Geraldine Ifrán - FERRERE Abogados
Según el BID el 50% de la población económicamente activa está ocupada en microempresas. En Uruguay representan el 70% de las empresas privadas y emplean aproximadamente un 25% del personal ocupado. Si bien estos emprendimientos actúan en todos los campos de la actividad económica, tienen mayor presencia en los sectores del comercio minorista y de servicios. Fabricación artesanal de productos, venta de artesanías, talleres de costura y tejido, rotiserías familiares, son algunos ejemplos.
Su importancia, tanto en términos de producción como de empleo, determina que un aumento de los flujos financieros hacia ese sector produzca un impacto positivo en la reducción de la pobreza. Una primera herramienta fue el microcrédito. Préstamos de bajo monto, a corto plazo, con menores exigencias que los créditos bancarios, y de rápida aprobación. El microcrédito permitió que micro y pequeños empresarios (y sus familias) superaran el límite de supervivencia y crecieran hasta consolidarse. En nuestro país es ilustrativo el caso de Manos del Uruguay, que comenzó como un movimiento cooperativo de mujeres rurales y fue apoyada en sus inicios por el BID a través de un microproyecto. Recientemente surgieron los microseguros, complementando a los microcréditos. Aprovechan los mismos canales de venta - también las carteras - de los microcréditos, esto es, microfinancieras, cooperativas y cadenas comerciales.
Los microseguros buscan incorporar al seguro a microempresas involucradas en proyectos productivos viables, y a los individuos de bajos recursos, que no tienen posibilidades de acceder a una cobertura "formal" de seguros. Utilizan productos simples que cubren necesidades primarias con mínimas exclusiones, primas bajas, menores exigencias de suscripción y rápida aprobación de los pagos sin mucho "papeleo".
Los microseguros aportan estabilidad.
Evitan que, ante la ocurrencia de ciertos riesgos básicos, los sectores más vulnerables vuelvan a caer debajo de la línea de la pobreza. Además posibilitan que éstos inviertan en actividades productivas más riesgosas, pero de mucho mayor retorno. Estos productos representan un atractivo negocio para las compañías de seguros. Si bien las primas se reducen al mínimo, el volumen garantiza rentabilidad. Además, contribuyen a la penetración de la cultura del seguro, una vieja lucha del sector asegurador, principalmente en los países en desarrollo.
Por su relevancia, el microseguro fue tema central de la última reunión de la Federación Interamericana de Empresas de Seguros (FIDES), realizada en octubre, en Guayaquil. En dicha oportunidad la asamblea de la
FIDES aprobó como proyecto fundamental el desarrollo de los microseguros en América Latina. El Presidente de la FIDES destacó que el microseguro puede permitir a Latinoamérica doblar sus primas en 5 o 6 años.