Históricamente, Uruguay ha sido el hijo menor de la región, con una economía que siempre ha reflejado las bonanzas y los problemas de sus países vecinos.
Tras una dura pero triunfal salida de una de las peores crisis de su historia, en 2002 el país logró transformar su imagen frente al mundo. El sistema político y financiero uruguayo capitalizó la experiencia en el manejo de situaciones económicas complejas. Pocos años después, y en medio de un turbulento clima financiero mundial, nuestro país es mirado con buenos ojos como lugar para invertir. Lo he comprobado durante el proceso que experimentó Santander Uruguay con la compra de activos de ABN AMRO. Y me consta que hoy el país ostenta un privilegiado crédito financiero y moral. No es casual que en tiempos turbulentos, Uruguay sea elegido por empresas extranjeras para su expansión en Latinoamérica.
El mundo sabe que este país cumplió todas y cada una de sus obligaciones de deuda externa y realizó un canje ejemplar. Salimos fortalecidos y ello nos ubica, como mercado financiero, en una posición competitiva con ventajas reales frente a nuestros grandes vecinos. Saber aprovecharlas dependerá entonces de todos los actores involucrados. Y a ello estamos convocados.