El negocio detrás de las carpas porteñas
- Cuando el gobierno argentino envió al Parlamento un proyecto de ley para zanjar la rebelión de los productores agrícolas del país, éstos anunciaron que instalarían una carpa frente al Congreso para llamar la atención sobre su causa.
De inmediato tres grupos de simpatizantes del gobierno decidieron instalar las suyas para apoyar a la presidenta Cristina Kirchner. A las 72 horas una furiosa competencia de casi 10 tiendas de campaña era librada frente al edificio legislativo. Y no sólo eso. Toros inflables gigantescos, hombres-huevo, partidos de rugby entre ruralistas y piqueteros y personajes de la farándula hacían de las suyas.
Alguien, sin embargo, encontró un negocio detrás. José Luis Piezi, propietario de la empresa de carpas Almar, proveyó al menos cuatro de éstas a las autoridades. Una de ellas, de 200 m2, con calefacción, sistema de audio, camarines y un grupo electrógeno incluido. Piezi dice que las arrendaba por un promedio diario de entre US$ 7 y US$ 8. ¿Tan barato? "Al final a mí me sirve: el teléfono pintado al lado de las carpas me sirvió para alquilar otras 20", dice.
AMÉRICA ECONOMÍA
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