Cuando Damiani viste de CEO

Conocido popularmente por Peñarol, Juan Pedro Damiani dirige un poderoso bufete financiero-contable con oficinas en Uruguay, Argentina, Panamá y Suiza, que ahora sumó negocios inmobiliarios

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Por Gastón Pérgola - gpergola@elpais.com.uy

Por cuarta vez en diez minutos suena el smartphone de Juan Pedro Damiani. "No. no me dejes en el tubo, macho. Estoy trabajando. Lo hacemos ahora o no lo hacemos. No puedo esperar". Corta e inmediatamente se vuelve a disculpar. Lo llamaban desde "Las voces del fútbol", el programa en Sport 890 que conduce Julio Ríos, quien pretendía una entrevista radial. Antes habían sido un diario y dos canales de televisión. "Todos los días es igual", dice con tono agobiado, aunque matizado por el rictus de satisfacción en su rostro. Popularmente conocido por estar al frente del Club Atlético Peñarol, "el hijo del contador" lleva adelante profusas actividades empresariales, que trascienden largamente la administración de un club de fútbol.

De su padre heredó muchas cosas, y no solo genéticas. Desde hace un tiempo dirige el estudio de contadores especializado en auditoría y consultoría, JP Damiani & Asociados, que además de trabajar para firmas locales ofrece servicios en el exterior para empresas multinacionales. En total atiende 1.200 clientes, entre los cuales figuran empresas de Argentina, Alemania, Brasil, Chile, España, Italia y Suiza.

Acuerdos de confidencialidad le impiden revelar los nombres de su abultada cartera de clientes, aunque sí se anima a decir que representa a la familia Pérez Companc, uno de los grupos económicos más poderosos de Argentina, cuyos negocios se han expandido a otros países de Latinoamérica.

Generalmente atiende sus negocios desde el mítico estudio de Ciudad Vieja en el que su padre cocinó mil y un acuerdos, pero también cuenta con oficinas en Zonamérica, Buenos Aires, Panamá y Lugano, Suiza. "Desde Buenos Aires manejamos la auditoria, consultoría y banca privada. En Panamá nucleamos el trabajo de parte de las compañías del exterior y en Suiza hay dos fiduciarias también para el manejo de banca privada", explica.

El "family officer", como pronuncia Damiani, o el manejo de patrimonios familiares es otra de las unidades de negocio que desarrolla la firma, a través de su agente de valores Monviva Investment Services. Por si fuera poco, al tiempo de quedar al frente del estudio, el empresario decidió comprar un título de bolsa para posteriormente conseguir una patente de auditores internacionales Kreston, una de las 15 asociaciones de contadores y asesores de negocio más grandes a nivel mundial.

Fue a partir de ahí que Juan Pedro empezó a incursionar fuertemente en asesoramiento financiero, marcando una diferencia con su padre, contador y banquero de años. "Yo no intermedio, asesoro. No soy el típico banquero al que le das plata y se la presta a otro. Los clientes nos pagan para evitar cometer errores con su dinero", remata.

Damiani también decidió lanzarse como desarrollador de proyectos urbanísticos y en 2005 creó el grupo desarrollista DDC, junto con un inglés amigo del mundo financiero llamado Kurt Portmann.

Así las cosas, hace dos años compró con su socio un predio de 14 hectáreas en la zona de Carrasco Este para el desarrollo del proyecto urbanístico Lagos. Según Damiani "ya fue vendido a inversores extranjeros con una muy buena rentabilidad". Recientemente también adquirió, junto con el grupo Campiglia, el predio perteneciente al ex Hebraica Macabi (al final de Máximo Tajes sobre el punte de Carrasco) para comenzar allí la construcción de otro complejo urbanístico.

De vez en cuando viaja a Marruecos y no precisamente de vacaciones, sino por su cargo de cónsul de Marruecos en Uruguay. Además es miembro de la comisión de ética de la FIFA que, según afirma, es un lugar donde se generan muchos vínculos.

stress y familia

"¿Querés ver la cantidad de mails que me llegaron en este rato?, interrumpe Juan Pedro, enérgico. Los mensajes caen a chorretes. Pero no se queja. Por el contario, parece sentirse a gusto. De hecho, en su escala de valores afectivos, da a entender que después de su familia, está su valija y su computadora. Es que en ella lleva todos sus negocios y a Peñarol.

"Todos los mails que entran y salen de todas mis oficinas pasan por mí para estar enterado de todo, de lo que pase en Uruguay, en Suiza o en Panamá", explica, al tiempo que reconoce que no se imagina el mundo sin los avances tecnológicos. "A veces me pregunto cómo harían en la época de mi viejo. Creo que en ese momento la gente tenía menos ansiedad. No puede haber otra explicación", reflexiona como reprochándose a si mismo.

A sus 50 es el menor de cuatro hermanos; tres mujeres y él. Tiene, a su vez, cuatro hijos, tres de su primer matrimonio, que van desde los 17 a los 23, y uno de siete meses con su actual pareja. "Todos trabajan conmigo y son hinchas de Peñarol", dice orgulloso.

¿Cómo hace para lidiar con tanto trabajo y, además, presidir Peñarol?

Es todo un tema. Primero hay una cuestión genética. Los Damiani somos muy dinámicos, no somos gente para quedarnos quietos. En un momento llegué a pensar, ¿para qué voy a agarrar a Peñarol si yo más o menos ya estoy? Pero es que no soy un hombre de quedarme en mi casa pescando y eso que vivo frente a un lago también. Pero, si no tuviera a Peñarol, inventaría otro tipo de actividad. Y no porque no me encuentre cómodo en mi casa, sino porque siempre estoy buscando algo para hacer.

La clave de todo, dice, es ser organizado y disciplinado. Un día de semana se levanta a las 7:30 y sale a correr diez kilómetros por la rambla de Carrasco. Después de su maratón, tres días a la semana, se reúne con su entrenador personal para seguir una rutina de estiramiento, gimnasia y pesas en su casa, donde tiene un pequeño gimnasio. Esos días llega al estudio sobre las once de la mañana, casi siempre con su vianda preparada desde la noche anterior.

"Antes, si no estaba a las ocho de la mañana en el estudio, la culpa me carcomía, pero me di cuenta que hacer deportes forma parte de mi bienestar y el tiempo de la mañana lo recupero con eficiencia y comiendo en el estudio", explica.

Sobre las 14.00, Damiani suspende las actividades, manda filtrar las llamadas y tiene su "momento de relax", que aprovecha para almorzar junto a sus hijos en el trabajo. Ya a las 20.00 saluda al portero y marcha hacia su casa. Mientras tanto, todos los miércoles a primera hora viaja a Buenos Aires para atender sus negocios de bolsa y banca privada, y vuelve los jueves a última hora.

Los días que está en Montevideo se toma un rato en la tarde para Peñarol. "Ahora el club me está complicando y por lo menos tres veces por semana cuando estoy en Montevideo voy". Los fines de semana se desentiende del trabajo y se dedica full time a su familia y a hacer (o mirar) deportes.

Otra de las claves para llevar a buen puerto sus negocios, según reconoce, es la capacidad para armar buenos equipos de trabajo. "Esa es una virtud que puedo tener. Una vez un turco conocido me dijo, cuando recién empezaba en esto: `Damiani, si las manos están ocupadas, la cabeza no piensa`. Y tiene razón. Si vos estás todo el día haciendo balances es complicado. Uno tiene que estar arriba generando cosas, tomando decisiones".

Génesis

Ser el menor y el único varón lo llevaron a forjar una fuerte relación de apego con su padre, el contador José Pedro Damiani. "Fui el hijo varón que siempre quiso. Por eso salía mucho con él, desde pequeño. Andaba con mi viejo para todos lados".

Eso, asegura, le dio mucho mundo. Ir a las reuniones con su padre desde chico, ver cómo se desenvolvía y escuchar sus diálogos fueron aspectos que marcaron su personalidad. "Al lado de mi viejo conocí a un montón de gente. De ver a Jorge Pérez Companc o David Rockefeller a estar con peones y boxeadores. Eso me dio mucha baqueta", grafica.

Nació y se crió en el Parque Rodó hasta que en 1984 se mudó para Carrasco; su educación formal la cursó en el Colegio Seminario. Fue un alumno promedio y, según dice, bastante vago, pero destacado en aquellas cuestiones que le gustaban. Dejando la modestia de lado, por un momento, explica esta cuestión.

"Creo que soy un típico exponente de la inteligencia emocional. Hay un libro sobre eso que cuenta que los grandes cerebros de Harvard generalmente no llegaban a grandes cosas. Si bien tenían un gran coeficiente intelectual, no así emocional. Hay personas que saben cuándo frenar o ir para adelante, son intuitivos; eso es la inteligencia emocional. Y creo que hoy en el mundo faltan más personas así, que sepan armar y desarmar estructuras rápidamente. Los tipos que hacen cosas diferentes son aquellos que tienen inteligencia emocional".

Quizás el poco entusiasmo que le generaban los libros de Secundaria y esa misma inteligencia emocional hizo que con 14 años comenzara a trabajar de cadete en el estudio de su padre, llevando y trayendo cartas y haciendo trámites. Y ahí fue donde heredó la capacidad de trabajo de su padre.

"Me acuerdo una vez en verano que había una lluvia de la gran puta, yo trabajaba como cadete y le fui a decir a mi viejo en tono de pregunta: `entonces no salgo con esta lluvia`. Mi viejo me miró, me dio unos pesos, me mandó a comprar un pilot bien berreta, unas galochas, y te podrás imaginar que me mojé hasta el culo. Pero fueron las cosas que me marcaron. El viejo fue en ese sentido muy exigente".

Hizo hasta el último año de la carrera de economista, pero no llegó a recibirse. Manejar los negocios de su padre comenzó a ocuparle mucho tiempo.

¿Cuándo comienza a hacerse cargo de los negocios de su padre?

En 1977, con 18 años, empiezo a trabajar en la parte administrativa, ya más cerca de mi viejo. Y el desarrollo mío es cuando mi viejo accede a la vicepresidencia del BROU. Ahí empecé a viajar y a tratar con todos los clientes de peso, que antes hablaban con mi viejo.

¿Es difícil ser empresario en Uruguay?

Es difícil por varias cosas. El mercado es muy chico y aunque eso a veces trae oportunidades, porque hay menos "players", esa misma pequeñez es la que a veces impide proyectarse.

Pero en realidad lo que más complica es la actitud de gasto del uruguayo en general. Somos muy conservadores, entonces es muy difícil todo. El uruguayo no gasta. Y no solo te hablo a nivel de lujo, sino que es difícil hasta para quien tiene un negocio común y corriente. Vos le vas a alquilar a un argentino una casa de veraneo y es terrible casa. Y el uruguayo igual pone en su casa los muebles de la abuela para no comprar nuevos. Somos conservadores, no gastamos y eso se siente.

A usted le va bien en la vida ¿lo han mirado con desconfianza?

El gran problema de este país es que normalmente el éxito, y no me refiero solo al económico, se castiga. Y te pongo un ejemplo. Juan Alberto Schiaffino fue mucho mejor jugador que Obdulio Varela, dicen. Pero, como vivía en Carrasco y era un señorito, nunca lo consideraron tanto. En cambio, Obdulio Varela era más bien típicamente uruguayo.

¿Piensa en nuevos negocios?

A mí me gusta hacer cosas y no por un tema económico. Me gusta dejar la huella. Una de las asignaturas pendientes, que no me voy a morir sin hacer, es el estadio de Peñarol. Ahora no puedo porque hay que sacar al club de otras dificultades.

¿Qué aconsejaría a empresarios locales?

Los alimentos van a ser en el futuro y ahí habrá una gran oportunidad. Para aprovecharla tenemos que copiar a los que les va bien.

La parte del león va para contratistas

¿Peñarol es un buen negocio?

Muchos pueden pensar que me estoy complicando la vida con Peñarol. Pero es una necesidad personal, de desafío. Como negocio es una mierda. Yo nunca hice negocios en el fútbol ni lo voy a hacer. Y creo que la gran mayoría de los dirigentes de fútbol de este país son honestos.

El fútbol es un negocio multimillonario global…

Es una paradoja increíble. La FIFA es la multinacional más grande del mundo en cuanto a lo que factura. El fútbol es un gran negocio, que mueve mucha plata y que en Uruguay es dudoso porque los empresarios o contratistas se están llevando la parte del león.

Ha citado la gestión de Mauricio Macri en Boca, como un ejemplo…

Lo conozco a Macri desde hace mucho tiempo y no del fútbol. Al principio yo le daba consejos a él sobre fútbol y ahora él me los tiene que dar a mí (se ríe). Su padre era muy amigo del mío por negocios y de ahí lo conozco a Mauricio. Y lo que hizo él con Boca yo ahora lo voy a poder a hacer con Peñarol.

¿Es un mal ambiente el del fútbol?

Yo siempre digo que el fútbol da popularidad, pero no da prestigio.

Su padre decía que el fútbol uruguayo, así como estaba, era la crónica de una muerte anunciada…

Y no se equivocó. Pero el fútbol sale. Es muy importante para el Uruguay. No se va a dejar morir.

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