Poco más de mil días pasaron entre ambas postales.
La primera: aquella tarde de gloria, un martes de noviembre de 2004, en que los presidentes Néstor Kirchner y Hu Jintao sonrieron y firmaron convenios en la Casa Rosada mientras otros -no ellos- difundían planes en estudio para invertir 20.000 millones de dólares en el país. Eran días en que Argentina tenía U$S 1200 millones de superávit en la balanza comercial bilateral, el gobierno fantaseaba con que China fuera la ruta de salida a la deuda que todavía existía con el FMI y el gigante asiático conseguía la bendición nacional para ser reconocido como una economía de mercado.
La segunda: una mañana de viernes de este agosto en la que el mismo Kirchner, ahora acompañado por industriales argentinos, anunció restricciones a las importaciones del gran dragón asiático. Son días en que -por primera vez en siete años- el signo de la balanza bilateral está por cambiar, ya nadie necesita que China cancele ninguna deuda externa argentina ni el gobierno puede ya ofrecer a su contraparte nada equivalente a aquella bendición tan valiosa frente a la Organización Mundial de Comercio (OMC). ¿Y las inversiones? Bien, gracias.
En estos tres años, amplios sectores del gobierno y de la economía argentinos pasaron de percibir a China como el gran socio comercial a sentir que lo que allí se estaba cultivando no era otra cosa que una seria amenaza para el país. Al anunciar las restricciones aduaneras contra las importaciones de neumáticos, calzados, textiles y juguetes -entre otros sectores-, el ministro de Economía, Miguel Peirano, habló de "prácticas desleales".
La resolución, que alcanzó también a otros países asiáticos, fue festejada por los industriales nacionales, pero provocó anteayer la reacción del gobierno chino, que expresó su "grave preocupación" y amenazó con tomar "las medidas necesarias".
Los chispazos encuentran al vínculo sino-argentino en su momento de mayor intensidad. El comercio bilateral creció un 466% entre 2002 y 2006, y transformó a China en el tercer proveedor de la economía vecina y en el cuarto destino de sus exportaciones. En 2006 el intercambio fue de U$S 6.630 millones y este año, sólo en el primer semestre, ese indicador ya rozó los U$S 4.200 millones. Para China, en cambio, la Argentina es el cuarto socio comercial en América Latina, detrás de Brasil, México y Chile.
El problema es que mientras las exportaciones argentinas a China crecieron en los últimos cuatro años un 52%, las ventas chinas al país se incrementaron en un 542%, según un informe de la consultora abeceb.com.
El superávit, que en 2003 trepó a más de U$S 1.800 millones, cayó en la primera mitad de 2007 a menos de 30 millones, según el Indec. Ese período comprende la mayor cantidad de liquidaciones por las exportaciones agrarias, por lo que es de esperar que la segunda mitad de 2007 aparezca un déficit importante para el país vecino. En paralelo, China desplazó a Argentina como principal proveedor de Brasil.
"Este año se acaba el superávit con China y terminaremos en una situación neutral o incluso levemente deficitaria, fundamentalmente por el crecimiento de nuestras importaciones", dijo el ex viceministro de Economía, Jorge Todesca. (la Nación, GDA)