo de ropa y eso lleva a que uno quiera lucir bien.
DE MUJERES Y HOMBRES
Desde siempre se relaciona las cirugías estéticas con las mujeres. Sin embargo, no solamente el sexo femenino se preocupa por la apariencia sino que cada vez son más los hombres que se atreven a intervenirse y mejorar su silueta. En los últimos cinco años, las operaciones en hombres han aumentado en el orden del 100%, afirmó Alejandro Gammella de Clínica Avril. La lipoescultura, el implante capilar así como la corrección de párpados y papadas son las más comunes aunque hay quienes también se realizan implantes de pectorales.
La preocupación por el aspecto "es una constante acá y en todo el mundo", afirmó el cirujano plástico Jorge Curbelo Wern y enfatizó que muchas veces las cirugías de este tipo no están recomendadas para cualquier persona, porque siempre existen riesgos.
Las intervenciones más demandas dependen de la edad; entre los jóvenes menores de 30 años las más usuales son la lipoaspiración, la implantación de prótesis de mamas y la rinoplastia. Mientras que entre las personas de más edad, el rejuvenecimiento facial y la plastia de abdomen son dos de las intervenciones más solicitadas, sostuvo el cirujano plástico Alberto Irigaray.
Los entendidos no dudaron en afirmar que cuando un paciente se realiza la primera cirugía es más factible que se anime a una segunda o una tercera. "Va tomando el gusto al tener una buena experiencia", explicó Manaro y destacó que una persona puede realizarse un lifting e ir a los diez días a una fiesta. Al ver eso, pierde el temor a estar un mes encerrada".
Cirugía para todos
El presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica del Uruguay, que agrupa a unos cien profesionales, Gonzalo Fossati, hizo hincapié en que en los últimos años la demanda ha aumentado a fuerza de un abaratamiento de costos y de una mayor aceptación social.
"Antes, aquellos que se operaban lo hacían a escondidas, era un secreto, pero ahora lo comentan en una reunión de amigos. Hoy la misma persona lo está contando", graficó el profesional.
Para Fossati se perdieron los prejuicios porque la cirugía estética mejora la autoestima del dueño del cuerpo. Pero, más allá de la gran aceptación que existe hoy, los entendidos se mostraron preocupados en torno a las clínicas que no están habilitadas por el Ministerio de Salud Pública o aquellas donde los que atienden no son especialistas. Enfatizaron en tal sentido la necesidad de que el paciente se asesore y busque las referencias del médico que lo va a intervenir para evitar riesgos.
Consultados los especialistas sobre los precios de las intervenciones sostuvieron que son bastante variables de acuerdo a si se realiza en un sanatorio, hospital o clínica; el tipo de anestesia, el equipo médico y la propia cirugía a la que someta. Acceder a un lifting cuesta entre US$ 1.800 y unos US$ 4.000, un implante de mamas unos US$ 2.500, un microimplante capilar unos US$ 2.000 y un refrescamiento facial alrededor de US$ 2.500.
vv En los últimos 10 años mayo es el mes de menos cirugías estéticas. Hay una suba en turismo y luego de julio es cuando comienza a trepar la demanda hasta diciembre, afirmó el cirujano Alberto Irigaray, que ejerce hace 40 años.
vv Los profesionales se refirieron a que antiguamente los pacientes que decidían realizarse una intervención estaban frente a un defecto grande. Sin embargo, hoy buscan una imperfección menor para decidir operarse. A su vez, agregaron que una persona con mejor presencia tiene mayores y mejores posibilidades a la hora de encontrar un puesto laboral.
vv"Nunca hay una urgencia de una cirugía estética", afirmó el cirujano Jorge Curbelo. Los miedos previos a la intervención son normales afirman los profesionales, a lo que Alberto Irigaray sostuvo que hay dos temores típicos que siempre se presentan en la consulta y que en muchos casos los detienen a intervenirse: el miedo a padecer dolor y al cómo va a quedar.
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