El otro riesgo país

| La inseguridad acecha la región; además de reformas legales, urge reducir la brecha social y mejorar las instituciones

El número de homicidios anuales con armas de fuego en América Latina triplica al promedio mundial. El dato, de un estudio de la Organización Mundial de la Salud, se suma a otros escalofriantes, como el que indica que, pese a tener sólo el 8% de la población mundial, en América Latina se registran tres de cada cuatro secuestros en el mundo.

La criminalidad urbana, los secuestros, los robos con muerte y las pandillas forman parte del paisaje de grandes urbes como Caracas, San Pablo, Ciudad de México, San Salvador y Lima, por citar algunas. Y la peor noticia es que desde los Estados no surgen respuestas. Mientras se suceden reformas que endurecen los códigos penales, los expertos apuntan a resolver otras cuestiones.

Una de ellas es la corrupción y violencia policiales. En los primeros seis meses del año pasado, la policía mató a 328 personas en el estado de So Paulo y a 520 en el estado de Rio de Janeiro, según Human Rights Watch. La otra asignatura pendiente: la altísima desigualdad. Un estudio de la Fundación Mediterránea en Argentina demostró que frente a cada ampliación del 10% en la desigualdad, la tasa de delitos crece 3%.

Avanzar en esas cuestiones estructurales es la única forma para que las políticas de combate a la delincuencia tengan éxito. Algunas están en marcha. La reciente reunión entre los jefes de policía de México, Belice, El Salvador, Guatemala y Honduras, además de autoridades del FBI y del Departamento de Justicia estadounidense, para coordinar políticas de combate a las pandillas criminales de esa región, es un paso adelante.

Colombia, que recibió en lo que va de esta década unos U$S 4.000 millones para respaldar a las fuerzas de seguridad en su lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, asoma como la contracara. Tiene la menor tasa de homicidios de los últimos 20 años, disminuyó de manera vertical las acciones de la guerrilla, creció 5% promedio en los últimos cuatro años y es evidente que el salto está vinculado al mejoramiento de la seguridad.

Lo cierto es que la inseguridad afecta la competitividad de la región. "Es difícil que una empresa deje de enviar a un ejecutivo a la zona por una cuestión de seguridad, pero antes de hacerlo sí define un nivel mínimo de resguardo: vehículo blindado y casa en una zona de riesgo menor", dice Julián Bianchi, director de la consultora Kroll, en México. "Las grandes pueden hacer la inversión, pero eso impone límites a las pequeñas y medianas compañías", advierte. (América Economía)

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